Edificación de la Iglesia

Formar a la nueva generación

Seguimos en nuestra conversación acerca de la formación bíblica con el tema de la importancia de esta formación para la nueva generación de pastores y líderes. 

Para muchos pastores, la idea de capacitar otros líderes es un sueño poco realista. Ya de por sí, es difícil que un pastor encuentre tiempo para su propio estudio bíblico, cuánto más será difícil que tenga tiempo para formar a otros.

Oh, sin duda. Un pastor tiene que hacer malabares con su familia, su trabajo, y sus responsabilidades cpn la iglesia, su propia vida espiritual y descanso. Es fácil leer como pidió Pablo que Timoteo encargara ‘a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros’, pero hacerlo es otra cosa. No solo esto. Pocas iglesias y denominaciones tienen acceso a un seminario, aun si los pastores futuros tienen el dinero para invertir en la matrícula y el tiempo para estudiar. Más, ¿cuál pastor quiere ‘perder’ una persona activa de su iglesia para dejarlo estudiar? Es un desafío grande.

Aparte de estos pastores enfrentando este sueño poco realista, hay otros que quitan la importancia de tal formación bíblica para sus líderes, ¿no? ¿Puede comentar sobre los que enfatizan que es suficiente con tener el llamamiento y la devoción?

Pues, ¿quién puede negar la importancia de estos dos? En el Nuevo Testamento vemos como los doce discípulos y los otros discípulos predicaban el evangelio desde Pentecostés sin tener que aprobar un curso en la homilética. Esto es un papel del Espíritu Santo, ¿no? Además, todos conocemos a pastores y líderes con una fe fuerte sin estudios formales. Tengo la bendición de conocer un evangelista y plantador de iglesias así en el norte del Perú, un siervo muy humilde que carece de una preparación formal. Con razón cuando Pablo le escribió a Timoteo qué cualidades debía tener un líder de la iglesia, nombró el carácter cristiano y la piedad. En la vida de un pastor, y de cualquier cristiano,  el testimonio es lo más importante.

Al mismo tiempo, los discípulos tenían tres años con Jesus, y todavía tenían mucho para aprender como vemos por todo de Hechos. Timoteo pasaba muchos años con Pablo. Apolos tenía un espíritu fervoroso y sabía las escrituras, como lo describe Hechos 18, sin embargo necesitó tiempo con Priscila y Aquila para que le expusiera ‘más exactamente el camino del Señor’. La formación teológica nunca reemplaza el llamamiento y la devoción, pero hay mucha sabiduría en animar que los pastores y líderes futuros para que estudien la Biblia.

Sería el momento perfecto para hablar sobre MOCLAM, ¿no?

Pues, es claro que, hablando como misionero de una organización involucrada en el área de la formación y la educación teológica, sería engañoso fingir otra cosa. Pero puedo dejar este papel a un lado porque lo importante no es que la próxima generación de líderes de la iglesia estudien en MOCLAM, sino que estudien. Punto. No creo que sea una sorpresa para nadie que la pandemia haya resaltado esta necesidad. ¿Cuántos siervos han perdido sus vidas a causa de COVID-19 y sus complicaciones? En algunas denominaciones las pérdidas llegan casi al 10% de los pastores fallecidos ¿no? ¿Quién va a tomar la carga de estas iglesias?

Además, si fingimos que no hubiera una pandemia, tendríamos los desafíos que enfrentan cada iglesia en cada país acerca de la necesidad de formar y capacitar los que van a proclamar el evangelio y predicar la Biblia a la próxima generación con sus desafíos nuevos.

Esto es una declaración grande, pero si me permite objetar con la observación que el mensaje de la Biblia no cambia. 

Ah sí, sería bueno aclarar esto. La Biblia no cambia, por supuesto. Y lo que pide de nosotros es lo mismo. Pero la sociedad sí cambia. Y nuestros pensamientos como una sociedad sobre el mundo. Por ejemplo, podemos imaginar a un pastor que empezó el ministerio en una generación de cristianos preocupados por el dinero entonces cuando piensa en la aplicación del texto bíblico, su perspectiva será mostrar cómo la Biblia desafía estas tendencias. Pues, los años pasan e imaginamos que las próximas generaciones no piensen como sus abuelos, tienen una mentalidad menos enfocada en el dinero. Este pastor sigue predicando la Biblia con fidelidad, pero sus flechas de la aplicación no dan en el blanco, digamos.

Como si fuera la aplicación peruana para una congregación tailandesa, ¿no? 

Exacto. Podemos continuar nuestra escena e imaginar que este pastor también ha invertido en la formación de algunos en su iglesia. Ellos van a estar alerta a estos cambios, especialmente si han aprovechado de la disciplina de estudios formales en la Biblia y de ser discipulado por el pastor. Además, van a poder reconocer el pecado en la mentalidad que la nueva generación. A primera vista, es una generación de cristianos menos obsesivos con el dinero, pero quizás tiene poco interés en las misiones, o algo así.

Aparte de este desafío entre las generaciones,  la constitución de nuestras congregaciones manda que seamos intencionados con la próxima generación de pastores. Más que en el pasado, actualmente vivimos en un país en el que los hermanos y las hermanas en nuestras iglesias – y los visitantes también – tienen un rango de experiencias en cuanto a  educación y trabajo. Estos cambios traen desafíos distintos para los pastores porque ya hay contraargumentos a las repuestas que satisfacían la última generación. Creo que estamos de acuerdo que un futuro pastor necesita ahora de empezar a pensar rigurosamente sobre la Biblia para que pueda aplicar la Biblia con sabiduria y inteligencia en su ministerio futuro.

Y no solo los futuros pastores. La próxima generación necesita líderes de ministerios de varones y mujeres y jóvenes, profesores de la escuelita dominical. Todos necesitan saber cómo usar la Biblia entonces todos pueden aprovechar la formación teológica.

Antes mencionamos que son muchas las dificultades que tiene que enfrentar un pastor para formar a otros, pero creo que esas dificultades son menos graves que las que traería para la iglesia del Perú la falta de una nueva generación bien capacitada. La inversión vale la pena.

En el último artículo del próximo mes, vamos a hablar más sobre algunos opciones para la formación bíblica, especialmente sobre MOCLAM

Puede ver los demás artículos de este entrevista desde estos enlaces:

 

Edificación de la Iglesia

Como estudiar en MOCLAM

En los últimos meses hemos conversado sobre la importancia de la formación bíblica para pastores. En esta conversación, hablamos de los cursos de MOCLAM.

Hermano Nicolas, su deseo de animar pastores y líderes para que hagan estudios bíblicos es parte de su  papel como director de MOCLAM en Perú. ¿Es posible explicarnos más sobre MOCLAM? 

Sí, debo hablar en mi calidad oficial, ¿no? MOCLAM es una serie de 18 cursos de estudios bíblicos cortos y muy económicos. Hay panoramas de toda la Biblia, de libros enteros como el curso Nuevo Testamento 1 que explora todo el evangelio de Marcos. También de grupos de libros, como Antiguo Testamento 1 que examina todo el Pentateuco. Hay una pizca de cursos de doctrina y historia también. Los 70 soles que cuesta cada curso incluye inscripción, los materiales en formato PDF, y la evaluación del examen y el ensayo. Nuestro enfoque está en el texto bíblico y la meta es que los que estudian con nosotros (tenemos estudiantes en casi todo latinoamérica) tengan un conocimiento mejor de esto al fin de cada curso.

¿Y el nombre? ¿Que significa ‘MOCLAM’?

Estos cursos fueron desarrollados por un seminario en Australia que se llama Moore College para predicadores laicos en la iglesias. Hace 20 años algunos misioneros acá vieron como algunos pastores y líderes no podían asistir a el semanario por el dinero o el tiempo, entonces tradujeron los cursos para satisfacer esta necesidad. Queremos apoyar a los pastores que tienen ganas de cavar más profundamente en la Palabra de Dios.

La palabra ‘MOCLAM’ es una versión breve de la frase Moore College en Latino América. Sí, es un título un poco complicado, pero después de 20 años de historia en muchos países es un nombre que tiene la reputación de ofrecer cursos bien cristocentricos. En nuestra página web hay resúmenes de todos los cursos.

Y este enfoque en la Biblia es la base de nuestra colaboración con el Desarrollo Cristiano. Como todos saben, Desarrollo Cristiano tiene casi 40 años apoyando y capacitando a los pastores peruanos de todo el país. Hace algunos años nos dimos cuenta que tenemos la misma visión de animar que los pastores y líderes se dediquen a los estudios bíblicos profundos y sistemáticos como esencial a sus papeles, entonces decidimos colaborar. Y es una gran bendición poder apoyar al ministerio excelente de Desarrollo Cristiano.

En algunas conversaciones anteriores, habló de los recursos para estudios bíblicos que no son de MOCLAM.  ¿Es posible recomendar más de estos?

Con mucho gusto. Ya recomendé el Curso de Formación Teológica Evangelio por Francisco Lacueva. Si un pastor quiere una serie de libros un poco más sustanciosa, hay la serie se llama CTC, la Coleccion Teologica Contemporanea. Ejemplos de estos son Monoteísmo y Cristología en el Nuevo Testamento por Richard Baukham, o Jesús Es el Cristo: Estudios Sobre la Teología de Juan, por Leon Morris. Más que leer un libro solo, tener una dieta regular de una serie que se enfoque en el texto bíblico resulta en mucha profundidad. Aunque los cursos de ETE,  son excelentes también, especialmente para los que quieren formar una fuerte base inicial en el texto bíblico.

Y para los que están interesados en MOCLAM, ¿cómo pueden estudiar?

Como dije, hay más información en nuestra página web, y un video también.

Hay varias opciones. Durante el año tenemos cursos online con clases una vez cada semana. La inscripción y pago es todo online y es fácil y rápido. Publicamos estos cursos en nuestro Facebook. Si nos siguen allá pueden recibir estas noticias. Aparte de este nivel individual, también trabajamos con grupos de pastores, organizaciones e iglesias para ayudarles a tener los cursos. Queremos colaborar con grupos e iglesias que quieren formar una cultura en su iglesia o organización de estudios bíblicos profundos. No solo en Lima sino en todo el Perú. Sobre todo, me gustaría animarles a tener una conversación conmigo, quizás estudiar un curso online para probar cómo son, y luego pensar en formar un grupo.

Si es con MOCLAM, o ETE, o con una serie de libros, lo más importante es que los pastores y líderes estudien la Biblia de una manera sistemática. La profundidad del conocimiento de la Biblia de una iglesia nunca es superior a la del pastor.  Si queremos iglesias con raíces profundas en el conocimiento de las Escrituras, de tal forma que corran la carrera con fidelidad, entonces debemos empezar con el pastor.

Con esto terminamos nuestra entrevista con Nicolas Davies.

Puede revisar las secciones anteriores de esta entrevista desde estos enlaces:

Ministerio pastoral

7 maneras en que los pastores pueden ayudar a integrar la fe y el trabajo

Por: Walter R. Strickland II y Benjamin T. Quinn
Fuente: Coalición por el Evangelio

Los líderes de la iglesia juegan un papel importante en ayudar a los cristianos a comprender su papel como ministros en la administración de Dios sobre todas las cosas.

Estas son siete sugerencias sobre cómo los pastores podrían considerar su rol pastoral en relación a los trabajadores en la congregación.

1. Reconsidera “equipar a los santos”

Cada miembro es un ministro (Ef 4:11-12). Tienen dones para los negocios, la educación, el liderazgo, la carpintería, el arte, las tareas domésticas, entre otras; todas las áreas que caen dentro del ámbito del reino de Cristo y que necesitan de santos dotados que pongan en práctica las formas del Rey. ¿Debe el pastor convertirse en un experto en las vocaciones de sus miembros? No, pero él podría considerar “equipar a los santos” teniendo en mente el cubículo del lunes, no solo el grupo pequeño del lunes por la noche.

2. Incluye a todos los creyentes en la lista ministerial

En su carta a los Corintios, Pablo enfatiza que cada miembro es un ministro en el cuerpo de Cristo (2 Co 5:18). Sin embargo, en muchas iglesias todavía hay una brecha entre el púlpito y las sillas. Esta división puede y debe reducirse recordando a todos los santos su papel como ministros cristianos en sus lugares de trabajo.

Esto significa que la naturaleza sagrada del domingo se extiende de lunes a sábado, dando forma a cada hora del día, cada lugar y actividad. Celebramos el trabajo como algo intrínsecamente bueno y significativo, no simplemente como un medio de evangelización y misiones. Compartir a Cristo con los compañeros de trabajo es fundamental, pero también debemos apreciar la excelencia cristiana, la mayordomía y la fidelidad en las responsabilidades vocacionales del creyente.

3. Enfatiza la excelencia en el trabajo

Considera este pensamiento de Dorothy Sayers en Why Work? (¿Por qué trabajar?):

“De la carpintería de Nazaret nunca salió, me atrevo a jurar, patas de mesa torcidas o cajones mal ajustados. Tampoco, si es que hubiera pasado, alguien creería que fueron hechos por las mismas manos que hicieron el cielo y la tierra. Ninguna piedad del trabajador compensará el trabajo que no es fiel a sí mismo, porque cualquier trabajo que no sea fiel a su propia técnica es una mentira viviente”.

4. Visita a tus miembros en su trabajo

¿Qué puede indicar tanto respeto y aprecio por el trabajo de un miembro como una visita pastoral a la misma aula, concesionario, almacén o a la granja? Los pastores están mucho mejor equipados para ofrecer palabras de sabiduría en circunstancias complicadas cuando conocen los lugares de trabajo de sus miembros. Considera la posibilidad de incluir tiempo en tu horario semanal para visitar un lugar de trabajo por semana y conocer el trabajo y el ministerio de tus santos.

5. Mira el gran sistema administrativo de Dios

Si es cierto que los santos, que no son pastores, están en el ministerio, y si es cierto que Cristo creó todas las cosas y tiene autoridad sobre todas las cosas, ¿cómo están participando en la misión de Dios las diferentes vocaciones representadas en nuestra congregación? ¿Cómo promueve cada trabajo todas las cosas buenas, verdaderas, hermosas, justas, correctas y sabias, tanto espiritual como físicamente? Hacer y responder estas preguntas revela el significado y el valor intrínseco de las vocaciones. ¡Qué servicio ofrecemos a nuestros hermanos en la fe cuando les ayudamos a ver por qué su trabajo es importante!

6. Ora por los santos en todas las vocaciones

Las iglesias a menudo oran por los misioneros y los plantadores de iglesias cuando son enviados a servir a otras personas y lugares. Pero, ¿por qué rara vez oramos por el resto de ministros de la congregación? No estamos sugiriendo que las iglesias suspendan la oración pública por pastores y misioneros, sino que simplemente incluyan la oración por mecánicos, carteros, oficiales de policía, bomberos, artistas, políticos y educadores mientras ellos también cumplen con sus deberes ministeriales. Mientras una iglesia en Carolina del Norte oraba recientemente por los maestros de las escuelas públicas, las lágrimas llenaron los ojos de varios hombres y mujeres fieles que se preparaban para regresar a sus ministerios en el aula.

7. Ayude a las personas a hacer conexiones

Existen docenas de buenos libros, sitios web y centros para promover la integración de la fe y el trabajo. Pero no nos detengamos con recomendaciones. Considera cómo infundir estas discusiones en la vida de tu iglesia a través de la escuela dominical, grupos pequeños, aplicaciones de sermones y misiones.

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Equipo Coalición.

Sobre los autores

Walter R. Strickland II es vicepresidente asociado para las iniciativas de diversidad para el reino y profesor asistente de Teología Sistemática y Teología Contextual en el Southeastern Baptist Theological Seminary en Carolina del Norte.

Benjamin T. Quinn enseña en el Southeastern Baptist Theological Seminary y en The College at Southeastern. Recibió su PhD en Teología de la Universidad de Bristol en el Reino Unido y vive con su esposa y cuatro hijos en Carolina del Norte. Él también sirve como director académico del BibleMesh Institute y es el pastor senior de la iglesia Holly Grove Baptist Church. Es el autor de Walking in God’s Kingdom (Caminando en el reino de Dios) y Theology of Wisdom (Teología de sabiduría) los cuales serán publicados en el 2021.

Autoayuda

El privilegio de dar

Fuente: Desarrollo Cristiano Internacional

Mateo 8:1-4

Quizás ningún elemento delata tan fielmente el grado de nuestro compromiso con Cristo como nuestra relación con el dinero. Muchos cristianos fieles revelan un verdadero desconocimiento de cómo se administran los bienes cuando uno está integrado en el reino de los cielos. Aunque acostumbramos exhortar a la gente de nuestra congregación con el texto «Dios ama al dador alegre», sacado de este capítulo, ignoramos las dinámicas que están en juego en la ofrenda que nace de una acción del Espíritu en nuestros corazones.

El texto de hoy nos da una buena orientación con respecto al tema. En primer lugar, es bueno que tomemos nota de que Pablo declara que lo que ocurrió en la iglesia de Macedonia es por la gracia de Dios. Es importante resaltar esta verdad porque el ofrendar no es algo natural ni normal en los seres humanos. Al contrario, el hombre natural solamente piensa en sus propias necesidades. Aún después de que Cristo ha quebrado esa tendencia en nosotros necesitamos de abundante gracia para poder abrir el corazón y la billetera, para empezar a actuar con generosidad hacia los demás.Nadie tuvo que rogarles a ellos que ofrendaran. Más bien, ellos sentían que se iban a perder de una gran bendición si no lo hacían. En segundo lugar usted observará que la iglesia de Macedonia, que es presentada como un modelo de generosidad en el Nuevo Testamento, estaba atravesando un tiempo de profundas tribulaciones. Es probable que esto fuera resultado de las persecuciones que la iglesia naciente sufría, cada vez con mayor violencia, a lo largo y a lo ancho del imperio. De todos modos lo que vale la pena notar aquí es que las aflicciones no lograron desviar a la congregación de su cometido. Quienes hemos pasado por profundas angustias sabemos cuán fácil es tornarse, en estas circunstancias, completamente ciego a las necesidades de los demás.

En tercer lugar vemos que ofrendaron en medio de una situación de «profunda pobreza». Es en este punto que más notamos la diferencia con nuestras propias tendencias, pues cuando estamos pasando penurias económicas una de las primeras cosas que sacrificamos es nuestra ofrenda. Los Macedonios entendían que la mejor manera de combatir la amargura y el desazón que acompañan a la pobreza era con un espíritu de absoluta liberalidad. De este modo se aseguraron que el dinero no era lo que controlaba su felicidad ni lo que les proporcionaba seguridad en la vida.

Por último, note que le «rogaron a Pablo les conceda el privilegio de ofrendar». ¡Qué tremenda actitud! Nadie tuvo que rogarles a ellos que ofrendaran. Más bien, ellos sentían que se iban a perder de una gran bendición si no lo hacían. Esto sí que es una convicción nacida del Espíritu, pues siempre luchamos con la idea de que dar es perder. Ellos sabían que la ofrenda era un medio de gran ganancia.

Para pensar: 
«Hay quienes reparten y les es añadido más, y hay quienes retienen más de lo justo y acaban en la miseria.» Proverbios 11.24

 

Autor: Christopher Shaw. Producido y editado por Desarrollo Cristiano Internacional para DesarrolloCristiano.com. Copyright ©2003-2009 por Desarrollo Cristiano, todos los derechos reservados.

Ministerio pastoral

Pastor: qué hacer cuando un miembro se va de tu iglesia

Por: Bryan Pain
Fuente: Coalición por el Evangelio

Los pastores abrazan el llamado a plantar una nueva iglesia con alegría y entusiasmo por todo lo que Dios puede y hará en esa nueva temporada de ministerio. De hecho, muchos pastores tienen sueños y visiones para la iglesia: crecimiento exponencial, membresía como la de Cristo, amistades, alegría para su familia, y años de fructífero servicio. Pero, ¿qué haces cuando la realidad no coincide con tus expectativas? ¿Qué haces cuando las personas con las que has compartido la vida (personas a las que has llegado a amar sirviendo con ellos y junto a ellos) abandonan la iglesia? ¿Cómo respondes cuando la iglesia comienza a reducir su asistencia en lugar de crecer?

Estas temporadas de decadencia pueden convertirse en tiempos de duda: ¿puedo realmente dirigir la iglesia? ¿Me ha abandonado Dios? ¿Es todo culpa mía? A través de veinte años de ministerio pastoral, y después de haber atravesado temporadas de crecimiento y declive, ofrezco humildemente seis consejos a considerar cuando veas miembros que se van de la iglesia.

1) Ora. Ora por las familias que se van y ora por los que se quedan. En muchas congregaciones, los miembros han adorado juntos durante décadas. La realidad es que cuando una familia se va y otra se queda, el dolor y los sentimientos de separación son similares a un divorcio. Esta es una temporada en la que tu vida de oración es vital para tu salud y la salud de la congregación (ve la consideración seis).

2) Pregunta. Cuando sepas que una familia se va (o descubres que se ha ido), programa una hora para sentarte con ellos y preguntar por qué. No uses este tiempo para discutir tu posición o tratar de recuperarlos. Más bien, pregunta por qué para que puedas saber mejor cómo ministrar a los que se quedan. No siempre te gustará la respuesta. Puede que no veas como válidas las razones. Lo más probable es que no estés de acuerdo con que irse es una solución. Y sin embargo, al escuchar la respuesta puedes sentirte humilde y tener los ojos abiertos a los errores que has cometido. Incluso cuando no estás de acuerdo con la decisión de irse, puede haber un núcleo de verdad en su razonamiento que te lleve a la confesión y arrepentimiento ante el Señor. Esto me lleva a un tercer consejo…

3) Evalúa. A menudo las familias se van porque la iglesia ha hecho “cambios”. El cambio es como una maldición en muchas iglesias. Estos cambios pueden ser estilísticos con respecto al culto, o estructurales con respecto al edificio, o personal con respecto al personal o liderazgo laico. Cuando las personas se van debido a un cambio, es un buen momento para evaluar si has comunicado los cambios claramente y has expresado razones significativas para los cambios. Un cambio significativo puede ocurrir en la iglesia cuando hay una comprensión clara del “por qué” para el cambio.

4) Habla. Pasa tiempo reuniéndote y hablando con los miembros sobre por qué la gente se va. Hazles saber a tus miembros que te preocupas por este problema y que es doloroso para ti. Expresa tu amor por aquellos que se fueron, por la iglesia, y por aquellos que están sufriendo por la pérdida de la membresía. Al reconocer el problema de las personas que se van, los miembros de la congregación sabrán que tú estás al tanto del problema y que te importa. Tu silencio aquí puede comunicar que no te importa o que no lo sabes.

5) Muestra atención. En temporadas de decadencia, enfócate en el evangelio y su proclamación. Recuérdate a ti mismo y a los miembros de la iglesia que Dios es fiel y que Jesús edificará su iglesia. Concentra tu atención y llama la atención de la iglesia a aquellos lugares donde Dios está trabajando (nuevos miembros, testimonios de victoria, transformación en la vida de los miembros, etc.) y celebra esas realidades.

6) Renueva. Cuando atravieses una temporada difícil de ministerio, recuerda el llamado de Dios. Pídele a Dios que renueve y restaure el gozo de su salvación y su llamado al ministerio. Pasa más tiempo en su Palabra y en oración, sabiendo que necesitas estar lleno espiritualmente para derramarte en una congregación que está sufriendo.

El pastor sigue predicando la Palabra de Dios y llamando a su congregación a una rendición más profunda y un compromiso renovado con el Señor. Oro para que Dios use esta temporada de declive para llevarte a una rendición más profunda y un compromiso renovado también.


Publicado originalmente en For the Church. Traducido por Equipo Coalición.

Sobre el Autor...

Bryan Pain es el pastor principal de la Primera Iglesia Bautista en Duncan, OK. Ha estado en el ministerio pastoral durante veintiún años. Ha estado casado con su esposa, Shonda, durante veinticinco años. Tienen tres hijos: Raylee (19), Morgan (17) e Isaac (13). Él tiene un M.Div. de SWBTS (2001) y un D.Min de SBTS (2010). Actualmente es Doctor en Teología Histórica. estudiante en MBTS y también sirve como Secretario de la Junta de Síndicos en MBTS.

Matrimonio

¡A trabajar!

Fuente: Desarrollo Cristiano Internacional

La comunión exige comunicación; cuando esta falta, se originan situaciones deplorables en más del 50% de las parejas.

Todas las parejas experimentan conflictos y desacuerdos en su relación. Los problemas son parte de la vida. El ideal en la relación matrimonial no es vivir sin conflictos, sino saber cómo enfrentarlos e, incluso, utilizarlos convenientemente para el crecimiento de ambos. Para lograrlo se requiere una correcta comunicación, y la comunicación sin reservas debe practicarse con perseverancia. Para lograr esto, recomendamos:

  • No rehúses abordar los temas de fricción o controversia; pero para ello controla los sentimientos de modo positivo.
  • Encuentra el momento oportuno para conversar. Recuerda que los dos deben lograr el acuerdo.
  • Ataca el problema, no a la persona.
  • Intenta siempre mejorar tu propia actitud, pero no intentes cambiar la de la otra persona.
  • Evita el uso de palabras cargadas de emociones como: «en realidad no me amas», «siempre haces tal o cual cosa», «nada haces bien», «qué me importa», «nunca dices algo con sentido». Y cuídate mucho de herir con frases como: «eres una estúpida», «eres un tonto», «¿estás sordo?».
  • Responsabilízate de tus propias opiniones, palabras, acciones y reacciones. No eches la culpa a tu pareja de lo que haces o dices.
  • Evita retomar temas de discusiones pasadas.
  • Enfrenta un problema a la vez y, luego, encara el siguiente.
  • Ocúpate del presente y no del pasado, a no ser que te ayude a resolver el problema actual; de otro modo, lo único que lograrás será reflotar puntos de desacuerdos.
  • Expresa tus pensamientos y preocupaciones. Escucha, comprende y responde con amabilidad.
  • Suaviza el comienzo de una discusión. Separa un tiempo especial del día o de la noche, cuando todos se han ido a dormir. Nunca lo trates por teléfono o mail.
  • Esfuérzate en comprender con el mismo ahínco con el que solicitas ser comprendido.
  • Nunca resuelvas conflictos en público ni reveles cosas privadas a cualquiera.
  • No mezcles a terceras personas. Una discusión entre dos, exclusivamente, es más fácil de terminar que si toma parte en ella todo el pueblo o toda la familia.
  • No mezcles temas. Algunas personas aprovechan un momento de tensión para descargar rencores secretos.
  • Perdona y olvida el pasado, no trates de resucitar muertos.
  • Acepta la posibilidad de que estés equivocado. Muestra disposición a reconocer tus propios errores.
  • Comienza y termina el tema de discusión con una oración. Dios siempre está presente. Compórtate de una manera que lo honre.

Desafío para el mes

Reflexiona junto a tu cónyuge en la siguiente cita:

La comunicación es más que el deseo de hablar y escuchar; debe incluir la disposición de lograr objetivos y metas comunes. En el matrimonio debemos buscar palabras positivas, abundantes, personales y amorosas. Positivas, porque siempre voy a hablar bien de la persona que amo, en su presencia o ausencia. Abundantes, porque voy a esforzarme en reconocerla con palabras, con miradas y con gestos. Personales, porque existe un código de comunicación en cada pareja que debe pertenecer solo a ellos. Un cruce de miradas, un gesto con una mano, un movimiento de pie. Amorosas, porque estas palabras deben partir de un corazón respetuoso, honesto, fiel y perdonador, pues la ira, el enfado, el enojo y el dolor, deben dar paso a la reconciliación y al perdón (Sixto Porras).

Nuestro anhelo es que pueda vivir estos consejos en esta semana y que su familia sea mucho más feliz por ello.

 

Silvia es médica, especializada en sexualidad humana. José Luis es abogado. Son autores de numerosos libros, conferencistas internacionales y directores del sitio placeresperfectos.com.ar (consultas@placeresperfectos.com.ar). Juntos, pastorean la Iglesia «De la Ciudad», en Resistencia, provincia de Chaco, Argentina.

Todos los derechos reservados. Se publica con permiso de los autores.

Devocionales

Nuestra perspectiva

Fuente: Desarrollo Cristiano Internacional

Miqueas 12:22-37

El pasaje de hoy se nos presenta con esta escena: «Entonces le llevaron un endemoniado, ciego y mudo; y lo sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba. Toda la gente estaba atónita y decía: “¿Será este aquel Hijo de David?” Pero los fariseos, al oírlo, decían: “Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios.Las cosas rara vez son como creemos que son y la Palabra está repleta de ilustraciones al respecto. No se nos provee de ningún detalle acerca de esta extraordinaria sanidad, pero vale la pena detenerse a meditar en ella por un momento. La multitud le trajo una persona endemoniada, que estaba ciego y mudo. Imagine el terrible cuadro que presentaba esta persona. No hablaba ni veía, mas daba evidencias de las más extraordinarias manifestaciones diabólicas. ¡Qué cuadro tan patético!

El evangelio solamente nos dice que Jesús intervino para sanarlo, produciendo en la persona una dramática transformación. La gente no salía del asombro, aunque habían sido testigos de un sin fin de señales, milagros y prodigios. Atónitos, algunos comenzaron a preguntar si no era este el Mesías que tanto tiempo había esperado Israel. Las obras que veían hablaban de una extraordinaria investidura de poder sobre su vida. Los fariseos vieron la misma manifestación de poder. No obstante, su perspectiva no les permitía aceptar, bajo ningún concepto, que esto fuera un mover de Dios. Ellos eran, después de todo, los expertos en explicar y definir cómo se manifestaba la genuina espiritualidad. Jesús definitivamente no encuadraba dentro de estos parámetros.

La escena nos muestra que la diferencia no está en las circunstancias, sino en los ojos que las contemplan. Ambos grupos vieron el mismo suceso, pero arribaron a conclusiones diametralmente opuestas. Esto debe ser, para nosotros, una seria advertencia. Nuestra actitud tiene un peso decisivo a la hora de analizar el mundo a nuestro alrededor. Para quienes ya decidieron en sus corazones que nada bueno puede darse en determinada situación, simplemente queda proveer la explicación necesaria para justificar la postura.

Cuanto más sencillo resulta la vida cuando partimos de la base de que nuestra perspectiva está seriamente distorsionada por nuestro entorno. No vemos las cosas como son, sino como queremos verlas. Es bueno estar muñido de una desconfianza «santa» de toda conclusión categórica que podamos efectuar. Las cosas rara vez son como creemos que son y la Palabra está repleta de ilustraciones al respecto.

Cristo utiliza la acusación como trampolín para proveer una importante enseñanza. Lea los versículos 25 al 27.

 

Producido y editado por Desarrollo Cristiano para www.DesarrolloCristiano.com. © Copyright 2010, todos los derechos reservados.

Predicación

El Rincón del Predicador: Cinco excusas frente al llamado

Fuente: Desarrollo Cristiano Internacional

Bosquejo de sermón

Compartido por: Marco Vega, pastor de Vida Abundante del Sur, San José, Costa Rica

Texto bíblico: Éxodo 3 y 4

Contexto

Moisés llevaba cuarenta años viviendo en el desierto. La vida de lujo y privilegios disfrutada en Egipto había quedado en el olvido. Ahora no era más que un simple pastor nómade, sin ambiciones ni sueños. No obstante, el Señor lo había seleccionado para que cumpliera una delicada tarea: volver a Egipto para que pidiera al hombre más poderoso de la tierra, el faraón, que dejara volver al pueblo de Israel a su tierra de origen. Para comunicarle este mensaje el Señor se le apareció en una zarza que ardía sin consumirse.

 

Introducción

Vivimos en el mundo de las excusas. Una excusa por lo general esconde una verdad que no queremos afrontar. De las cinco palabras que utiliza el Nuevo Testamento para referirse al pecado, la que más me llama la atención es «hamartía». Significa: fallar en ser lo que nos habría sido posible y teníamos la capacidad de ser. En la Biblia y la historia de la Iglesia encontramos decenas de ejemplos del llamado de Dios. Del mismo modo abundan las excusas que los llamados presentaron para negarse al pedido del Señor. En este sentido, Moisés no representa una excepción a lo que, por regla general, ha sido la respuesta más típica del ser humano.

 

  1. Un llamado radical (Éxodo 2.2–9)

El llamado de Dios puede relacionarse con algunos de nuestros hechos del pasado y que, quizás, revela que él ha inquietado nuestro corazón desde hace tiempo. Moisés había intentado, con herramientas humanas, hacer justicia por un solo judío. Ahora, el Señor lo llamaba a liberar a todo un pueblo. Para lograrlo deberá renunciar a la vida cómoda y predecible que lleva en el desierto, y a su entendimiento de lo que le falta para emprender semejante tarea; para esto, deberá sumarse a la forma que tiene el Señor de llevar a cabo sus obras. Esta renuncia es esencial para responder al llamado, pues el Señor dirige solamente a aquellos que han dejado todo atrás.

 

  1. La excusa de la insignificancia (Éxodo 3.11)

«Pero Moisés le dijo a Dios:

—¿Y quién soy yo para presentarme ante el faraón y sacar de Egipto a los israelitas?»

La respuesta instintiva del que recibe el llamado es a mirar lo que él es, para ver si está a la altura de la tarea que se le demanda. En la mayoría de los casos de la Biblia las debilidades y los fracasos de la persona relucían de tal manera que se veían como poco aptos para la misión. Aunque Moisés había pasado cuarenta años en el desierto, aún carecía de claridad sobre su identidad en Dios. En Egipto había creído que poseía sobradas aptitudes para liberar a sus hermanos. Ahora, había perdido la confianza, en parte porque había convertido el desierto, el medio para su transformación, en el fin de su existencia. Ya no le apetecía una vida de desafíos y sobresaltos.

El apóstol Pablo afirma, en 1 Corintios, que el Señor escoge lo vil y despreciado del mundo para glorificar su nombre. Es por esto que los Doce con frecuencia despertaban el desprecio de los líderes religiosos de su época, porque eran hombres sin letras ni formación.

La respuesta de Dios (Ex 3.12) revela que no es la aptitud del enviado lo que importa, sino la compañía del que envía.

 

  1. La excusa de la incredulidad (Éxodo 3.13)

«—Supongamos que me presento ante los israelitas y les digo: “El Dios de sus antepasados me ha enviado a ustedes.” ¿Qué les respondo si me preguntan: “¿Y cómo se llama?”»

En la primera excusa duda de su propia identidad. Ahora, duda de la de Dios; y no me extrañaría que tal carencia de claridad proviniera de su falta de comunión íntima con el Señor. Quien ha conocido a Dios en la intimidad de la comunión —porque Dios es todo para esa persona— no duda del poder y la majestad del Señor cuando él lo llama. No obstante, Moisés entendía que esta falta de conocimiento constituía un verdadero obstáculo para su misión, porque nadie puede representar a una persona que no conoce.

La respuesta de Dios está contenida en Éxodo 3.14–18. El Señor no solo revela que existe una dimensión eterna y que esta impone un límite al alcance de nuestro conocimiento de él, sino que también muestra que lo irá conociendo en la medida que caminen juntos. Le anticipa que la victoria que le concederá aunque exija trabajo, porque el faraón no querrá soltar al pueblo. La victoria, sin embargo, ya se la ha concedido. Los procesos por los que alcanzará esa victoria son apenas un detalle de la historia.

 

  1. La excusa del rechazo (Éxodo 4.1).

«—¿Y qué hago si no me creen ni me hacen caso? ¿Qué hago si me dicen: “El Señor no se te ha aparecido”?»

Moisés no ha olvidado que, en su primer intento por ayudar a los judíos, estos le dieron la espalda. Conoce el corazón de sus hermanos y no duda de que ahora ocurrirá lo mismo. ¿Cuál es el sentido de embarcarse en una misión que no dará resultados? Pareciera que Moisés no ha registrado que Dios le ha garantizado un desenlace exitoso para la misión. Las dudas que asaltan nuestra fe por lo general las motiva precisamente este error: la incapacidad de atesorar lo que Dios ha hablado a sus hijos.

La respuesta de Dios en 4.2–9 le permite a Moisés echar mano de algunas herramientas que le darán un mayor respaldo frente al pueblo. Un líder no debe olvidar nunca, sin embargo, que la mayor autoridad en su vida procede de la intensidad de su comunión con Dios. Tiempo más adelante, cuando Moisés descendía del monte, los israelitas se llenaron de pavor porque su rostro resplandecía por haber estado en la presencia del Altísimo (Éx 33.11).

 

  1. La excusa de la incapacidad (Éxodo 4.10).

«—Señor, yo nunca me he distinguido por mi facilidad de palabra—».

Pareciera que Moisés ignorara que habla con alguien que sí lo conoce. Se siente en la obligación de explicarle que sufre una discapacidad a la hora de hablar, como si este detalle se le hubiera escapado al Señor. La historia del pueblo de Dios abunda en personas carentes de la capacidad de llevar adelante la tarea a la que se les ha llamado. Sin duda, Moisés conocía la obra extraordinaria del Señor en Abraham y Sarah, cuya esterilidad les impedía concebir hijos. También sabría de las experiencias de Jacob y José, que arribaron a lugares de autoridad por los caminos más extraños.

La respuesta de Dios (Éx 3.11) ubica a Moisés frente al creador de todo, como lo es también de su boca, su lengua, su paladar. El Señor, soberano sobre todas las cosas, también decide mostrar su gloria a través de un hombre que no es elocuente a la hora de hablar.

 

  1. La excusa de la lógica (Éx 4.13)

«—Señor —insistió Moisés—, te ruego que envíes a alguna otra persona».

Cuando Moisés acaba de enumerar sus propias dudas sale a la luz el verdadero problema: sencillamente no quiere ir. No quiere dejar el lugar ni la vida donde está. Todas sus excusas no eran más que una cortina para «esconder» esta realidad que no quería afrontar.  Su último pretexto se basa en la lógica y la razón. «La verdad, ¡hay gente mejor que yo, más santa, más preparada, más capacitada, menos pecadora, con más fe, con más experiencia!» El Señor, sin embargo, no escoge según nuestros criterios de quién es apropiado, sino los de él. En el fondo, es precisamente la debilidad del siervo la que permite que el poder de Dios se manifieste en toda su gloria.

Con su respuesta Dios (Éx 4.14) deja en claro que su paciencia tiene un límite. Nuestras interminables excusas pueden encender su ira.

Conclusión

La voluntad de Dios prevaleció y Moisés terminó representando los intereses del Creador del universo ante el faraón. Recorrió un camino con muchas luchas, pero fue testigo de una de las más asombrosas victorias operadas por el Señor en favor de su pueblo. Al final, porque se animó a creer al Señor, se convirtió en uno de los profetas más distinguidos de la historia de Israel.

Reflexionando en Semana Santa

¿En qué se parece el domingo de ramos al evangelio de la prosperidad?

Por: Nathan Díaz
Fuente: Coalición por el Evangelio

Al comienzo de esta Semana Santa, estuve meditando sobre los eventos que sucedieron cada día de la última semana del ministerio de Jesús, con la ayuda del libro “The Final Days of Jesus” de Andreas Köstenberger y Justin Taylor. En este ejercicio, traté de imaginarme lo que pensó Jesús cuando todas las multitudes gritaban: “¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!  ¡Hosanna en las alturas!” (Mt. 21:9). Él sabía exactamente lo que estarían gritando unos días después: “¡Sea crucificado!” (Mt. 27:22-23). Sé que Jesús entendía perfectamente que el entusiasmo era superficial y pasajero. Lo sé porque a pesar de la aparente lealtad y del aparente amor que existía en la gente por Jesús, Él se lamentó por Jerusalén, profetizando los eventos de su propio juicio ante Pilato (“matan a los profetas”), y profetizando la próxima vez que se escucharían las palabras “Bendito el que viene en el nombre del Señor” (Mt. 23:37-39): su segunda venida. ¿Qué hacía que la gente siguiera a Jesús de una manera tan fiel en su entrada triunfal a Jerusalén? La respuesta es sencilla. Ellos pensaban que Jesús les daría algo que ellos querían: la liberación del imperio romano. Aclamaban a un Jesús que solucionaría sus problemas sociales: la opresión y los impuestos. Un Jesús que apoyara su orgullo nacionalista. El pueblo pensaba que este era el comienzo de su prosperidad. Ellos no entendían el verdadero propósito del ministerio de Jesús (Jn. 12:34-36). Cuando lo vieron humillado, a punto de ser condenado como criminal y en ninguna manera como un Mesías libertador y revolucionario, le dieron la espalda. Ya no tenía nada que ofrecerles. ¿O sí?

Bendito si me bendice

Hoy en día encontramos iglesias “cristianas” en toda Latinoamérica. Muchas organizan eventos “de bendición”, en los que logran convocar a las multitudes. Multitudes que gritarán: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!” Pero, ¿qué es lo que provoca esta aparente lealtad a la persona de Cristo? La promesa de un milagro. “Ven, y todos tus problemas se solucionarán. ¿Estás enfermo? Jesús te sanará. ¿No tienes dinero? Jesús te hará rico. ¿Tienes problemas familiares? Cristo restaura relaciones”. No estoy diciendo que Dios no puede hacer estas cosas. Definitivamente Él es capaz de hacer más allá de lo que podemos imaginar. Lo que sí estoy diciendo es que esa no es la razón principal por la que Cristo vino. Y si vas a usar esas promesas para traer a la gente a tu iglesia, más vale que puedas mantener el estado de tu congregación en prosperidad y comodidad constantes, porque en el momento que se den cuenta de que el Jesús que ellos proclamaban no está cumpliendo con sus expectativas, gritarán “¡Crucifícalo!”. Alguna vez leí un artículo sobre el “show” que muchas iglesias tienen que hacer para atraer a la gente a sus servicios. El autor decía que lo que hagas para traer a la gente a tu iglesia, es lo que tendrás que hacer para mantenerlos en la iglesia. Y creo que es lo mismo que pasa en muchas iglesias donde los milagros y la prosperidad son los temas centrales, no el evangelio. La gente seguirá asistiendo mientras Jesús siga cumpliendo sus caprichos. Es el fenómeno “Aladino”. En el momento que las cosas ya no estén como ellos quisieran, se manifestará el tipo de tierra que eran (Lc. 8:13). Pero no importa: los que se van simplemente serán remplazados por otros que creerán que Jesús resolverá todos sus problemas en su próximo evento de milagros. Multitudes seguirán clamando “bendito el que viene en el nombre del Señor”.

Bendición real

No llamemos a la gente a la iglesia con promesas de cosas que ellos quieren. Traigámoslos a Cristo por lo que necesitan: el perdón de los pecados. Después de todo, de eso se trataban los últimos tres días de vida de Jesús; y de eso se trataba la pascua que los judíos habían venido celebrando por tantos años. Ese año celebraron la tradición del sacrificio del cordero de Pascua, y al día siguiente le gritaron a ese Cordero: “¡No cumpliste con lo que pensamos que nos darías!  ¡Mejor que te crucifiquen!”. En todo esto, pasaron por alto que ese era el punto central de la Pascua: la sangre de un Cordero perfecto para propiciar la ira de Dios, redimir a su pueblo y justificarnos delante de Dios. Sabemos por Hechos 2 que muchos de los que gritaron “¡Hosanna!”, para después gritar “¡Crucifícalo!”, luego pausaron a hacer una pregunta que transformaría sus vidas: “Hermanos, ¿qué haremos?” (Hch. 2:37). Como hizo en ese entonces, Dios sigue rescatando en su misericordia a gente que comienza buscando a Jesús por sus regalos y termina dándose cuenta de que el Dador de los dones es mejor que los dones. Si atraes a la gente a la iglesia por el evangelio, el evangelio es lo único que tendrás que seguir predicando para mantenerlos en la iglesia.

Sobre el autor...

​Nathan Díaz es pastor de enseñanza en la Iglesia Evangélica Cuajimalpa en la ciudad de México y productor del programa de radio “Clasificación A”, que se transmite en diversas emisoras a lo largo del mundo hispano. Estudió Biblia y teología en el Instituto Bíblico Moody de Chicago. Él y su esposa Cristin tienen tres hijos, Ian, Cael y Evan.

Reflexionando en Semana Santa

Aprovechando una Semana Santa diferente

Por: José «Pepe» Mendoza

Es evidente que esta Semana Santa será diferente. No habrán cantatas, retiros y mucho menos viajes de turismo y recreación que son tan comunes y hasta esperados en estos días. El COVID-19 te obliga a no salir y permanecer encerrado en casa todo el fin de semana. Estoy seguro que para nadie será un fin de semana agradable en todo el sentido de la palabra.  

No podemos negar que estas medidas especiales para este fin de semana son necesarias porque solemos convertir la Semana Santa un tiempo de mucho movimiento, viajes y recreaciónJustamente las autoridades quieren eliminar esas reuniones y celebraciones para reducir los contagios. Seamos sinceros: la Semana Santa tiene poco y nada de reflexión espiritual. Aun los cristianos nos hemos dejado llevar por el “espíritu” del tiempo y, más allá de alguna ceremonia el viernes o un servicio de resurrección temprano en la mañana del domingo, no somos muy diferentes al resto de los mortales, ¿no es cierto? 

El Nuevo Testamento señala la urgencia por mantener viva la centralidad de la resurrección de Cristo en nuestras mentes y corazones. Sabemos que al mundo le gusta robarse, restarle valor y brillo a nuestras celebraciones cristianas. Por ejemplo, en Semana Santa viajamos y buscamos huevitos, en Navidad comemos pavo y nos hacemos regalos y hasta los domingos nos ponen partidos de fútbol para tener la mente más ocupada en la tabla de posiciones del campeonato y menos en la adoración y la predicación de nuestra iglesia. Es posible que no lo hayas visto de esta manera, pero la realidad es que se trata de una batalla espiritual que busca distraer y debilitar nuestras mentes y corazones. 

Yo creo que es posible y hasta necesario que aprovechemos este fin de semana diferente para hacer algo que quizás no hemos hecho los años anteriores. ¿A qué me refiero? Pues a aprovechar este tiempo para afirmar, revalorar y confirmar en nuestras vidas la obra de Cristo en la cruz del calvario y su resurrección victoriosa de entre los muertos. 

El aspecto central y fundamental del evangelio radica en el pago que Jesús hizo por nuestros pecados en la cruz del calvario y su victoria suprema al resucitar de entre los muertos. Todo lo demás es accesorio y dependiente de esta obra gloriosa. Esto es tan importante que Pablo le llega a decir a los corintios, “y si Cristo no ha resucitado, vana es entonces predicación, y vana también la fe de ustedes” (1 Cor 15:11). Es indudable que estas son palabras mayores porque la palabra “vano” en el original griego es algo “vacío” o que no tiene razón de ser o existir.  

De lo anterior se desprende que si pierdes de vista la resurrección de Jesucristo como elemento central del evangelio, no estás simplemente olvidando un detalle de tu religión, lo que estás perdiendo es el mismo motor que hace posible que tu fe, creencias, prácticas, servicio y demás aspectos del cristianismo operen y tengan sentido. ¿Se dan cuenta porque es tan importante aceitar esta verdad continuamente? 

Podríamos este fin de semana empezar leyendo los cuatro relatos de Semana Santa en los cuatro evangelios. La belleza de estos relatos es que te puedes sumergir en la historia y llegar a convertirte en un observador cercano de esos sucesos trascendentales. Si lo empiezas a ver con detenimiento, quedarás impresionado por la enorme sorpresa que la resurrección produjo en los primeros discípulos. Aunque Jesús repitió en varias oportunidades que esto se daría, ellos nunca lo comprendieron y por eso no estuvieron preparados para tal evento magnífico. 

Vayamos paso a paso. Jesús había entrado triunfalmente en Jerusalén, el apoyo popular era multitudinario, pero todo se vino abajo en unas pocas horas. Fue terrible como todo se fue desmoronando tan rápidamente. Uno de los discípulos más cercanos se había vendido a los enemigos de Jesús y lo había entregado con un beso; Pedro le había negado en el momento en que más lo necesitaba, todos los demás habían huido dejándolo solo. En un juicio sumario, que contó con el apoyo mayoritario del pueblo que antes lo alababaJesús fue condenado a muerte. La poca esperanza que les quedaba a los discípulos se vino abajo. Poco tiempo después lo vieron morir en la cruz en medio de un dolor insoportable. 

Ninguno de ellos tuvo el valor siquiera de pedir el cadáver de Jesús. Fue José de Arimatea, un religioso, el que lo reclamó y enterró. Los discípulos estaban escondidos y solo dos: María Magdalena y María, la madre de José se percataron de dónde había sido enterrado Jesús. La confusión reinaba, la desesperanza era el sentimiento común. Así debía acabar la historia sin resurrección. Sin embargo, contra todo pronóstico y expectativa, ¡Jesús resucitó!  

El relato demuestra con creces la sorpresa y hasta la incredulidad de todos los discípulos. Nadie esperaba algo así. La resurrección de Cristo iba más allá de su comprensión o expectativa humana. Por eso Pablo al hablar de estos sucesos impresionantes dice, “Porque yo les entregué en primer lugar lo mismo que recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Co 15:3-4, énfasis añadido).  

Solo las Escrituras y el poder soberano de Dios podrían darles sentido a todos estos sucesos. Reflexionar en la obra de Cristo anunciada en el evangelio, su muerte y resurrección, es una necesidad permanente para los cristianos porque esa obra divina está infinitamente más allá de tu comprensión humana. Requiere que vayas a las Escrituras para poder percibir caminos que son superiores y más altos que los humanos (Is 55:8).  

Si meditamos en estos días en la obra de Cristo, su muerte y resurrección, aprenderemos que la resurrección nos ubica en una nueva dimensión espiritual porque, “con Él nos resucitó y con Él nos sentó en los lugares celestiales en Cristo Jesús” (Ef 2:6). Podremos también percibir nuestra propia resurrección y redirigiremos nuestras vidas hacia “las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios” (Col 3:1b). Además, reconoceremos que ya no podremos vivir para nosotros mismos, “sino para Aquel que murió y resucitó por [nosotros] (2 Co 5:15).  

Finalmente, la resurrección de nuestro Señor nos ayuda a poner nuestra esperanza en su retorno porque, no tenemos fe en un dios que se quedó en el pasado, sino que servimos “al Dios vivo y verdadero, y espera[mos] de los cielos a Su Hijo, al cual resucitó de entre los muertos, es decir, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera” (1 Ts 1:9b-10). 

¡Bendita resurrección de nuestro Señor Jesucristo!

Sobre el autor...

José “Pepe” Mendoza es el Asesor Editorial en Coalición por el Evangelio. Sirvió como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú. Es profesor en el Instituto Integridad & Sabiduría, colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary, y también trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y tienen una hija, Adriana.

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