Edificación de la Iglesia

Formación bíblica para la predica

En este artículo continuamos nuestra conversación sobre la importancia de la formación bíblica, pensando especialmente en la predica. Si no ha leído el artículo anterior, puede leerlo acá.  

 ¿Cómo podemos reconocer una buena prédica?

Es una buena pregunta porque invertimos hasta diez o quince horas, quizás más, en su preparación, entonces queremos saber que lo que resulta edifica la gente en la congregación. Obviamente se puede evaluar una prédica en muchas maneras, pero para mí una pregunta útil es, “al final del culto, cuando sale la congregación para almorzar con la familia, ¿en que debe pensar como resultado de la predica?

Obviamente queremos que Jesús esté en la mente y los labios de la congregación después de escuchar nuestra predica. De todos modos, toda la Biblia habla de Jesús como vemos en la conversación en el camino a Emaús en Lucas 24. “Y comenzando desde Moisés, y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de él decían.”

Mejorando lo que puedo decir, en su libro Comunicación por medio de la Predicación el pastor Orlando Costas enfatiza la necesidad de predicación cristocéntrica.

“La predicación es, finalmente, un acto dinámico en el cual Dios se dirige a hombres y mujeres fuera y dentro de su pueblo, para confrontarlos con las profundas implicaciones de su obra redentora en Cristo.”

Vemos que el pastor subraya dos cosas:

  • Que Dios usa la predicación para comunicar a la iglesia y al mundo.
  • Y que la predicación es una proclamación de lo que el Padre hace en el mundo a través de la muerte redentora y la resurrección de Jesús.

 

Y los dos son necesarios, ¿no?

¡Claro que sí! No es que el formato de la prédica resuene místicamente con las verdades de Dios más que la canción o un letrero. Lo que hace a una prédica una comunicación de Dios al mundo es el contenido: el evangelio. La misión, la muerte, y la resurrección de Jesús es el poder. Por esta proclamación cristocéntrica, Dios nos confronta a nosotros y al mundo.

De hecho, si seguimos esta lógica, quizás podemos atrevernos a decir que una prédica que no es cristocéntrica no es una prédica. ¡Pero no quisiera poner palabras en la boca del pastor Orlando!

Creo que todos estarían de acuerdo con la importancia de que la prédica debería ser cristocéntrica, es una imagen bonita que, al final del culto, la congregación esté pensando en Jesús, renovados para la semana que viene. Pero repetir el evangelio cada semana puede resultar en prédicas repetitivas sin mucha aplicación. 

Si la prédica solo es un repaso del evangelio, entonces sí. Pero me acuerdo la observación del director de mi seminario: “si la prédica aburre o es repetitiva, es por la falta de estudio del texto bíblico.”

Porque lo que es emocionante es que este énfasis cristocéntrico nos ayuda a tener la aplicación. La Biblia es una fuente que refleja la complejidad de la vida humana. Y por supuesto porque es la historia de Dios revelándose sí mismo y relacionándose con la humanidad en todos los altibajos de la vida, como parte de su plan de anular los efectos del pecado que nos contaminan. Si invertimos el esfuerzo, cavando en el pasaje, en su contexto – especialmente pensando en su conexión con Jesús – pues, ¡imagínese la iglesia con una dieta así!

La prédica cristocéntrica no solo levanta los corazones al entender mejor al Salvador, sino que abre la puerta para hacer real este mismo evangelio en la vida de los hermanos y las hermanas.

¿Uno resulta en el otro, entonces?

Vemos esto en la Biblia. En el Nuevo Testamento hay un patrón general que muestra que la aplicación siempre es resultado de la implicación de la teología cristocéntrica. Vimos así el ejemplo de Romanos en nuestra última conversación, ¿no? En los capítulos 1 al 11 de la teología resaltando Cristo y la gracia, y los capítulos 12 al 16 mostrando las implicaciones de esto en la vida de esta iglesia.

Hay más. En Efesios Pablo elabora tres capítulos explicando cómo Jesús, resucitado y exaltado, reina con autoridad. Escribe, “…el poder de su fuerza, la cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío…”(1:19-21)

Y Pablo examina esta idea en estos tres capítulos, conectándola con nuestra salvación y unión con Cristo en un solo cuerpo. Solo después de esta teología cristocéntrica profunda, llega Pablo a las implicaciones en el principio del capítulo 4, “Yo pues, preso en el Señor, os ruego que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados…”, y luego explica la aplicación de las verdades de los capítulos 1 al 3 para las vidas de esta iglesia en los capítulos 3 al 6.

Pedro hace lo mismo, dentro del primer capítulo en su primera carta, el apóstol explica la esperanza viva que tenemos en Cristo (1:3-9), prometido de antemano por los profetas (1:10-12), y luego les anima a una vida de santidad (1:13-25), la frase ‘por tanto’ marca la relación entre estos temas, “por tanto, ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios, y esperad por completo en la gracia que se os traerá cuando Jesucristo sea manifestado” (1:13)

Para los autores bíblicos es sólo al proclamar como es Jesús en toda su profundidad que es posible entender las implicaciones para la vida diaria. La aplicación rica sale de la exposición profunda de Cristo y su obra.

Es muy obvio que estas argumentando a favor del estudio bíblico para la predica. 

Sí. Predicar así requiere el estudio continuo de la Biblia. Si tenemos la visión de que nuestra gente salga del culto reflexionando en la grandeza de todo lo que el Padre hace por Jesús y qué significa para sus vidas, entonces es necesario que nos profundicemos en el estudio bíblico. Antiguo Testamento y Nuevo Testamento sistemáticamente. Es necesario que veamos las partes de un libro en el contexto de todo el libro, y dentro del contexto más amplio de la historia de salvación en Cristo. Es necesario que entendamos como un salmo es diferente que una carta. Es necesario pelearse con pasajes difíciles. Que Cristo sea grande en la vida de nuestra iglesia por nuestras predicas requiere el estudio cuidadoso, diligente, y humilde de la Biblia.

Gracias a Dios, nos ha dado la gente en la comunidad global de Cristo de quien podemos aprender: en estos días hay un montón de recursos. Para estudios más doctrinales, en Desarrollo Cristiano puede obtener el Curso de Formación Teológica Evangelio por Francisco Lacueva. Para estudiar el texto bíblico voy a recomendar (¡por supuesto!) los cursos de MOCLAM que examinan libros de Biblia sistemáticamente.

La predicación es un arte con muchos aspectos claves: la obra del Espíritu Santo, el carácter y la vida del predicador, el testimonio personal. Pero si queremos participar realmente en este acto dinámico de Dios de confrontar a los hombres y mujeres con las profundas implicaciones de su obra redentora en Cristo, es necesario que cavemos en la palabra de Dios para que mostremos su luz desde el púlpito. Y dado que la Palabra de Dios es más cortante que toda espada de dos filos, cuando muestra su luz, resaltando a Cristo, Dios cambia vidas.

En el próximo mes, vamos a continuar la conversación por explorar como el estudio bíblico ayuda en la obra pastoral de alentar y animar.

Puede ver los demás artículos de este entrevista desde estos enlaces:

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *