La Reforma Protestante: 3 mitos y verdades

Por: ARTURO PÉREZ
Fuente: Coalición por el Evangelio

Recuerdo cuando, siendo un niño en la escuela, vi por primera vez el retrato de Martín Lutero en un libro de historia. Leí que este monje alemán inició la llamada Reforma Protestante en el siglo XVI, al clavar sus 95 tesis en las puertas de la Catedral de Wittenberg (Alemania) el 31 de octubre de 1517.

En ese momento yo no comprendía de qué se trataba esta Reforma, por qué protestaban, y mucho menos cómo podrían clavar 95 tesis en una puerta, pues en mi mente infantil pensaba que una “tesis” era un volumen muy extenso de información que se presentaba para lograr un grado académico en la universidad.

En mi adolescencia me explicaron que, en este contexto, una tesis no es más que una declaración o proposición a ser demostrada, y que estas 95 tesis eran oraciones de pocas líneas. Con el tiempo tuve la oportunidad de leerlas por mí mismo, incluso en el idioma original en que Lutero las escribió. Así entendí mejor la preocupación de este monje —quien también fue doctor en teología y profesor en la Universidad de Wittenberg— por lo que pasaba en la iglesia de la época que le tocó vivir.

Pero luego descubrí que no todo lo que aprendí en la escuela sobre Lutero y la Reforma Protestante fue de acuerdo a los hechos. En los últimos 500 años surgieron algunos mitos y leyendas, o más bien imprecisiones sobre el origen de este movimiento que cambió al mundo. Estos son tres mitos y verdades sobre la Reforma Protestante:

Mito #1: “Lutero clavó sus tesis en Wittenberg el 31 de octubre de 1517”.

Lutero no clavó ningún documento en las puertas de Wittenberg el 31 de octubre de 1517. Más bien, envió una importante carta, escrita de manera respetuosa y apropiada, dirigida al arzobispo Albrecht de Mainz, en Magdeburg (Alemania), incluyendo las 95 tesis para su consideración.[1]

El motivo de la carta y las tesis fue la venta de indulgencias en Wittenberg que buscaban recaudar fondos para la construcción de la basílica de San Pedro. Estas indulgencias eran mercadeadas con la autoridad de Albrecht de Mainz. Lutero quería hacerle saber su punto de vista teológico al arzobispo para evitar que los feligreses tropezaran ante este error, ya que solo Cristo, y no el papa, tiene el poder de perdonar pecados.

La idea de las indulgencias venía del concepto del “tesoro del mérito”. La iglesia de Roma decía que María y otros santos “llenos de gracia” poseían tantos méritos en exceso, que había un “tesoro del mérito” en el cielo disponible para los pecadores que los necesitaran. Sin embargo, para poder apropiarse de tales méritos, el pecador no tiene otra vía que la iglesia, la cual posee “las llaves del tesoro del mérito” para aplicarlos a través de los sacramentos.

De ahí que la Iglesia Católica Romana sigue enseñando que, aunque la justificación es recibida en los méritos de Cristo por medio del sacramento del bautismo como instrumento de salvación, los pecados mortales nos hacen caer del estado de justificación. Para mantener ese estado de gracia, es necesario el ejercicio del sacramento de la reconciliación mediante penitencias, esto es, ciertas oraciones y sacrificios que el penitente debía ejercitar para mantener y lograr su estado de justificación por medio de estos “méritos adecuados” (de congruo). De esta manera, Roma niega la enseñanza bíblica de la justificación por la fe sola.

Roma reafirmó su posición en el Concilio de Trento (1545-1563) en respuesta a la Reforma.[2] La idea de Roma era que estas indulgencias vendidas servirían al penitente como un certificado de que ejercitaba la penitencia debida, tomada del “tesoro del mérito”, bajo la insignia del papa, para obtener el perdón de pecados y la liberación del alma del purgatorio después de la muerte.

Hoy celebramos la Reforma el 31 de octubre porque en esa fecha Lutero envió la carta mencionada. Pero las 95 tesis no fueron clavadas por Lutero en las puertas de Wittenberg sino por algún custodio del edificio, que lo haría en el transcurso de las siguientes dos semanas, como parte de sus funciones de publicar este tipo de documentos de interés para los estudiantes de la universidad. Las puertas de la iglesia servían como tablero de boletines para publicación de anuncios.[3]

La imagen de Lutero clavando sus tesis en Wittenberg fue una figura usada por Philip Melanchthon, un colaborador de Lutero que no estaba presente en Wittenberg para esa época. Al pasar los años, Melanchthon quiso ilustrar el poder de Dios prosperando lo que cualquier maestro responsable, que enseña la verdad de Dios, debería hacer: exaltar la verdad del evangelio públicamente.

Verdad #1: ¡Lutero no clavó las tesis en las puertas de la catedral de Wittenberg!

Mito #2: “La Reforma Protestante se llamó así desde el inicio porque buscó protestar contra la iglesia”.

Cuando Lutero escribió sus tesis no tuvo intención de entregarlas al público para “protestar” contra la iglesia. De hecho, él pensaba que tanto el arzobispo como el papa estaban ajenos a esta situación de la venta de indulgencias en Wittenberg, y más bien quería alertarlos del error teológico. Él también quería discutir las tesis entre sus estudiantes, pero lo primero que sucedió fue que los estudiantes que vieron la publicación tradujeron el documento del latín al alemán, y en la providencia de Dios se difundió rápidamente.

Si queremos identificar un momento cuando el movimiento de la Reforma Luterana se declara públicamente en contra de Roma, podríamos sugerir el instante cuando Lutero, en 1520, recibe una bula papal llamada Exsurge Domine (“levántate, Señor”). El papa León X decía en ella que “un cerdo salvaje ha entrado en la viña del Señor”, y ordenaba que las obras literarias de Lutero fueran quemadas, dándole al monje 60 días para retractarse y someterse a la autoridad de Roma. En respuesta, Lutero quemó esta bula públicamente con otros libros que eran considerados “los peores proponentes de las doctrinas papistas”.[4] Luego Lutero comparecería ante la Dieta Imperial reunida en Worms (Alemania) en 1521 donde no se retractó.

Entonces, ¿cómo surgió el término “protestante”? Vino a surgir en 1529, alrededor de un tema político en Alemania en cuanto a la libertad de cultos. Para 1526 se había dado libertad a los estados alemanes para elegir su propia preferencia religiosa. Austria y algunos estados del sur de Alemania optaron por el catolicismo romano, mientras que otros comenzaron a implementar la Reforma Luterana. Para 1529 hubo una Segunda Dieta en Espira (Alemania), con una gran oposición de los católicos romanos reconfirmando el edicto de Worms contra las enseñanzas de Lutero, lo cual fue una amenaza de intervención imperial (de Roma) contra Alemania. “Esto llevó a los príncipes luteranos a presentar una protesta formal, recibiendo así el nombre de ‘protestantes’”.[5]

De hecho, en el sentido estrictamente histórico, la Reforma se compone de cuatro movimientos: luteranos, reformados (Calvino), Radicales (anabaptistas), y la contrarreforma de Roma. El término “Reforma Protestante” trata de identificar solo el pensamiento teológico de los primeros dos movimientos; esto es, los reformadores seguidores del pensamiento de Lutero (ubicados principalmente en Alemania y otros lugares) y, por otro lado, los reformadores en Suiza y el resto de Europa (que siguieron el pensamiento de Zuinglio, Bucer, Calvino, Beza, etc.). Por tanto, utilizar el término “protestante” en los inicios de la reforma, es “en un sentido estricto, un anacronismo”.[6]

Verdad #2: Lutero y sus seguidores en un principio no protestaron contra Roma.

Mito #3: “La reforma inició y concluyó durante el siglo XVI”.

Jesús citó al profeta Isaías para señalar un mal presente en medio de los creyentes que han profesado la fe a través de los tiempos: “Este pueblo con los labios me honra, pero su corazón está muy lejos de mí” (Mt.15:8). De hecho, pilares de la iglesia como el apóstol Pedro y Bernabé cayeron en hipocresía debiendo ser confrontados públicamente para preservar la pureza del evangelio (Gá. 2:11-14 cf. Hch. 15:7-9).

Así podríamos citar ejemplos anteriores a la Reforma del siglo XVI, como el caso de Agustín de Hipona (354 – 430) quien denunció la herejía de Pelagio; o el caso de John Wycliffe (1320 – 1384) y Jan Hus (1369 – 1415), quienes llamaron la atención a la iglesia de su tiempo afirmando que la Escritura (y no el papa ni la Iglesia) es la suprema autoridad para la vida del creyente (Sola Scriptura). En otras palabras, el espíritu de la Reforma ni comenzó ni concluyó en el siglo XVI. En cambio, siempre ha estado y estará presente en tanto que el Espíritu de Cristo continúa obrando en medio de su pueblo.

La frase  ecclesia reformata, semper reformanda (“la iglesia reformada siempre se está reformando”) aparece en un libro escrito por Jodocus van Lodenstein en 1674. Van Lodenstein era un ministro de la Iglesia Reformada de las Provincias Unidas (hoy Países Bajos). Van Lodenstein fue testigo de muchos cambios en la iglesia reformada, entre ellos el desarrollo de la teología del pacto y las batallas internas de iglesias locales en cuanto al uso del órgano como instrumento musical en la adoración pública.

¿A qué se refería entonces Jodocus van Lodenstein con su frase “la iglesia reformada siempre se está reformando”? El teólogo Robert Godfrey dice que Lodenstein “creía que la Biblia era clara en temas de doctrina, adoración, y gobierno, y que las iglesias reformadas habían reformado estos asuntos correctamente”.[7] Van Lodenstein pertenecía a una corriente de reformados pietistas de los Países Bajos, similar a los puritanos de Inglaterra. El sentir y la preocupación de estos grupos era que, luego de que las iglesias pasan por un proceso de reforma al regresar a la Escritura, la cual nos redarguye de pecado por medio de la Ley de Dios, debemos anunciar a la gente la Palabra de Cristo (el evangelio), la cual continúa creando fe en nuestro corazón. En otras palabras, lo que siempre necesita reformarse en la iglesia es el corazón humano por medio del evangelio.

Debido al pecado remanente en el creyente, es fácil llegar a confiar en nuestras propias prácticas religiosas y obras imperfectas, antes que en la obra perfecta de Cristo. Todos caemos en algún momento en honrar a Dios de labios mientras nuestro corazón se aparta de Él (Mt. 15:8). En nuestro afán de “agradar a Dios” dejamos a Cristo atrás. Sin darnos cuenta, hacemos un ídolo de la plataforma religiosa con el fin de buscar beneficios personales: fama, poder, vanagloria, riquezas, justicia propia, o cualquiera que sea la lista de ídolos de nuestro corazón.

A pesar de nosotros mismos, la buena noticia es que la Iglesia sigue siendo reformada por la acción del Espíritu de Cristo obrando en nosotros, de manera constante, una y otra vez. El Espíritu nos ilumina, reformándonos y mostrándonos nuestro pecado por medio de la Ley de Dios, al tiempo que sigue creando fe y transformando nuestro corazón por medio del evangelio de Cristo. “La fe viene del oír, y el oír, por la palabra de Cristo” (Ro.10:17). En tanto haya mensajeros de Dios predicando la Palabra de Cristo, la iglesia reformada siempre se está reformando.

Verdad #3: La Reforma no empezó con Lutero y continúa en nuestros días.


[1] Eric Metaxas, Martin Luther: The man Who Rediscovered God and Changed the World (New York: Penguin Books, 2018), 107.
[2] Theodore Alois Buckley B.A., The Canons and Decrees of the Council of Trent (London: Aeterna Press, 2014), Kindle, Loc.1032. (“On Justification,” Canon XXIV).
[3] Es posible que un número de copias fueran publicadas en las puertas de otras seis iglesias del pueblo de Wittenberg para ese mismo propósito.
[4] Justo González, The Story of Christianity, Volume II: The Reformation to the Present Day (New York: HarperCollins, 2014), 33.
[5] Justo González, The Story of Christianity, Volume II, 44.
[6] Alister McGrath, Reformation Thought (Oxford, UK: Wiley-Blackwell, 2012), 6.
[7] Robert Godfrey, “What Does Semper Reformanda Mean?” en la revista TableTalk, marzo 24, 2017.

Sobre el autor...

Arturo Pérez es miembro del board de directores de Knox Theological Seminary donde obtuvo su grado de Maestría en Estudios Bíblicos y Teológicos. Es autor de Síntesis del Nuevo Testamento (Xulon, 2012) y Síntesis del Antiguo Testamento (Xulon, 2014). Como vocación profesional, Arturo es Ingeniero Industrial enfocado en la Industria de Tecnología y ha estado trabajando en Microsoft Corp por los últimos 20 años. Vive en el sur de la Florida junto a su esposa Jeannie y su hija Priscilla, sirviendo en la iglesia de su comunidad. Puedes encontrarlo en LinkedIn o en Twitter.

MISIÓN Y APOCALIPSIS

Por: Ana Ávila
Fuente: Desarrollo Cristiano Internacional

Es común asegurar que la Biblia es un libro misionero, la revelación de un Dios misionero. Por eso esperaríamos de manera muy especial que el último libro del canon sea también un libro misionero. Pero la lectura cuidadosa de Apocalipsis bajo una lupa misionera nos desconcierta mucho. ¿Dónde están la Gran Comisión y la tarea evangelizadora aquí? ¿Se puede realmente encontrar un enfoque misionero en este libro? A primera vista resulta difícil afirmar que sí. Entonces, ¿tendríamos que decir que la Biblia termina con un libro que no es misionero? ¿O tendríamos que enfocar de otra manera lo que entendemos por «misionero»?1

                                  

En este artículo intentaremos analizar este tema por medio de un estudio de los términos propios del lenguaje misionero y, en artículos posteriores, por medio de los principales temas del Apocalipsis que parecieran constituir su visión de la misión.

 

Misión como envío

En Apocalipsis nunca se usa la palabra «envío» para referirse a la misión de los cristianos. En tres pasajes alude a Jesús, quien envía a su ángel para dar la revelación a los fieles (1.1 y 22.6 con [p. 352] apostéllo; 22.16 con pémpo). Según 5.6 (con apostéllo) y 11.10 (con pémpo), Dios envía al espíritu de vida por toda la tierra. En 1.11 se le manda a Juan enviar (pémpson) su libro a las siete iglesias y, en 14.15 y 18, se les manda a los ángeles meter (pémpson) su hoz para la cosecha. Ni poreúomai («ir») ni matheteúo («hacer discípulos»), que se encuentran en Mateo 28.19, aparecen en el Apocalipsis.

 

En realidad, el concepto del «envío» de la iglesia brilla por su ausencia en el último libro del canon. Nada señala claramente un llamado de los fieles a evangelizar a los incrédulos (la posible excepción de 11.3–13 se analizará bajo «Misión como testimonio»). En los mensajes a las siete congregaciones, a ninguna se le felicita por haber evangelizado con éxito, ni se le culpa por no haberlo hecho. En el contexto de la aparente ausencia general de lo que se suele considerar como el «mensaje misionero» en Apocalipsis, la ausencia del tema en los dos capítulos más específicamente pastorales no deja de sorprendernos.2

 

Misión como anuncio de buenas nuevas

Este tema también nos depara algunas sorpresas. El verbo euvaggelízo se usa solo dos veces en todo el libro (10.7; 14.6). En 10.7 el ángel fuerte se refiere al «misterio de Dios» que Dios «evangelizó» («anunció») a los profetas y que ahora va a consumarse con la séptima trompeta; en 14.6 el sujeto del verbo es un ángel que «evangeliza» («predica») el evangelio eterno a toda [p. 353] nación.3 En ambos casos, se trata de un mensaje de juicio a partir de la creación más que de la «buena nueva» de salvación a partir de la muerte de Cristo, y el verbo se traduce comúnmente «anunciar» o «predicar». De manera similar, el verbo kerússo aparece una sola vez (5.2) y se aplica también a un ángel, cuya pregunta retórica no se relaciona en nada con la proclamación del evangelio.4 Aunque el verbo sózo (salvar) y el sustantivo sóter (salvador) no aparecen en el libro, sotería (salvación) se encuentra tres veces en himnos de alabanza por la redención (7.10, por los mártires; 12.10 y 19.1, por «una gran voz del cielo»). Tampoco aparece en el libro ningún verbo que signifique «creer» (pisteúopeítho, etc.): en las cuatro veces que aparece pístis (2.13, 19; 13.10; 14.12) el énfasis cae en la fidelidad y no en el acto de fe, de creer. El perdón de los pecados y la justificación por la fe no parecen ser tan centrales aquí como en las cartas paulinas.5 No se encuentran referencias en Apocalipsis que apunten específicamente a una tarea evangelizadora de la iglesia.

Aunque desde esta perspectiva casi nada se refiere explícitamente a la evangelización, puede aparecer información implícita o bajo otra terminología. Aquí nos interesa averiguar dos asuntos: (1) ¿qué pasajes podrían referirse a la labor evangelizadora sin usar el lenguaje clásico del tema?, y (2) en términos más [p. 354] generales, ¿cómo entiende Apocalipsis «la buena nueva», es decir, cuál es el «evangelio» del último libro de la Biblia?

 

Pasajes que podrían referirse a la evangelización

Tres pasajes podrían relacionarse con la proclamación del evangelio a cargo de la iglesia: 11.3–13 (lo analizaremos, en un futuro artículo, bajo «Misión como testimonio»); 3.8 (la «puerta abierta» de la carta a la congregación de Filadelfia), y 6.1–2 (la figura del caballo blanco y su jinete).

 

El mensaje de la carta a Filadelfia se construye alrededor del símbolo de la puerta. Cristo lleva las llaves de la casa de David, y abre y nadie cierra, cierra y nadie abre (3.7). En seguida anuncia a los filadelfinos que él ha colocado ante ellos «una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar» (3.8). Agrega que él provocará que los judíos de la «sinagoga de Satanás» un día «vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado» (3.9). Muchos interpretan la «puerta abierta» como una oportunidad de evangelizar, similar al sentido frecuente de dicha figura en Pablo (1Co 16.9; 2Co 2.12; Col 4.3) y en Hechos (14.27). Algunos también interpretan la «conversión» de los judíos (3.9) como fruto de dichos esfuerzos evangelizadores. Pero otros, con igual razón, interpretan la «puerta abierta» como la entrada al reino escatológico (casa de David; cf. 3.20) y señalan que la «conversión» de los judíos se representa más bien como una sumisión (como un eco del sueño de José; Gn 37.9s.). La ambigüedad hermenéutica del pasaje no nos permite sacar conclusiones firmes en cuanto a la misión de la iglesia.

 

La interpretación del caballo blanco (6.1s.) es aún más discutible. Serios exégetas han visto en este simbolismo desde Cristo hasta el Anticristo, pasando por el evangelio mismo, los temibles partos (feroces arqueros montados en corceles blancos), el Imperio Romano o uno de los emperadores. La verdad es que los datos del texto no sientan una sólida base exegética para ninguna conclusión y no permiten sacar inferencias en cuanto a la [p. 355] misionología del libro. Quizá se observe cierta preferencia por la interpretación de Cullmann, Ladd, Boer y otros, que sostienen que este primer sello corresponde a Mateo 24.14 (Mr 13.10) y señala la marcha triunfante del evangelio por todo el mundo. Sin embargo, en dicho caso el símbolo podría referirse a la misión de la iglesia durante toda su historia, en correspondencia con los «principios de dolores» del discurso del monte de los Olivos, y no específicamente durante el tiempo apocalíptico.

 

Si el jinete del caballo blanco expresa el recorrido victorioso del evangelio del Reino frente a todas las fuerzas del mal y de la muerte (6.3–8), sería un símbolo muy poderoso de esperanza en medio del conflicto y la persecución. Pero, debido a que su interpretación es muy discutible, sería peligroso derivar conclusiones específicas en cuanto al concepto de la misión de la iglesia según Juan de Patmos. Como ocurre con Mateo 24.14, el pasaje tendría que ver más con el resultado que con el proceso: la evangelización de las naciones como señal escatológica del reino.6

Con este artículo iniciamos una serie sobre el tema de la misión de la iglesia en Apocalipsis. Busque en los próximos números en un artículo nuevo.

1 Llama la atención, por otra parte, que los libros de misionología se refieran tan poco al Apocalipsis. Aparentemente, la misionología se ha elaborado mayormente a espaldas del último libro de la Biblia. Una notable excepción es Donald Senior y Carroll Stuhlmueller, Biblia y misión, Verbo Divino, Navarra, 1985, pp. 402–410, 422, 432, 444, 454.

2 Aunque las varias referencias al «trabajo arduo» de las congregaciones (2.2s.) o sus «obras» (2.2, 5s., 19, 22, 26; 3:1s., 8, 15)␣podrían  aludir teóricamente a labores de evangelización, el contexto nunca especifica ese aspecto, sino, más bien, la práctica ética (2.5, 26) y␣la  Resistencia al culto imperial (2.2s., 13). Del contexto de 3.14–22 tampoco parece que la tibieza de los laodicenses fuera una falta de celo evangelizador.

3 Ap. 14.6 es también el único pasaje en el libro que emplea el sustantivo euaggélion. Aquí «evangelio eterno» (sin artículo) es también esencialmente un mensaje de juicio y una última llamada al arrepentimiento, sobre la base de la creación y de la justicia divina. El esfuerzo de Bauckham (The Climax of Prophecy, T. & T. Clark, Edimburgo, 1993) por dar un sentido evangelizador a 14.6 impresiona por su erudición, pero no convence.

4 Los sustantivos kérux y kerugma no aparecen en el Apocalipsis.

5 Muchos han visto una tendencia arminiana en el Apocalipsis, ya que solo el «vencedor», (2.7) que es «fiel hasta la muerte», (2.10; Mr 13.13) será salvo.

6 Debe notarse aquí también que algunos autores, no sin sus razones, interpretan Mr 13.10/Mt 24.14 y Ap. 6.1s. como la proclamación escatológica del evangelio llevada a cabo por los ángeles (cf 14.6) y no por la iglesia.

Preguntas para estudiar el texto en grupo

 

  1. ¿Cuáles son los dos concetos que el autor utiliza para examinar en Apocalipsis la posibilidad de que Juan tuviera un enfoque misionero en este libro? ¿Qué sorpresas dejan estos dos conceptos con respecto al abordaje del tema de la misión en el libro?
  2. ¿Qué pasajes aborda el autor que probablemente se refieran a la evangelización? ¿Cuál es el aporte de cada pasaje a la discusión por la que se escribe el artículo?
  3. ¿Por qué resulta tan importante discutir el tema de la misión en Apocalipsis? ¿En qué nos afecta a la iglesia latinoamericana de ahora?

Se tomó de «La misión de la iglesia en el Apocalipsis», Bases bíblicas de la misión, perspectivas latinoamericanas, René Padilla, editor, Nueva Creación. Todos los derechos reservados. Se usa con permiso del autor.

El autor, costarricense por adopción, se doctoró en teología por la Universidad de Basilea, Suiza. Ha ejercido la docencia en varias instituciones teológicas y universidades de América Central y de otros lugares del mundo. Es miembro de la Fraternidad Teológica Latinoamericana (FTL) y ha escrito varios libros y numerosos artículos.

Cinco maneras en que la ira de Dios no es como la nuestra

Por: Colin Smith
Fuente: Coalición por el Evangelio

El tema de la ira (o enojo) de Dios hacia el pecado y hacia los pecadores es claramente y ampliamente enseñado en la Biblia. Y esta verdad está tan entrelazada con la esperanza de nuestra paz unos con otros y con Dios que, si perdemos uno, también perdemos nuestra esperanza del otro.

La ira de Dios no es como la ira humana

Cuando hablamos de la ira de Dios, debemos recordar que es la ira de Dios. Todo lo que sabemos acerca de Él, que Él es justo, que Él es amor, y que Él es bueno, necesita ser considerado en nuestro entendimiento de su ira.

Las palabras “enojo” e “ira” nos hacen pensar en nuestra propia experiencia de estas cosas. Tú puedes haber sufrido por alguien que habitualmente está enojado. La ira humana a menudo puede ser impredecible, mezquina, y desproporcionada. Estas cosas no son ciertas sobre la ira de Dios. La ira de Dios es la respuesta justa y mesurada de su santidad hacia el mal.

Aquí hay cinco maneras en que la ira de Dios es diferente a la nuestra.

1. La ira de Dios es provocada

“No olvides cómo provocaste a ira al Señor tu Dios en el desierto”, Deuteronomio 9:7.

Este tipo de lenguaje se usa repetidamente en la Biblia. La ira de Dios no es algo que resida en Él por naturaleza. Es una respuesta al mal. Es provocada.

Hay una diferencia muy importante entre la ira de Dios y su amor. La Biblia dice: “Dios es amor”. Esa es su naturaleza. El amor de Dios no es provocado. Dios no nos ama porque ve algo de sabiduría, belleza, o bondad en nosotros. La razón por la que Dios nos ama radica en su naturaleza, no en la nuestra.

Pero la ira de Dios es diferente. Es su santa respuesta a la intrusión del mal en su mundo. Si no hubiera pecado en el mundo, no habría ira en Dios.

A menudo se ha señalado que lo contrario del amor no es el odio; es la indiferencia. ¿Qué esperanza tendríamos en un mundo acechado por el terror si Dios simplemente mirara con una sonrisa débil o incluso con un ceño fruncido? La esperanza de un mundo cuya historia está repleta de violencia reside en un Dios que se opone implacablemente a todo mal, y que tiene el poder, la capacidad, y la voluntad de destruirlo.

2. Dios es lento para la ira

“Compasivo y clemente es el Señor, lento para la ira y grande en misericordia”, Salmos 103:8.

Estas cualidades se repiten una y otra vez en el Antiguo Testamento, como si fueran las cosas más importantes que necesitas saber acerca de Dios.

¿Por qué Dios permite que el mal continúe en el mundo? ¿Por qué no regresa ahora y lo borra? En 2 Pedro 3:9 se nos recuerda que: “El Señor no se tarda en cumplir su promesa, según algunos entienden la tardanza, sino que es paciente para con ustedes, no queriendo que nadie perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento”.

Dios ofrece gracia y perdón en Jesucristo. La gente viene a Él en arrepentimiento y fe todos los días y Dios pacientemente mantiene abierta la puerta de gracia. El día de la ira de Dios vendrá, pero Él no tiene prisa en traerlo, porque entonces será cerrada la puerta de gracia.

3. La ira de Dios se revela ahora

“Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen la verdad”, Romanos 1:18.

Cuando lees Romanos 1, encuentras que los pecadores van en una de tres direcciones. Ellos suprimen la verdad acerca de Dios, intercambian la verdad por una mentira, y adoran las cosas creadas en lugar del Creador. ¿Cómo revela Dios su ira cuando los pecadores hacen estas cosas? Dios los entrega a sus pasiones.

“Por lo cual Dios los entregó a la impureza en la lujuria de sus corazones”, Romanos 1:24.

“Por esta razón Dios los entregó a pasiones degradantes”, Romanos 1:26.

Cuando vemos que la estructura moral de nuestra cultura está siendo desgarrada, los cristianos deben clamar a Dios por misericordia sobre la base de Romanos 1: “Señor, lo que vemos a nuestro alrededor es un signo de tu ira y juicio. Sé misericordioso, oh Señor, y por favor no nos abandones por completo”.

4. La ira de Dios está almacenada

“Pero por causa de tu terquedad y de tu corazón no arrepentido, estás acumulando ira para ti en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios”, Romanos 2:5.

Toda la historia de la Biblia lleva a un día en que Dios lidiará con todo el mal de una vez y para siempre. En ese día, el juicio de Dios será completamente revelado. Este será el día de ira en el que Dios recompensará todo mal.

Dios hará esto en perfecta justicia. Nadie será acusado de un solo pecado que no cometió, y el castigo por cada pecado coincidirá con el crimen. Toda boca será detenida, porque todos sabrán que Él juzgó con justicia. Entonces Dios dará comienzo a un cielo nuevo y tierra nueva que serán el hogar de la justicia.

5. La ira de Dios es sobre los pecadores

“El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que no obedece al Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios permanece sobre él”, Juan 3:36.

Juan no dice: “La ira de Dios vendrá sobre los desobedientes”. Él dice: “La ira de Dios permanece sobre él”. Ya está ahí. ¿Por qué? Por naturaleza somos hijos de ira (Ef. 2:3). Es el estado en el que nacimos.

Aquí nos encontramos cara a cara con el meollo del problema humano. ¿Cuál es? No es que estamos perdidos y necesitamos encontrar nuestro camino en un viaje espiritual. No es que estamos heridos y necesitamos ser sanados. El meollo del problema humano es que somos pecadores bajo el juicio de Dios, y su ira divina está sobre nosotros, a menos que sea quitada.

El derramamiento de la ira de Dios sobre Jesucristo fue el mayor acto de amor que este mundo jamás haya visto

La ira de Dios fue derramada

Esto nos lleva al corazón de lo que sucedió en la cruz. La ira divina hacia el pecado fue derramada, o aplicada, sobre Jesús. Él se convirtió en la “propiciación” por nuestros pecados (Ro. 3:25) al sacrificarse por nosotros. Esta gran palabra “propiciación” significa que la recompensa o el pago por nuestros pecados se derramó sobre Jesús en el Calvario.

El derramamiento de la ira de Dios sobre Jesucristo fue el mayor acto de amor que este mundo jamás haya visto. Y Jesús está ante nosotros hoy, un Salvador vivo. Él nos ofrece el incalculable regalo de la paz con Dios. Él está listo para perdonar tus pecados y para llenarte de su Espíritu. Él es capaz de salvarte de la ira y reconciliarte con el Padre. Él ha abierto la puerta del cielo, y es capaz de darte entrada. ¿Estás listo para encontrar la paz con Dios a través de Él?


Publicado originalmente en Unlocking The Bible. Traducido por Jenny Midence-Garcia.

Sobre el Autor...

​Colin Smith (MPhil, London School of Theology) es el pastor principal de The Orchard Evangelical Free Church en los suburbios del noroeste de Chicago, y es un miembro del concilio de The Gospel Coalition. Para más recursos de Colin Smith visite Unlocking the Bible. Puedes seguir a Colin en Twitter.