Oremos por Cuba: 5 motivos para clamar ante nuestro Dios

Por: JOSUÉ BARRIOS
Fuente: Coalición por el Evangelio

Cuba atraviesa una situación delicada a medida que se realizan una serie de protestas contra el gobierno. Mientras las últimas protestas masivas anteriores ocurrieron en agosto de 1994 y se concentraron en el malecón de La Habana, estas nuevas manifestaciones están abarcando toda la isla y resultan ser las más grandes en los últimos 60 años.

La hora es crucial para la nación y la incertidumbre parece reinar, pero como Iglesia creemos en un Dios que es soberano sobre todo y al mismo tiempo es pronto para escuchar nuestro clamor.

Sin importar dónde te encuentres, aquí hay cinco oraciones por Cuba que podemos elevar hoy por el país y la iglesia:

  • Oramos para que Dios tenga misericordia de la Isla y preserve las vidas humanas, en medio de una gran tensión que podría convertirse en un enfrentamiento entre cubanos con un mayor número de muertes (1 Ti 2:1).
  • Oramos para que los gobernantes sean responsables, sabios y justos ante las demandas y el clamor del pueblo (Pr 29:2).
  • Oramos por la economía en el país, que desde el comienzo de la pandemia se ha deprimido más aún, elevando el costo de la vida. Esto afecta la distribución de alimentos, medicinas y servicios (tales como la luz y el agua) en la isla (1 Ti. 6:8).
  • Oramos para que la iglesia pueda ser luz en este tiempo y conducirse con sabiduría, firme en sus convicciones bíblicas, reflejando un Reino que no es de este mundo, y que pueda llevar a otros la esperanza del evangelio (Mt 5:14-161 P. 2:9).
  • Oramos para que el Señor guarde la integridad física y espiritual de Su pueblo y sus pastores, mientras nuestros hermanos creyentes esperan en Él. Que tanto la iglesia como el resto del país puedan gozar de mayor paz en este lado de la eternidad (1 Ti. 2:2).

Nuestro Dios es “Aquel que es poderoso para hacer todo mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Ef 3:20). Acompáñanos a orar por Cuba.

Sobre el autor...

Josué Barrios sirve como Coordinador Editorial en Coalición por el Evangelio. Posee una licenciatura en periodismo y cursa una maestría en el Southern Baptist Theological Seminary. Vive con su esposa Arianny en Córdoba, Argentina, y sirve en la Iglesia Bíblica Bautista Crecer, donde realiza una pasantía ministerial. Puedes leerlo en josuebarrios.com y seguirlo en InstagramTwitter y Facebook.

No lo olvides, el evangelio es (aún) para cristianos

Por: Mitch Chase
Fuente: Coalición por el Evangelio

Los no cristianos que llegan a creer en el evangelio se convierten en santos que siguen creyendo en el evangelio. Este evangelio, o “buenas nuevas”, se trata de lo que Dios ha hecho por nosotros en Jesús.

Las buenas nuevas acerca de la persona y la obra de Cristo eran el plan de Dios desde antes que Él fundara la Tierra. En la sabiduría eterna y los decretos de la Trinidad, el Hijo entraría en el mundo de las criaturas de Dios de tal manera que uniera la verdadera humanidad a la verdadera divinidad. La encarnación no era el plan B.

El plan de redención previo a la creación revela cuán profundas son las raíces del amor de Dios para su pueblo. Los creyentes están seguros en el amor de Dios porque su amor no es algo que haya tenido un comienzo. Antes de que fuéramos, su amor ya era.

Cristo y Señor

La buena noticia es que la Palabra/Amor/Gracia/Sabiduría de Dios se hizo carne y habitó entre las personas. Jesús es el Cristo prometido o el Hijo de David (ver 2 S. 7:12-13; Mt. 1:1-17). La creación caída puso los ojos en el gobernante y redentor que traería shalom y renovación, y aún ahora este mundo gime para que todas las cosas sean hechas nuevas.

Los creyentes son seguidores del que aplasta la serpiente (Gn. 3:15). Son súbditos del Rey que vino, vivió, sufrió, murió, resucitó, y ascendió por ellos. Jesús es el Cristo porque es el gobernante prometido que será entronizado para siempre, conquistando a sus enemigos y reivindicando a su pueblo. Y Jesús es también Señor porque su reinado lo abarca todo, con total autoridad en el cielo y en la tierra que le pertenece. Así que los cristianos proclaman que Jesús es el Cristo y que Cristo es el Señor de todos.

El camino del discípulo es trazado bajo el reinado del soberano Jesús. Necesitamos el evangelio porque vuelve nuestra mirada hacia el reino interminable del Ungido de Dios. El evangelio nos ayuda a ver por qué los ídolos no pueden salvarnos. El reinado de Jesús,  ya inaugurado pero todavía no consumado, es un fundamento firme en un mundo que construye sobre la arena.

El Abogado que necesitamos

Los cristianos son aquellos que confiesan la verdad acerca de Jesús, buscan seguir los mandamientos de Jesús, y aman al pueblo de Jesús (ver toda la carta de 1 Juan). Pero, ¿quién de nosotros es un seguidor perfecto? Somos discípulos imperfectos, y esos son los únicos discípulos que siguen a Jesús de todos modos. El evangelio nos recuerda que Jesús cumplió la promesa de un nuevo pacto contenida en el Antiguo Testamento (Jer. 31:31 -34; Lc. 22:20). Debido a que su vida sin pecado y su muerte como pecador selló un nuevo pacto para pecadores como nosotros, nuestros fracasos y pecados no anulan nuestra posición para con Dios, ni disminuyen su amor por nosotros.

A través de la fe en Jesús, estamos unidos a Él. En nuestra unión con Él, Él es nuestro Abogado. En Cristo, hay perdón y purificación. Renovación y fuerza. Súplica y seguridad. Somos santos que luchan, pero Jesús es nuestro amigo que nunca falla y que nos lleva al Padre por los méritos de su vida obediente. Podemos ir confiadamente ante el trono de la gracia porque nuestro Salvador se sienta confiadamente a la diestra de Dios.

Creciendo dentro de una vida en el evangelio

Pablo no quería que los colosenses se apartaran de la esperanza del evangelio (Col. 1:23), quería que los gálatas anduvieran por el Espíritu que había comenzado una obra de salvación en ellos (Gá. 3:1-3; 5:16-26), y había predicado a los corintios las buenas nuevas “en el cual también están firmes” (1 Co. 15:1-2). Para Pablo, los cristianos nunca dejan atrás el evangelio para algo más grande, mejor, o más profundo. El evangelio es el poder de Dios para salvar, santificar, perdonar, y preservar. El evangelio es una noticia anclada en el consejo eterno de Dios. Este es un mensaje con profundidad, dimensión, y grandeza que no podemos comprender. El evangelio nunca nos queda pequeño; simplemente crecemos en nuestra comprensión del mismo.

Nuestro peregrinaje como cristianos es por un camino de gracia. La obra expiatoria de Jesús en la cruz asegura no solo que la pena del pecado ha sido pagada, sino también que el poder del pecado ha sido derrotado. Podemos caminar en la luz y por el Espíritu. Jesús, el Rey salvador, ha venido a libertarnos. El corazón del cristiano se ha arrepentido, se sigue arrepintiendo, ha creído, y sigue creyendo. La vida cristiana es una vida centrada en el evangelio (Gá. 2:20; Fil. 1:21). Jesús tomó su cruz hasta la muerte y después vino la resurrección y gloria. Ahora Jesús nos llama a tomar nuestra cruz diariamente (Lc. 9:23) para que podamos seguirlo con fe y hacia la gloria (Mt. 25:34; 2 Co. 4:17-18).

Un futuro lleno de buenas noticias

Si eres seguidor de Cristo, me pregunto qué ves en tu futuro. ¿Ves, con ojos de fe, a Dios obrando todas las cosas para tu bien y conformándote a la imagen de su Hijo amado (Ro. 8:28-30)? ¿Percibes, como a través de un espejo velado, que tus sufrimientos actuales darán paso a una gloria venidera que es incomparable y duradera (Ro. 8:18-25)? Estas esperanzas son buenas nuevas y por lo tanto evangelio, porque el evangelio no es solo lo que Jesús ha hecho, sino lo que hará.

La vida del verdadero discípulo se está desarrollando, día a día, en el amor de Dios. Y debido a que nuestra unión con Cristo nunca será cortada (Ro. 8:31-39), nuestro futuro está lleno de buenas nuevas las cuales son eternas. El nuevo pacto es para siempre, y así el evangelio es para siempre. Jesús es el Rey redentor quien compró de las naciones un pueblo para sí mismo por medio de su sangre (Ap. 5:9-10). La gracia divina que nos persiguió ahora nos mantendrá firmes, y el Cristo del evangelio satisfará nuestros corazones con el pan vivo y el agua viva que solo Él puede dar.


Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Jenny Midence García.

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