Paz a ustedes

Por: Pepe Mendoza

La Semana Santa siempre nos permite traer a la memoria de una manera más viva la obra monumental de nuestro Señor Jesucristo a nuestro favor. Reflexionar hoy en la muerte y resurrección de Jesucristo es posible a través del testimonio fidedigno que el Señor mismo nos dejó en las páginas del Nuevo Testamento. 

Es indudable que los escritores del Nuevo Testamento, inspirados por el Espíritu Santo, escribieron con pasión sobre unos acontecimientos tan impresionantes, no solo por los sucesos mismos, sino porque eran el cumplimiento de las profecías de la antigüedad, que se convirtieron con justa razón en el centro de su proclamación de las más grandes buenas noticias jamás oídas en favor de la humanidad. El apóstol Juan dijo: «Lo que hemos visto y oído les proclamamos también a ustedes, para que también ustedes tengan comunión con nosotros» (1 Jn 1:3). Es importante destacar que la «comunión» entre nosotros, los cristianos de todas las épocas y lugares, radica en el testimonio común transferido fielmente entre generaciones de que Jesucristo, como lo dice el apóstol Pedro, «… murió por los pecados una sola vez, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, muerto en la carne, pero vivificado en el espíritu» (1 P 3:18). No une a los cristianos su perfección, moralidad, religiosidad o impecabilidad, sino la misericordia de Dios manifestada en Jesucristo, quien nos salva por gracia y no por nuestras obras. 

Ese testimonio de buenas noticias no solo es para los que todavía no conocen al Señor y su obra, sino que es un recordatorio constante del amor de Dios para los que hemos ya creído, tal como Pablo lo enfatiza al decir:

«Porque mientras aún éramos débiles, a su tiempo Cristo murió por los impíos. Porque difícilmente habrá alguien que muera por un justo, aunque tal vez alguno se atreva a morir por el bueno. Pero Dios demuestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Ro 5:6-8).

Estamos hablando de una obra de amor inconmensurable e incomprensible. Los muertos (repito: ¡muertos!, no inconscientes, débiles o simplemente caídos) en sus delitos y pecados ahora viven (repito: ¡viven” y no con una vida cualquiera, sino con vida ¡eterna!)  por el poder de Aquel que dio su vida por nosotros, ocupando nuestro lugar y muriendo la muerte que merecíamos, para resucitar y darnos la vida eterna que no merecíamos. Esa es la razón por la que Pablo también extiende este inmenso significado para ampliarlo y decir: 

«Entonces, ¿qué diremos a esto? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas? […] Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Ro 8:30-32, 38).

Celebrar la Semana Santa cada año es volver a reafirmar la verdad del amor y la gracia de Dios a nuestro favor que se extiende hasta el punto de reconocer que nuestra vida ha sido radicalmente cambiada en nuestra esencia y en nuestra posición delante de Dios, porque hemos resucitado con Cristo para vivir una vida nueva. Por eso somos llamados a poner «la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque ustedes han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, nuestra vida, sea manifestado, entonces ustedes también serán manifestados con Él en gloria» (Col 3:2-4).

Quise recalcar toda la tremenda realidad espiritual de la culminación de la obra de Jesucristo a nuestro favor para que no dejemos que la conmemoración de un evento de tal magnitud nos encuentre  distraídos con respecto a las dimensiones de esa obra, hasta el punto de que terminemos, como la gran mayoría, simplemente aprovechando el tiempo para escapar unos días de la ciudad, o nos  dejemos llevar por la rutina simplemente para asistir a los eventos especiales que la iglesia prepara para estas fechas sin mucho ánimo y más por cumplir con un deber religioso.

Creo que el peligro de perder de vista la grandiosidad de la obra de Jesucristo también fue compartida por los mismos testigos presenciales. Los sucesos eran tan extraordinarios, tan inusuales, tan sobrenaturales y tan lejos de las expectativas meramente humanas de los discípulos, que ellos terminaron desconcertados. Él testimonio de los cuatro evangelistas no oculta ni soslaya esa realidad inevitable. La muerte del maestro fue un tremendo dolor para ellos y su resurrección fue algo realmente inesperado.

Por eso titulé esta reflexión breve con las palabras que Jesucristo dijo cuando se apareció a los discípulos, quienes, por cierto, Juan nos dice que estaban encerrados en un lugar «por miedo a los judíos» (Jn 20:19). En medio de sus temores, pensamientos contradictorios, tristezas y desesperanza, Jesús se aparece en medio de ellos, sin aviso y de forma sobrenatural, y les dice, «Paz a ustedes». La paz que Jesús afirma se evidencia dramática y claramente al mostrarles en sus manos y en su costado las huellas de su tormento mortal en la cruz. Sin embargo, las heridas que deberían evidenciar su muerte, en ese momento se convierten en la prueba suprema de que la muerte ha sido derrotada y Jesucristo vive para siempre.

No olvidemos al conmemorar esta Semana Santa que, más allá de todo lo que estemos pasando, las pruebas, victorias o los sufrimientos que estemos enfrentando, Jesucristo ha vencido a la muerte (nuestro mayor enemigo), está hoy sentado a la diestra del Padre (con todo poder y autoridad) y nos ha prometido lo siguiente: «Y si me voy y les preparo un lugar, vendré otra vez y los tomaré adonde Yo voy; para que dónde Yo esté, allí estén ustedes también» (Jn 14:3). Es indudable que ahora Jesús ha completado su obra de redención, su amor por nosotros es inalterable y puede decirte a ti y a mí con absoluta propiedad una vez más:

«Paz a ustedes»
(coloca tu nombre_________)

José “Pepe” Mendoza es el Asesor Editorial en Coalición por el Evangelio. Sirvió como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú. Es profesor en el Instituto Integridad & Sabiduría, colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary, y también trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y tienen una hija, Adriana.

Puedes encontrar a José “Pepe” Mendoza en:

Por qué Jesús no bajó de la cruz para evitar Su muerte

Por: Matías Peletay
Fuente: Coalición por el Evangelio

De igual manera, también los principales sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, burlándose de Él, decían: «A otros salvó; a Él mismo no puede salvarse. Rey de Israel es; que baje ahora de la cruz, y creeremos en Él» (Mt 27:41-42).

Cuando Jesús estaba clavado en la cruz, en el momento de Su agonía, los principales sacerdotes y ancianos del pueblo le ofrecieron un trato tentador: si se bajaba de la cruz, es decir, si se liberaba de una manera milagrosa, ellos estarían dispuestos a creer que Él era el Cristo. La propuesta era atractiva, pues significaba evitar el dolor y conseguir que muchas personas creyeran en Él. Pero Jesús decidió quedarse en la cruz.

 

Para entender mejor esta oferta de último momento de parte de los líderes espirituales de Israel, podemos hacer un breve repaso de sus interacciones con Jesús.

Una generación incrédula

Los sacerdotes y líderes del pueblo se veían a sí mismos como los pastores del pueblo de la nación, eran los instructores que guiaban a los demás a través de sus enseñanzas. No estaban del todo equivocados. Pero el deseo de poder y la corrupción del corazón humano habían hecho que estos pastores se desviaran y desviaran al resto del pueblo con ellos. La corrupción de estos líderes espirituales se había acumulado por tanto tiempo que Dios había decidió arrebatarles su posición y pastorear Él mismo a Su rebaño (Ez 34:11-16). Dios mismo sería el pastor que los líderes debían ser, pero que no fueron.

Esta fue una de las promesas que Jesús, el buen pastor, vino a cumplir. Cuando comenzó a enseñar, los oyentes sabían que era distinto a los escribas, sacerdotes y demás líderes (Mr 1:22). Mientras más conocido era Jesús, más despertaba la envidia de los líderes espirituales de la nación. Luego del milagro tremendo de multiplicar los panes, unos fariseos se acercaron a Jesús para discutir con Él. Estos maestros de la ley exigían una señal del cielo (Mr 8:11-13). Actuaban como los jueces de la fe, como los únicos capaces de certificar si este hombre, que decía ser Dios, era realmente un enviado del cielo. Esta actitud arrogante les impedía ver las obras de Jesús a la luz del Antiguo Testamento, para entender que las promesas de Dios se estaban cumpliendo en Él.

Cuando Jesús se dirigió a Jerusalén para llevar a cabo Su plan como el Mesías de Dios, Sus palabras expresaban claramente que este plan incluía ser rechazado por los sacerdotes y principales del pueblo (Mr 8:31-32). En la ciudad de Jerusalén, Jesús fue recibido por la multitud como el rey esperado, una aclamación popular que fácilmente podría haber aumentado el resentimiento de los líderes de la ciudad. ¡Cuánto más luego de que Jesús echó a los mercaderes del templo! El escándalo era público, la autoridad de los sacerdotes y escribas era desafiada y la figura de Jesús crecía.

Por eso los sacerdotes, escribas y ancianos le salieron al encuentro para demandar explicaciones: «¿Con qué autoridad haces estas cosas, o quién te dio autoridad para hacer esto?» (Mr 11:28). Pero Jesús no les respondió. La pregunta solo tenía el propósito de censurar, de castigar y prohibir que Él siguiera enseñando y modificando las costumbres. Los líderes no estaban dispuestos a aprender o a escuchar alguna explicación de parte de Jesús.

Las señales estaban a la vista: los ciegos veían, los cojos andaban, los muertos eran resucitados y el evangelio era anunciado a los pobres (Mt 11:5-6). Las promesas de Dios, escritas por los profetas, se estaban cumpliendo ante los ojos de los escribas y fariseos, pero su corrupción no les permitía verlas. Su deseo de mantener el poder y su orgullo les impedía reconocer las señales. Una generación perversa y adúltera que exigía señales, pero que no era capaz de entender los tiempos acordes a las Escrituras.

Tal era la ceguera de su pecado, que cuando este liderazgo finalmente logró llevar a Jesús a la cruz, seguía pidiéndole señales a este hombre moribundo. Claro que lo hacían para burlarse, como lo hacía el resto de las personas que pasaban por allí, pero aún así se atrevieron a asegurar que ellos estarían dispuestos a creer que Jesús era el Mesías, si demostraba una señal poderosa y se bajaba de la cruz. ¿Puedes imaginarlo? Jesús liberándose de los clavos ante la multitud, recomponiendo Su cuerpo maltratado y castigado hasta el cansancio y revirtiendo todo Su sufrimiento para bajarse sano y sin un rasguño. Esa sí que sería una señal tremenda a ojos humanos.

¿No era esa invitación de los líderes del pueblo una buena oportunidad para demostrar que Jesús era el verdadero Hijo de Dios? ¿No se hubieran convertido los líderes de la nación y tras ellos, el resto del pueblo? A muchos de nosotros nos gustaría pensar que sí, porque es el tipo de señal y manifestación que nos gusta buscar.

Nos puede ayudar recordar la conocida parábola de Lázaro y el hombre rico (Lc 16:19-31), donde Jesús contó que el personaje rico aseguraba que si alguien de entre los muertos se levantaba y anunciaba la verdad a sus familiares, entonces se arrepentirían y serían salvos. Parece lógico. ¿Quién no creería si ve a un muerto resucitar para transmitirle un mensaje? Pero la respuesta de Abraham en la parábola fue: «Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán si alguien se levanta de entre los muertos» (v. 31). Si no creen por el testimonio de las Escrituras, la Palabra de Dios, no creerán, aunque se levanten los muertos delante de sus propios ojos. Otro Lázaro, el amigo de Jesús, fue resucitado ante la vista de muchos, pero no todos los testigos creyeron (Jn 11:45-46).

Esto mismo podríamos decir de los principales sacerdotes y escribas que miraban a Cristo en la cruz. Aunque Jesús se hubiera bajado en una manifestación de poder ante sus ojos, sus corazones habrían seguido endurecidos. ¿Cuántos milagros había hecho Jesús antes y no fueron suficientes para sus pretensiones? Los mismos líderes lo reconocieron: «a otros salvó». Sabían muy bien que Jesús era capaz de hacer cosas extraordinarias, por eso se burlaban de Su condición dolorosa y aparentemente derrotada mientras estaba clavado en el madero.

Se quedó en la cruz

Por más tentadora que parecía la oferta en términos humanos, el plan eterno de Dios era diferente. Jesús es el cordero preparado desde antes de la fundación del mundo para pagar el precio de nuestro rescate (1 P 1:18-20). La muerte de Jesús era necesaria para nuestra salvación. La crucifixión parecía una escena de derrota, pero en realidad era el triunfo de Cristo sobre el pecado de Su pueblo. Jesús estaba destruyendo la condena que pendía sobre nuestras cabezas (Col 2:14) y, en Su mismo cuerpo, borró nuestra enemistad con Dios (Ef 2:16).

Quedarse en la cruz fue la verdadera victoria, la verdadera manifestación de poder. Para mentes humanas nubladas por el pecado, Jesús era un abatido, un pobre hombre derrotado e incapaz de evitar su muerte. Un herido por Dios. Pero nada estaba más lejos de la verdad, pues Él estaba llevando nuestras enfermedades y sufriendo nuestros dolores, para que todo aquel que cree en Él tenga vida eterna (Jn 3:16).

En nuestra mirada humana, limitada y egoísta, hubiéramos pensado que bajarse de la cruz podría haber sido la mejor opción. Una demostración tan potente y pública podría haber convencido a muchos. Pero Jesús, conociendo el plan eterno del Padre, puso Sus ojos en los frutos de Su aflicción (Heb 12:2). El amor a Su pueblo lo mantuvo en la cruz; miró al resultado y a los beneficiarios de Su muerte y, entonces, soportó las burlas, el desprecio y la muerte. Se quedó en la cruz no por falta de poder, sino por el poder de Su amor.

Al final, morir por amor era el paso previo y necesario para resucitar con poder, y de esa manera consumar la redención de los Suyos.

Nuestros ojos lo vieron

Ninguno de los testigos de Su muerte pudo discernir lo que realmente estaba sucediendo. Ni los burladores que pasaban, ni los sacerdotes y escribas que le injuriaban con arrogancia, ni Sus discípulos que huyeron, ni las mujeres que le lloraron. Fue la gloria del Cristo resucitado lo que convenció a Sus discípulos de su fe y lo que les permitió entender el verdadero sentido y significado de la cruz.

Pero ¿cómo convencer a aquellos que no pueden ver con sus ojos físicos a Jesús resucitado? La respuesta está en lo que Abraham le dijo al hombre rico en la parábola que Jesús relató: «a Moisés y a los profetas tienen». El Espíritu de Dios nos muestra la gloria de Cristo en las Escrituras, en Moisés y en los profetas. Es imposible entender, ver y conocer el significado de la cruz fuera de las Escrituras y sin la ayuda del Espíritu Santo. Gracias a la iluminación del Espíritu, podemos entender cuál fue el poder que actuó en la resurrección y coronación de Jesús, y que ahora vive en nosotros si hemos aceptado la redención por la fe (Ef 1:18-19).

Al conmemorar el día de la muerte de Jesús, nosotros vemos mucho más que una cruz de dolor, como solo veían aquellos líderes espirituales de Israel. Nosotros vemos la gloria de Cristo, Su triunfo sobre el pecado y el precio de nuestro rescate.

Los sacerdotes y ancianos, ciegos en su arrogancia, se burlaron del Salvador en Su sufrimiento. Pero cuando escucharon la predicación del evangelio y el Espíritu actuó por la Palabra, muchos judíos fueron convencidos de sus pecados y respondieron con arrepentimiento y fe (Hch 2:37-39). Gracias a la predicación y al testimonio de la iglesia de Jerusalén, incluso muchos sacerdotes vinieron a la fe (Hch 6:7). Tal vez muchos de ellos habían contemplado a Cristo en la cruz y menearon la cabeza, algunos en forma de burla y otros con decepción. Tal vez se convirtió alguno de aquellos que gritaron con soberbia: «que baje ahora de la cruz, y creeremos en Él».

Jesús no se bajó de la cruz, sino que se quedó por amor hasta que Su obra fue consumada (Jn 19:30), y por eso muchos sacerdotes después pudieron creer. De la misma manera nosotros creemos en Dios y hemos recibido Su perdón, porque Cristo no se bajó de la cruz, sino que se quedó allí por amor.

Sobre el autor

Matías Peletay sirve como editor en Coalición por el Evangelio. Vive en Cachi (Salta, Argentina) con su esposa Ivana y su hija Abigail, y juntos sirven como misioneros de la Iglesia Bíblica Bautista Crecer. Puedes escucharlo en el podcast Bosquejos y seguirlo en Twitter.

Retorno seguro, tarea por emprender

Por: Jose Guillermo García Martines

Se avecinan días de clases. Pronto, en algunas semanas más se producirá en algunos de nuestros países, el retorno de los infantes, de adolescentes, de los “profes” y de los padres y madres a la escuela; a los horarios, reglamentos, reuniones y demás responsabilidades que ello conlleva. 

El retorno a las aulas, marca el inicio de un nuevo periodo escolar que está pleno de emociones por parte de los estudiantes que van a un grado nuevo, nuevas amistades posiblemente, así como, deberes importantes como aprobar el año de estudios.  Por parte de los padres, también hay grandes emociones, “mis niños, niñas ya vuelven a su segundo hogar, aprenderán mucho” pero estas se mezclan con preocupaciones … la lonchera, los útiles, el uniforme, la matrícula, y cuantas otras cosas rodean al reinicio de convivencia escolar. Por su lado, los maestros, vienen con sus reflexiones, sus desafíos, sus compromisos, expectativas y sueños,  de que este año escolar será mejor que el anterior. 

Volver a las aulas, nos permite apreciar diversas formas de enfrentar el momento, para algunos es el momento de volver a la rutina de actividades ya repetidas en los años de labores, para otros, será el tiempo del reencuentro, del intercambio de experiencias vacacionales, de momentos vividos intensamente.

Continuaré este artículo, enfocándome en la labor del docente. En el artista, el estratega, el mentor, el facilitador de experiencias de aprendizaje; el consejero, mi coach, mi amigo!; en aquella persona, que desde semanas antes de este momento de reinicio, ya empezó el año escolar. Después de la algarabía de las celebraciones navideñas, del inicio de un venturoso año nuevo y algunos días de recreación con sus familiares; de pronto, ya se inscribió en un nuevo curso de capacitación, para implementar nuevas estrategias de enseñanza en su desempeño en el aula; asimismo, ya se recorrió las tiendas y mercados donde se promueven los materiales para enseñar; volvió a casa con muchas ideas, con cartulinas, papeles de colores, tijeras y demás insumos para… preparar sus  materiales didácticos y por último, pero no por ello menos importante, ha visitado la librería, buscado libros con valores, mejor de índole cristiana y con grandes verdades para encantar a sus peques y joviales adolescentes.

Los maestros, las maestras que tienen una cosmovisión cristiana, que saben que desarrollan una labor para la eternidad, no pueden pensar en todas estas actividades si no han conversado con su creador, sino han revisado una y otra vez los consejos sabios de las Sagradas Escrituras para relacionarlas con sus materias escolares, si no han empleado una parte de su tiempo en alabarle y agradecerle por sus misericordias y maravillas, por su escuela, por sus estudiantes, sino están comprometidos con un curso bíblico y pasando la experiencia de ser alumnos.

Hermanas maestras y hermanos maestros, para un retorno a clases y “colocar nuevamente nuestras manos en el arado de Dios, en la escuela” (Luc.9:6) debemos tener presente algunos propósitos importantes:

    1. Debe tener una cosmovisión bíblica muy clara y entendible para compartir y desarrollar esa misma en sus alumnos. Salmo 78- Contémosles las maravillas de la creación de Dios para que conozcan su verdad y guarden sus mandamientos. Enseñemos el propósito de la muerte de Jesús en la cruz, demos a conocer la misericordia de Dios al proveernos a Jesús como nuestro Salvador y Señor. 
    2. Debemos prepararnos bien, para hacer bien nuestro trabajo. Colosenses 3:23 Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres. Un docente debe conocer nuevas formas de enseñar, de evaluar los aprendizajes, desarrollar habilidades para motivar, interrogar; ser un modelo de constancia, resiliencia. Emplear las nuevas tecnologías para presentar mejor su mensaje, etc.  No olvidemos somos modelos ante los ojos de padres e hijos. Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; 2Co. 3:2 
    3. No nos conformemos con lo que encontramos en este mundo, renovemos nuestra enseñanza con principios de la Palabra de Dios, permitamos que Dios nos transforme y comprobemos su agradable y perfecta voluntad. Romanos 12:2  Este pasaje nos refiere el consejo de Pablo a los recientes  hermanos romanos, les hace ver que la violencia, la inmoralidad, la adoración a otros dioses, la liberalidad en su pensamiento dominaba en esa región en esos pobladores; pero, ahora que conocían a Cristo, que le seguían era imprescindible abandonar esas prácticas y renovarse en su pensar, en su actuar y aun en su hablar que Jesús les había enseñado. De la misma manera maestro, maestra, desechemos la ideología que trastoca lo establecido por Dios como por ejemplo, la familia, constituida por papá, mamá e hijos; no hay otra forma; o también, la idea de que debemos agradecer a la “madre tierra” o en relación al nacimiento de Jesús, papa Noel es el abuelito de la navidad y otros casos mas…Colegas tenemos mucho que enseñar, estudiemos a fondo las Sagradas Escrituras. 
    4. Preparemos actividades, en el tiempo inicial del retorno, de poder conocer a nuestros alumnos. Dios nos ha creado únicos e irrepetibles, con talentos valiosos que podemos usar para servir a Dios y a nuestro prójimo. Por ello cada maestro debe conocer a sus alumnos, que características tienen y cuáles son sus necesidades para formarlos debidamente. Nuestros alumnos tienen, como nosotros los adultos, estilos y ritmos de aprendizajes, lo que hace necesario que generemos ambientes, estrategias, enfoques metodológicos que les permitan desarrollar sus destrezas y habilidades y lleguen a ser capaces y competentes. Un hábil carpintero emplea la madera recta para hacer varas, la madera curva para hacer ruedas. Las que son largas, para hacer vigas y postes. Asimismo un hábil profesor, sabe encontrar en cada alumno una vida creada para alabar y servir a Dios, desarrollemos su potencial y serán de gran bendición para nuestra sociedad. 
    5. Recordemos tres principios importantes para el nuevo año escolar: Recibamos la instrucción de la Palabra para enseñar; laboremos conscientes del actuar del ES en nuestras vidas y tengamos a la oración como la herramienta para conversar con nuestro amado Señor y equiparnos con estrategias, innovaciones y gozo de enseñar

Finalmente, les comparto la respuesta a una pregunta que manifestó el Pastor y también director de una escuela cristiana en República Dominicana, Lester Flaquer, en una entrevista ¿Qué consejos daría a un profesor que desea ser fiel a su vocación en medio de una cultura secularizada? El dijo: El consejo más importante sería éste: compra la verdad y no la vendas, tal como nos enseña el evangelio… 

La respuesta es desafiante para cada maestro, Estamos en un mundo que no está simplemente secularizado, sino que además es agresivo con sus posturas. 

Debemos desarrollar en nuestros estudiantes una mente muy clara, respecto a lo Dios llama bueno y malo. Estamos rodeados de eventos, invitaciones y practicas seculares muy atractivas pero que niegan y desconocen al Creador, y muchos de nuestros estudiantes que no tienen argumentos sólidos para decir que NO a estas, caen rendidos, atraídos cual mosca en la telaraña, de una serie de mentiras que el mundo cree y hasta defiende.  1 Pedro 1:14, 15

 Reitero…colegas, tenemos mucho que formar, educar en las vidas de nuestra “manada pequeña” que nos ha dado Dios en nuestra aula. Luc. 12:32

Un abrazo

José Guillermo García Martínez

Maestro cristiano desde la niñez
Docente de Secundaria: Área Comunicación
Ex director del Colegio San Andrés
Ex director del Elim, Centro de Lima

AMOR REAL O ATRACCIÓN FATAL

Por: Carlos Mesones y Abby Arrué

1. HISTORIAS FATALES, Y MÁS DIVORCIOS

A lo largo de la vida de mi esposa y de la mía, hemos visto diferentes historias que reflejan como los jóvenes viven en sus relaciones amorosas, en sus veintes y en sus treintas; y hay síntomas que se notan cuando una relación no va bien.

Lo que podemos identificar en esas historias son 3 síntomas de atracción fatal:

  • CARNAL, es decir relaciones basadas en la atracción física y sexual
    • Cuando la Biblia habla de pasiones sensuales describe justamente lo carnal; como dice un autor : “la pasión es la caricatura del amor, se parece mucho al amor, pero no tiene su potencial, no tiene el poder de construir una relación duradera y significativa, que permita a la pareja experimentar un profundo sentido de realización personal.”
  • OCULTO, con inseguridades y desafiando todo código de ética.
    • Hay quienes salen a conversar inicialmente y luego se besan, elevando el tono fuerte en las conversaciones, pero acuerdan no admitir que salen para evitar sospechas. Se llaman “mi amor” por WhatsApp o celular, pero siguen manteniéndolo en secreto y eventualmente lo niegan. Esto puede ser debido a inseguridad, vergüenza de la pareja, inmadurez o falta de fe. Génesis 20:1-18
  • TÓXICO, haciéndose daño progresivo al punto de romper un compromiso
    • Las relaciones tóxicas son aquellas en las que una de las partes, o ambas,se ven afectadas por la conducta y/o actitudes del otro. Lo tóxico busca destruir a la persona. Juan 10:10

Y muchas veces en las historias de la iglesia hay un síntoma más:

  • RELIGIOSIDAD, afán por ser bíblico, pero los demás ven falta de frutos.

Para que un árbol esté seco es porque la raíz está seca, por eso siempre la raíz de una atracción fatal será nuestra sequedad espiritual. En algunos casos hay heridas del alma no sanadas que contribuye como terreno infértil a que no prosperen relaciones sanas. Pero, sin duda siempre el problema central será la ausencia de Dios en una pareja.

Es muy cierto que hoy en día hay una presión mediática sobre los jóvenes y sobre todo en los jóvenes profesionales a tener una pareja estable y casarse, como si fuera parte de un ciclo que hay que cumplir socialmente, y a veces ante la presión se toman decisiones inmaduras sobre el empezar una relación sentimental e incluso dar el paso del matrimonio sin pensar realmente si eso tiene futuro o no.

Las estadísticas de Lima metropolitana nos dicen que la mayoría de las chicas se casan entre los 25 y 29 años de edad y la mayoría de los chicos se casan entre los 30 a 34. Pero recuerda que tu vida es personal, y debes confiar en los planes de Dios y no tratará de perseguir lo que todo el mundo que no lo conoce persigue.

Justamente porque muchos jóvenes no maduros y sin Cristo se casan, sin mayor propósito, es que en los últimos 5 años el ratio de divorcios ha pasado de 30% a 38%.

La tendencia nacional es 2 divorcios por cada 5 matrimonios, y en Europa ya es 3.

El divorcio = matrimonio inmaduro (personas inmaduras, afectadas por divorcios).

2. ETAPAS DE RELACIÓN BAJO ÉTICA CRISTIANA

La vida cristiana es una vida de procesos. Y en el ámbito sentimental, aunque no hay reglas rígidas, hay consejo bíblico para ir por etapas, y evitar un daño emocional en el camino. Por eso las etapas aconsejables, en una relación sentimental, son: amistad, enamoramiento, noviazgo, y matrimonio. Como bien dice ese dicho entre pastores: “amistades largas, noviazgos cortos, matrimonios para toda la vida”. Al mismo tiempo la vida cristiana es como un iceberg, donde importa tanto lo que se ve como lo que está debajo de lo visible, pues allí es donde ocurren pasiones desbordadas como el sexting, pornografía, entre otras, de las cuales solo el Señor puede liberarnos si lo dejamos tomar el control de nuestra vida y nuestras relaciones.

3. SANSÓN: SOLO ATRACCIÓN FATAL

La historia de Sansón curiosamente empieza con la historia de sus padres, quienes adoraron genuinamente Dios. Sansón recibió un buen ejemplo, pero eso no implica que tomemos buenas decisiones. Jueces 13:8-22

Sin embargo, luego vemos en la historia de Sansón que fue movido más por sus pasiones y emociones, que por la fe que tenían sus padres.

Hoy en día, justamente, parte del problema con la idea del “enamoramiento”, es la distorsión que el mundo hace respecto a lo que es el amor. A menudo sería más exacto decir que aquellos que se “enamoran”, en realidad “caen en la lujuria” o “caen en el encaprichamiento” o “caen en la co-dependencia”.

La historia nos lleva al capítulo 14 de Jueces. El texto dice:

Sansón fue al pueblo de Timná, y al ver a una joven filistea se enamoró de ellaCuando volvió, le dijo a sus padres:

—He visto en Timná a una joven filistea, y quiero casarme con ella. Hagan ustedes los arreglos necesarios para la boda.

Sus padres, entonces, le preguntaron:

—¿Por qué tienes que elegir como esposa a una mujer de esos filisteos, que no conocen a Dios? ….

Pero Sansón insistió:

Esa muchacha es la que me gusta. Vayan a pedirla para que sea mi esposa.

¿Quién le puso el pare? ¿Y hoy quién le pone el pare a jóvenes encaprichados?

Padres, mentores y líderes deben ser consientes de su responsabilidad como iglesia. Como amigos sean sinceros cuando vean algo mal, y díganselo a quien lo necesite.

Enamorarse fuera de Dios… es solo carnal, sensual

Sansón se había acostumbrado a complacer sus caprichos, a mentir, y creía que todo eso nunca tendría consecuencias. Caía en relaciones tóxicas, como vemos en sus 2 relaciones más detalladas, sin considerar que tuvo sexo con una prostituta.

Sansón tuvo una prometida, y ella le estuvo llorando durante toda una semana, en una dinámica súper tóxica, para obtener información. ¿Qué curioso que la biblia ya nos hable de estos temas aún en medio de quienes Dios escoge con planes divinos no?

El chantaje emocional es tóxico… siempre.

En el capítulo 15 vemos hazañas de Sansón, y al mismo tiempo se nos dice que “Durante veinte años, Sansón fue jefe de los israelitas”. Pero, aunque habían pasado 2 décadas, el corazón de Sansón no había madurado, por eso un día “vio a una prostituta, y entró a su casa para pasar la noche.”

Tiempo después el relato nos muestra la dinámica tóxica en la que cayó con Dalila:

16: 4 Después Sansón se enamoró de una mujer llamada Dalila, que vivía en el valle de Sorec.

—¿Cómo puedes decir que me amas, si me sigues engañando? …todavía no me dices cuál es el secreto de tu gran fuerza!

16: 16 Todos los días Dalila seguía insistiendo con la misma pregunta, y tanto se hartó Sansón que se quería morir.

17 Finalmente, Sansón le confesó a Dalila su secreto.

20 Sansón despertó pensando que iba a librarse como antes, pero no sabía que Dios ya lo había abandonado.

21 Los filisteos lo sujetaron y le sacaron los ojos.

Una relación que empieza mal, termina mal, te aleja de Dios, y te hace daño.

4. ISAAC Y REBECA: UN AMOR REAL

Antes de entrar a otro modelo bíblico positivo me gustaría que conozcamos la teoría triangular del amor de Robert Stemberg, que se basa en 3 componentes:

  • INTIMIDAD
    • Conexión y el vínculo entre la pareja
    • Comunicación, respecto y bienestar
  • PASIÓN
    • Atracción sexual
    • Excitación emocional /experiencias
  • COMPROMISO
    • Deseo de mantener la unión
    • Compartir un proyecto de vida

 

Ahora sí vamos de lleno con una historia muy positiva como la de Isaac y Rebeca, en Génesis 24. Vemos en este relato 2 principios claves para la elección de la pareja:

  • Fe en común [ 24: 3-4 …no casarás a mi hijo… con ninguna mujer de Canaán.]
  • Actitud y vocación de servicio [14 permite que la muchacha a quien le pida… no sólo me dé agua a mí… Así sabré…]
  • Obediencia el Señor [14  … que ella es la mujer que has elegido para Isaac, quien siempre te obedece en todo»]

Isaac tenía claro su propósito, que era el mismo que había recibido su padre, de que Dios los usaría para una nueva nación, Isaac era obediente a lo que Dios le ordenaba. Con fe, intercesión en oracion y en obediencia se escoge bien.

Si no comparte la misma fe en Jesús mejor ni lo intentes.

Escoge familiares, amigos y mentores que te apoyen en un proceso tan importante y complejo como es una pareja para toda la vida, tú escoges esos consejeros.

Si es de Dios, lo reconoce la familia, los amigos y la iglesia. Ser parte de la Iglesia también es compartir tu vida sentimental con esa Comunidad de fe siempre que estés dispuesto a vivir bajo la ética cristiana qué enseña Jesús.

Yugo desigual

Un asunto muy distorsionado dentro de la Iglesia es el concepto del yugo desigual. muchos han crecido presuponiendo que cuando la Biblia dice que no se unan en yugo desigual con los incrédulos se está refiriendo a la relación sentimental entre un evangélico y un católico, y eso no es preciso. El concepto del yugo desigual no se refiere a la religión de procedencia de cada persona, sino se refiere al origen de la fe personal que cada uno ha decidido tener. Debe responder a preguntas como: ¿Has nacido de nuevo, te has arrepentido? ¿o pecar es normal para ti?

Incluso con el tiempo no solo se refiere a la fe sino también al propósito de vida en Dios que cada persona ha asumido en su propia vida. Algo claro de parte de Dios. ¿Tienes propósito en tu vida para unirte a alguien?

4.TESTIMONIO PERSONAL: ABY Y CARLOS 

Nuestra historia de amor como cualquier otra es bien particular, pues aún a pesar de estar ambos sirviendo al Señor cada uno trae su propia historia personal de decepciones amorosas y ciertos fracasos.

Nos conocimos en abril del 2018, luego fuimos sirviendo juntos en el ministerio, nos hicimos amigos, y con el paso de tiempo surgió una amistad especial, pero que nunca cruzó la línea de una amistad por el respecto que ambos nos teníamos el uno al otro, y porque ella se encontraba en una relación. Solo cuando ella estuvo nuevamente libre, con los sentimientos más claros, y una convicción definida de parte de Dios, es que me atreví a decirle para salir y mostrarle lo que había en mi corazón, esperando por fe que ella dijera lo mismo. Eso fue en diciembre del 2019. Y luego de unos meses de orar, y que nos apoyaran en oración, decidimos empezar nuestra relación en marzo del 2020, previo a la pandemia.

Fue un proceso difícil, pero logramos en el Señor sobrellevar la relación a distancia por 4 meses, y en ese año nos comprometimos, y al año siguiente, el 3 de julio del 2021 nos casamos delante de Dios, nuestra familia y amigos. Fue un día de gran bendición, y una de las mejores vacaciones que hemos disfrutado con Aby.

 

Conclusión

Finalmente, para evitar relaciones fatales debemos reemplazar esos síntomas de los que hablamos enfocándonos en Jesús, y lo que él representa para nosotros. Es evidente que las decisiones impulsivas basadas en la atracción física, la falta de transparencia y las dinámicas tóxicas llevan al dolor, nublarnos y alejarnos de Dios.

Sin embargo, al seguir los principios de amistad, fe compartida y servicio mutuo, como vimos en la historia de Isaac y Rebeca, podemos construir relaciones sólidas y significativas que honren a Dios.

Nuestro testimonio personal nos recuerda que la búsqueda de la voluntad de Dios y la confianza en Su guía pueden llevarnos a una relación llena de propósito y bendición.

Por lo tanto, te invito reflexionar sobre sus propias relaciones y dejar que Dios audite tu corazón, mente y las decisiones que estás tomando.

¿Dejarás que Dios “guíe” tu relación, actual o futura?

Carlos Mesones y Abby Arrué son pareja pastoral de jóvenes en la IAC y M de Monterrico

Amistad y enamoramiento

Por: Nick Davies

¿Dónde está la línea entre amigos y enamorados? ¿Cómo sabes si ya son ‘amigos con compromiso’?

Establezcamos los datos sencillos sobre la diferencia entre nosotros y los tiempos bíblicos. En aquel entonces:

  • El enamoramiento no existía.
  • Las amistades entre géneros fuera de la familia eran raras.
  • Las que existían eran “amistades de reciprocidad” – patrones y clientes.

Sin embargo, actualmente vivimos en una cultura muy diferente, con nuestra educación de masas, mayor movimiento social, redes sociales más amplias y diferente ritmo de relaciones románticas. La diferencia entre una o dos generaciones es bastante grande, por no hablar de hace 2000 años. Debemos tener cuidado con cómo aplicamos fielmente la Biblia a nuestros tiempos cuando pensamos en la amistad y el enamoramiento.

Empecemos por ver cómo Jesús define la amistad como amor mutuo sacrificial, y luego pensaremos en lo que esto significa para el enamoramiento.

 

El ADN de todas las relaciones cristianas: amigos de Jesús y entre sí.

En Juan 15, poco antes de la cruz, Jesús llama por fin amigos a sus discípulos.* Tómate un momento para leer estos tres versículos:

12 Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. 13 Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. 14 Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. 15 Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.

La amistad en este sentido cristiano es algo más que la comprensión normal de una mera historia compartida, experiencias e intereses comunes. Es amor sacrificial, modelado por Jesús dando su vida por sus discípulos. Saber esto los clasifica en una categoría diferente: de siervos a amigos (v. 15). Ahora están en el círculo íntimo, saben de qué se ocupan el Padre y el Hijo.

Esto era bastante contracultural en dos frentes. Es el lenguaje de la familia redirigido para referirse a personas que no son familia. Además, esto es muy diferente a las “amistades de reciprocidad” de patronos y clientes. Sus discípulos, y nosotros, debemos seguir su ritmo de amistad, de amor sacrificado a los demás. Lo deja claro en los dos versículos siguientes:

16 No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé. 17 Esto os mando: Que os améis unos a otros.

La relación básica entre todos los cristianos es esta amistad mutuamente sacrificial, basada en el maravilloso acto de gracia de Jesús declarándonos sus amigos, muriendo por nosotros. Entre ancianos y jóvenes, líderes y laicos, hombres y mujeres, la forma predeterminada de relacionarse es como amigos en la forma en que Jesús describe allí en el versículo 13. Cualquiera que sea la función de la reunión eclesial -un culto, una reunión de jóvenes, de jóvenes adultos, de hombres y mujeres-, todas ellas son, ante todo, reuniones de amigos que se aman mutuamente. Este fuerte vínculo horizontal es el ADN de todas las relaciones cristianas. Si se me permite ser un poco provocador, cuando se piensa en ello, la amistad es más importante que el matrimonio porque es nuestra amistad juntos lo que continuará en la eternidad, no los matrimonios (Mateo 22:30).

 

Amistad y enamoramiento

¿Qué tiene que ver esta plática sobre la amistad con el enamoramiento? Como soltero o soltera, cuando pienses en los otros solteros y solteras de tu iglesia, tienes que pensar en ellos como tus amigos que se sirven mutuamente con sacrificio, como Jesús. Así es como toda la iglesia debería relacionarse entre sí todo el tiempo.

Desafortunadamente, algunos cristianos están atrapados en la misma mentalidad que el mundo sexualizado en el que vivimos. Al igual que el mundo, se ven a sí mismos principalmente como objetos sexuales, pero desde el punto de vista cristiano como tentaciones o amenazas para el matrimonio. Es la misma cosificación sexual de la sociedad, sólo que con un gran “no” en lugar de un gran “sí”, dejando a Jesús fuera de juego. Estos cristianos y la sociedad son solo dos planetas orbitando el mismo sol enfocado en el sexo.

Y así, sin esta mentalidad de relacionarse unos con otros como amigos, como quiere Jesús, todas las relaciones entre hombres y mujeres solteros se centran en el matrimonio, viéndose unos a otros como potenciales parejas sexuales monógamas, o tentaciones sexuales. Entonces:

  • Los consejos cristianos sobre las relaciones se reducen a una plétora de guías legalistas de lo que se debe y no se debe hacer, de normas que advierten a los hombres y mujeres cristianos sobre cómo no deben relacionarse entre sí, o bajo qué límites casi farisaicos pueden hacerlo, todo ello etiquetado como “sabiduría bíblica”.
  • Los ministerios juveniles se convierten en mercados de carne, que separan a los cristianos solteros del resto de la iglesia hasta que se casan (¡como si el matrimonio resolviera todos los problemas!)
  • A los hombres casados se les anima a temer a otras mujeres como tentaciones, y a sus esposas se les enseña a ver a sus hermanas en Cristo como amenazas. (Por alguna razón, siempre son las mujeres las que parecen ser el problema. Qué extraño…)

En lugar de las profundas amistades contraculturales de fraternidad sacrificial de la familia de Cristo, nos vemos reducidos a una anémica red de ligeras conexiones entre hombres y mujeres centradas en prepararse para el sexo, o en evitarlo.

No es de extrañar que, desde este punto de partida, los consejos cristianos sobre el enamoramiento, aunque bienintencionados, coqueteen todos demasiado cerca del legalismo. Por el contrario, debemos partir de lo que Jesús dice de nosotros, y de cómo quiere que nos relacionemos unos con otros. Como amigos suyos a los que Él ama sacrificadamente, juntos, hombres y mujeres, somos amigos que se aman sacrificadamente unos a otros. Este es el ambiente de gracia en el que nos enamoramos.

Al vivir así, habrá brotes de emoción, preguntas del tipo “¿le gusto?” o “me gusta más de lo que pensaba”. ¡Genial! Son los buenos deseos de intimidad y sexo que Dios nos ha dado. Pero como nos vemos como amigos en la forma en que Jesús habla de ello, por lo tanto no seguimos ciegamente tales emociones, sino que hablamos con nuestros amigos más sabios (familia o amigos cristianos) para ayudar a equilibrar los químicos locos que impulsan nuestros deseos. Interrogamos nuestros motivos que pueden llevarnos a ver al otro principalmente como un objeto sexual.

No hay reglas de oro, ni marcadores claros, ni indicadores fáciles para saber cuál es la línea que separa a los amigos de los amigos con compromiso, porque la atención no se centra en el proceso, sino en las relaciones que buscan servir a los demás como Cristo se entregó por nosotros, y ellos por nosotros.

El paso de esto a una relación romántica es complicado y sólo se ve claro en retrospectiva. Esa es la naturaleza de las relaciones. Bajo la gracia, con el poder del Espíritu, no hay reglas farisaicas. Sólo hay sabiduría guiada por el Espíritu, centrada en la relación que Jesús nos ha dado con el sexo opuesto: la familia fraterna.

En este Día de los Enamorados, recuerda que Jesús te llama su amigo, por el que dio la vida, para hacerte parte de una familia de amigos, cada uno sacrificándose como Él. Esa mujer que te gusta, ese hombre que te gusta, es tu amigo, una relación profunda que sólo existe gracias a Jesús. No pienses como el mundo, viéndolo a él o a ella como un objeto o una meta para el placer, más bien sigue una mentalidad diferente. Es la mentalidad de un amigo de Cristo, la mentalidad de ver a los otros amigos de Cristo como oportunidad de servir en vez de pareja o tentación potencial. Es la mentalidad de amar como amigos en Cristo, sin temor, que es la base para cualquier dirección romántica que puede suceder.

 

 

 

 

*Estoy en deuda hacia el hermano Andrew Bunt y su artículo Jesus on Friendship por el recordatorio de Juan 15 y el tema de amistad. Recomiendo la lectura con Google Translate https://www.livingout.org/resources/articles/113/jesus-on-friendship

Nicolas Davies es misionero de CMS Australia en Perú.

Navidad, ¿Cuál es su importancia?

Por Francisco Vergara

Introducción

Todos los años el mes de diciembre es muy agitado. Los comercios esperan hacer una venta significativa, los trabajadores tienen expectativa de recibir algún bono, gratificación o estipendio adicional, los niños esperan que sus padres estén listos para darles algún regalo, etc. Las familias están saturadas de reuniones en distintos lugares, quizás con parientes a los que no han visto por largo tiempo, recordando a los que ya partieron, extrañando a los que están lejos, etc. Todo ello por la temporada: es navidad. Pero, ¿Qué es la navidad? ¿Cuál es su significado para la humanidad? ¿Qué esperan los cristianos que ocurra en esta época? ¿Cuáles son las noticias que resultan más importantes y urgentes en nuestra vida en este tiempo?

¿Qué es la navidad?

El mundo occidental y cristiano ha establecido como una fecha importante el 25 de Diciembre: se recuerda el nacimiento del Salvador. Es necesario mencionar que la fecha no es correcta, de acuerdo a los datos proporcionados por las Escrituras; pero se señaló, no obstante, que más allá de la precisión de la fecha del natalicio, lo importante es lo que se recuerda. La Encarnación tiene como propósito que el mensaje salvífico se difunda, que se establezca un pueblo de Dios, compuesto por todos aquellos que reconocen a Dios como Creador y a Jesucristo como su Salvador (Is. 7:14 cf. Mt. 1:21-23). La roca sólida sobre la cual se levanta la iglesia es la afirmación o reconocimiento de que Cristo es el Hijo de Dios, nuestro Salvador, y quien le brinda todo el soporte es la Escritura (Mt. 16:16).

Lo que los cristianos esperan que ocurra en estas fechas, de tanta sensibilidad emocional, es que muchos puedan, al escuchar la Palabra de Dios, volver a Él, por medio de Jesucristo y el poder transformador del Espíritu Santo. En medio de una sociedad dominada por el espíritu comercial es importante recordar que la Navidad tiene que ver con algo más trascendente. La situación del ser humano delante de Dios está signada por el rechazo deliberado a Su autoridad. Este rechazo o negativa a someterse a Él se produce no por razones intelectuales, fallas en el razonamiento lógico o problemas de comprensión. Los seres humanos no quieren reconocer a Dios porque eso llevaría como consecuencia el sometimiento a Él como Aquel que puede ordenar y a Quien tenemos que obedecer. El problema es moral, ético, espiritual.

La navidad es el recuerdo del prodigio más grande de la historia de la humanidad. Navidad significa el momento en que Dios se hace un ser humano, para en esa condición dar la salvación a Sus elegidos. Navidad es la fecha en que se inicia la operación rescate; Dios se hace un hombre para que el hombre pueda llegar a estar en una relación armoniosa con su Creador. Es la fiesta del perdón.

¿Qué noticias hemos recibido hoy?

Las noticias de nuestros días son cada una más espeluznante que la otra. La situación en el país es de correr. La corrupción se ha evidenciado en todo nivel de las personas que ejercen “autoridad”, que pueden ser legales, pero no legítimas. Entonces, ¿Qué noticia nos puede ser de aliciente? ¿Qué deberíamos escuchar para que tengamos un fin de año más llevadero y con esperanza?

La navidad es la mejor noticia que podemos recibir. Algunos dirán que esto no es correcto, pues los problemas que nos aquejan son tan arraigados en la sociedad que no hay solución posible. Es la noticia de que Dios ha visto nuestra miseria y dispuso que Cristo, el Hijo de Dios, venga para que la humanidad cambie. Si Dios ha venido hasta nosotros debemos atender el mensaje suyo y cambiar nuestra comprensión y conducta. La comprensión correcta del amor de Dios, quien viendo a los hombres tan perdidos y sin rumbo ha querido ingresar en la historia para cambiarla. Nuestra conducta debe ser regulada por la Palabra suya.

Este cambio no debe ser solo en el individuo, sino en la comunidad de la que la persona forma parte. Y es que Dios vino a convocar un pueblo, no individuos aislados. Todos los escogidos de Dios se deben integrar en una comunidad de fe, en la que se ponga en ejercicio los valores del Reino de Dios que hizo su irrupción en la historia en la noche de navidad.

Esa es la mejor noticia que podemos recibir en estos días de incertidumbre, desaliento y fastidio. La primera necesidad del hombre es estar en una relación buena con Dios, algo que no podemos lograr por nuestra iniciativa ni actuación, sino por la misericordia de Él, quien a pesar de nuestra condición perdida y rebelde nos vio con ojos de misericordia y derramó su gracia para nuestra recuperación y salvación.

Pero al mismo tiempo, con la noticia buena que recibimos, también se hace notar la tragedia de muchos cientos de millones de personas que siguen, con obstinación, dando la espalda a Dios. El evangelio es precedido por una mala noticia: los que dan la espalda a Dios están condenados por rechazar la acción misericordiosa de Dios. Los cristianos estamos llamados a difundir la buena noticia a todos aquellos que viven rechazando a Dios para que, en medio de su desvarío, el Espíritu Santo los toque salvíficamente y vengan a integrarse en la avanzada del reino de Dios.

Conclusión

Lo que usualmente hacemos al recordar un cumpleaños es, además de saludar al festejado, llevarle algún obsequio que exprese nuestro afecto. Si lo que recordamos en la navidad es la Encarnación, y lo que aquella obra portentosa trajo como consecuencia para los hombres, entonces bien valdría la pena que tengamos presente que el regalo de Dios para nosotros es la salvación. Entonces, ¿Qué estamos haciendo para festejar el nacimiento de Cristo? ¿Qué obsequio pondremos a sus pies? ¿Cuál es la noticia que vamos a difundir?

¡Que Dios nos ayude a dedicarnos con esfuerzo y valentía a anunciar que el amor de Dios vence al mundo!

Planeta Tierra

¡Feliz Navidad! ¡Feliz fin del mundo!

Por: Nick Davies

La Navidad es la ocasión en que celebramos la llegada de Dios mismo. Jesucristo, el Hijo eterno, se encarnó para ser nuestro salvador. El niño en el pesebre es el Dios que nos salva del castigo por nuestra rebelión contra él. En Navidad celebramos el mayor regalo de una relación restaurada con él por su gran amor por nosotros. Pero también celebramos el fin del mundo.

No me disculpo por ser dramático e hiperbólico, porque esta es la historia de las Escrituras.

Preparemos la escena. Durante siglos y siglos. Israel estaba atrapado en un ciclo terrible de arriba hacia abajo. Los reyes eran injustos e idólatras. Los sacerdotes de Dios eran blasfemos e ignoraron la Pascua durante siglos. La palabra de Dios se había perdido físicamente durante quién sabe cuánto tiempo. Y al pueblo de Dios no le importaba nada su Dios, viviendo vidas egoístas e injustas. Incluso la destrucción de las 10 tribus del reino del norte en 722 a.C no fue suficiente advertencia. Después de siglos, había llegado la hora del juicio. Así que, en 586 a.C, Dios envió a Babilonia para arrasar Judá, Jerusalén y el templo, reduciendo al rey de Israel a nada más que una mascota real.

Pero Dios es fiel y promete restaurar Israel con un pueblo renovado en una tierra renovada. Y a través de esto, Dios juzgará al mundo. Juicio y restauración a un mundo perdido y manchado por el pecado.

Isaías 49 es un clásico:

Así ha dicho Jehová, Redentor de Israel, el Santo suyo, al menospreciado de alma, al abominado de las naciones, al siervo de los tiranos: Verán reyes, y se levantarán príncipes, y adorarán por Jehová; porque fiel es el Santo de Israel, el cual te escogió. (49:7)

Pero así dice Jehová: Ciertamente el cautivo será rescatado del valiente, y el botín será arrebatado al tirano; y tu pleito yo lo defenderé, y yo salvaré a tus hijos. Y a los que te despojaron haré comer sus propias carnes, y con su sangre serán embriagados como con vino; y conocerá todo hombre que yo Jehová soy Salvador tuyo y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob. (49:25-26)

El remanente del pueblo de Dios se aferró a esta promesa, por lo que no es de extrañar que María y Elizabet se emocionen, María se pone un poco apocalíptica, equiparando la llegada de su bebé al gran cambio prometido por Dios:

Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes, y a los ricos envió vacíos. Socorrió a Israel su siervo, acordándose de la misericordia de la cual habló a nuestros padres, para con Abraham y su descendencia para siempre. (Lucas 1:52-56)

Y cuando Jesús es presentado en el Templo, Simeón, comprendiendo lo que significa este nacimiento, recuerda Isaías 49 (que vimos antes), el canto de la llegada del siervo a través del cual Dios restaurará y vindicará a Israel. “El rey está aquí. Ahora es el momento de que Dios juzgue y restaure el mundo”.

Ese rey, Jesús, es el niño que celebramos en Navidad. El rey del mundo que juzga y restaura.

Pero este rey era diferente. El juicio y la restauración no comenzaron con un poderoso ejército, sino en la cruz. El rey mismo fue juzgado en nuestro nombre para que pudiéramos ser restaurados como anticipo del juicio final y la restauración cuando venga de nuevo a terminar lo que empezó:

“Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera. Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.” (Juan 12:31-32)

¿Qué se siente al celebrar el principio del fin del mundo? “Celebrar” es la palabra adecuada porque el bebé cuyo nacimiento reconocemos, cuya llegada cumple la promesa de juzgarlo y restaurarlo todo, es el mismo bebé cuya muerte y resurrección significa que no tenemos lo que nos merecemos. Es el mismo bebé cuyo regreso como rey resucitado y justo para restaurar todas las cosas es lo que esperamos.

¡Feliz Navidad! ¡Feliz fin del mundo!

Nicolas Davies es misionero de CMS Australia en Perú.

Tú puedes entender el Antiguo Testamento mejor que quienes lo vivieron

Por JASON S. DEROUCHIE

Fuente: Coalición por el Evangelio

«No se servían a sí mismos» (1 Pedro 1:12).

Según los autores del Nuevo Testamento, los autores del Antiguo Testamento sabían que estaban hablando y escribiendo para los creyentes del nuevo pacto, y también tenían cierto nivel de conciencia sobre quién sería Cristo y cuándo aparecería. Con la venida de Cristo, la anticipación da lugar al cumplimiento y los tipos encuentran su antitipo, lo que significa que los miembros del nuevo pacto pueden comprender la plenitud del significado del Antiguo Testamento mejor que los rebeldes y el remanente del antiguo pacto.

La audiencia del Antiguo Testamento

Romanos 4:23-2415:4 y 1 Corintios 10:11 resaltan que el autor del Antiguo Testamento escribió su texto en beneficio de los creyentes que viven a este lado de la cruz. Para Pablo, el Antiguo Testamento es Escritura cristiana y plenamente aplicable a los creyentes cuando se lee a través de Cristo.

El apóstol también se lo dijo a Timoteo. Hablando de las Escrituras judías, escribió que las «Sagradas Escrituras… te pueden dar la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús» (2 Ti 3:15). Así, Pablo afirma: «Toda la Escritura es… útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra» (2 Ti 3:16-17).

Basándose en este hecho, los autores del Nuevo Testamento citan con frecuencia instrucciones del Antiguo Testamento, asumiendo su relevancia para los creyentes de hoy. Por ejemplo, Pablo recurre a los Diez Mandamientos cuando se dirige a los hijos (Ef 6:2-3Éx 20:12Dt 5:16) y toma de textos sobre ejecución de Deuteronomio cuando habla sobre la excomunión (1 Co 5:13Dt 22:212224). Pedro también recuerda el estribillo de Levítico cuando escribe: «sean ustedes santos en toda su manera de vivir. Porque escrito está: “Sean santos, porque Yo soy santo”» (1 P 1:15-16Lv 11:44-4519,22026).

Dado que ahora formamos parte del nuevo pacto y no del antiguo, es natural que surjan preguntas sobre cómo debe relacionarse exactamente el cristiano con determinadas leyes o promesas del antiguo pacto. Sin embargo, el punto es que Dios dio el Antiguo Testamento para la instrucción cristiana.

Pablo no fue explícito en cuanto a si era solo intención de Dios, como Autor supremo, escribir el Antiguo Testamento para nuestra instrucción, o si esa era también la intención de los autores humanos. Pedro, sin embargo, lo dejó claro cuando escribió que «a ellos les fue revelado que no se servían a sí mismos, sino a ustedes» (1 P 1:12). Enfatizó que los propios autores humanos sabían que sus palabras en el Antiguo Testamento no eran principalmente para ellos, sino para los que vivirían después de la venida de Cristo. Por tanto, el Antiguo Testamento es más relevante para los cristianos de hoy que para la mayoría en la época del antiguo pacto.

La interpretación de los profetas del Antiguo Testamento sobre la persona y el tiempo de Cristo

En Juan 8:56, Jesús declaró que Abraham esperaba ansiosamente la venida del Mesías. Del mismo modo, Pedro creía que el propio David anticipó la venida de Cristo en el Salmo 16 (Hch 2:30-31), y las últimas palabras de David afirman que esperaba un gobernante justo, quien vencería la maldición e iniciaría una nueva creación (2 S 23:3-7). Asimismo, el escritor de Hebreos enfatizó: «Todos estos murieron en fe, sin haber recibido las promesas, pero habiéndolas visto desde lejos» (He 11:13). El remanente del Antiguo Testamento disfrutó de cierta luz; ellos mismos escribieron sobre el Cristo y esperaron en Él.

Por otra parte, Jesús también declaró que «muchos profetas y reyes desearon ver lo que ustedes ven, y no lo vieron» (Lc 10:24). Parece que debemos entender que los antiguos profetas de Yahvé veían realmente la belleza y los propósitos de Dios y la esperanza que les aguardaba, aunque también afirmamos que no experimentaron y, por tanto, no comprendieron todo lo que nosotros experimentamos en Cristo. Para ellos, la revelación plena aguardaba un día posterior.

1 Pedro 1:10-12 refleja las dos vertientes de este marco interpretativo. Según Pedro, los profetas eran estudiosos de la revelación previa. Bajo la guía del Espíritu (2 P 1:21), «diligentemente inquirieron y averiguaron» para saber quién sería el Mesías y cuándo aparecería. Aunque tal vez no supieran el nombre de Jesús, tenían una idea general del tipo de persona que sería y de cuándo vendría, y a menudo lo aprendían estudiando las Escrituras (p. ej., Sal 119:2Dan 9:2). En efecto, la revelación progresó del Antiguo al Nuevo Testamento, pero el desarrollo fue a menudo de la predicción consciente al cumplimiento realizado, no simplemente una predicción de la que solo Dios era consciente originalmente y que ahora reconocemos retrospectivamente.

Como en el caso de Daniel (Dn 12:8-10), el significado completo de algunos textos del Antiguo Testamento trasciende la comprensión de los autores humanos. No obstante, el Nuevo Testamento da testimonio de que estos autores solían comprender sus visiones del final de los tiempos, esperaban verdaderamente al Mesías y sabían algo de cuándo vendría. Además, los intérpretes deben esperar que el uso que los autores bíblicos hacen de la Escritura antecedente surja orgánicamente de los materiales anteriores, sin contradecirlos nunca, porque toda la Escritura viene de Dios (2 Ti 3:16) y los profetas «diligentemente inquirieron y averiguaron» (1 P 1:10) e hicieron interpretaciones guiadas por el Espíritu (2 P 1:20-21).

La incapacidad de los rebeldes para comprender el Antiguo Testamento

El Nuevo Testamento deja claro que la ceguera asociada a la mayoría incrédula del antiguo pacto continuó en tiempos de Cristo. Vemos esta incapacidad, por ejemplo, en los líderes religiosos a los que Jesús se enfrentó en numerosas ocasiones (p. ej., Mt 12:3-7Lc 16:31Jn 5:39-40). Los líderes judíos estaban espiritualmente ciegos, incapaces de ver cómo el Antiguo Testamento mismo señalaba a Cristo.

Los evangelios indican las raíces de esa ceguera. En resumen, hablan de una maldad innata hostil a Dios, de corazones duros, de deseos alineados con el diablo y de una pasión por la alabanza de los hombres por encima de la gloria de Dios (Mt 16:3-423:6Mc 3:5Lc 11:4320:46Jn 8:42-44). El resultado fue que no podían oír la voz de Dios ni saborear la belleza y los propósitos de Dios en las Escrituras. Allí donde iban los líderes, iba también el resto de la nación (Juan 12:37-41).

Asimismo, otros pasajes del Nuevo Testamento enseñan que la era del antiguo pacto era una era de ignorancia y dureza (Hch 17:30Ef 4:181 Pe 1:14), en la que el diablo mantenía ciega a la mayor parte del mundo ante las glorias de Dios que culminaban en Cristo (2 Co 4:3-4). Pero en Jesús amanece la nueva creación, con la luz del evangelio rompiendo el horizonte y dispersando las tinieblas y las sombras (4:6).

¿Por qué prolongaría Dios tal temporada de dureza, ignorancia y ceguera? Si Romanos 9:22-24 nos sirve de indicación, Pablo cree que Dios se propuso mover a los que recibían Su misericordia a maravillarse más de Su multiforme gloria en Cristo. El Señor hizo las tinieblas tan profundas y la noche tan larga, para que nosotros, sobre los que ha amanecido la luz, podamos saborear aún más el calor, el brillo y la gloria misericordiosa de Dios envuelta en el don de Cristo.

El retraso del remanente en comprender el Antiguo Testamento

El Nuevo Testamento deja claro que algunos, como Simeón, anticipaban la venida de Cristo y comprendían correctamente Su persona y Su obra, incluida Su misión de sufrimiento (Lc 2:25-35). Sin embargo, muchos de los discípulos más cercanos a Jesús no reconocieron plenamente quién era ni todo lo que las Escrituras anticipaban sobre Él (ver, p. ej., Mr 4:138:31-33).

Lucas enfatizó especialmente el desconocimiento del Antiguo Testamento por parte de los discípulos. Después de Su resurrección, Jesús desafió a aquellos dos en el camino de Emaús por no haber «creído todo lo que los profetas han dicho» (Lc 24:25). Sin embargo, les hizo comprender el significado del Antiguo Testamento (v. 27), cumpliendo así lo que Isaías y Daniel dijeron que sucedería (Is 29:18Dn 12:10). Del mismo modo, Cristo se apareció más tarde a los seguidores que le quedaban y «les abrió la mente para que comprendieran las Escrituras» (Lc 24:45). El Cristo resucitado permite ahora a Sus seguidores ver en la Biblia cosas que siempre estuvieron ahí, pero que eran inaprehensibles sin la luz y la lente correctas (ver Ro 16:25-262 Co 3:14). En Cristo, Dios «ilumina» los ojos de nuestros corazones (Ef 1:18).

El Evangelio de Juan, en particular, destaca cómo la resurrección y glorificación de Cristo marcan un punto de inflexión en la comprensión de la Escritura por parte de los discípulos. En Juan 2:20-22, por ejemplo, la resurrección de Jesús movió a los discípulos a abrazar de una forma nueva «la Escritura y la palabra que Jesús había hablado». Asimismo, como deja claro Juan 12:13-16, solo cuando el Padre glorificó a Su Hijo, los seguidores de Cristo relacionaron el modo en que las Escrituras del Antiguo Testamento daban testimonio de la entrada triunfal de Cristo.

Conclusión

Los autores del Nuevo Testamento afirman que el Antiguo Testamento fue escrito para los cristianos y que los profetas sabían que escribían para nuestro provecho. Los profetas también sabían algo sobre Cristo y el momento de Su venida, pero el significado completo de sus textos a veces trascendía su entendimiento.

Cumpliendo la profecía de Isaías (Is 6:1053:1), la maldad innata y la dureza de corazón de la mayoría de la población judía los incapacitó espiritualmente. En juicio, Dios los endureció, de modo que fueron incapaces de entender Su Palabra o ver Sus propósitos culminando en Jesús (Ro 11:7-8). Solo «por medio de Cristo» esta ceguera es quitada (2 Co 3:14).

Desde el nacimiento de Jesús, algunos como Simeón comprendieron correctamente que el triunfo de Cristo solo llegaría a través de sufrimientos. Sin embargo, la mayoría de los discípulos no comprendieron plenamente el testimonio de las Escrituras sobre la muerte, resurrección y misión global de Jesús hasta después de Su resurrección.


Publicado originalmente en For the ChurchTraducido por Eduardo Fergusson.

Sobre el autor

Jason S. DeRouchie (PhD, The Southern Baptist Theological Seminary) es profesor de investigación del Antiguo Testamento y teología bíblica en el Midwestern Baptist Theological Seminary en Kansas City, Missouri. Él editor contribuyente en What the Old Testament Authors Really Cared About: A Survey of Jesus’ Bible (Grand Rapids: Kregel, 2013) y el autor de How to Understand and Apply the Old Testament: Twelve Steps from Exegesis to Theology (P&R, 2017). Su sitio web de recursos es jasonderouchie.com.

La Reforma

Por: Nick Davies

Celebramos la reforma cada año porque la vemos como nuestro nacimiento como evangélicos, recordando el día en el que Lutero clavó 95 temas de debate en la puerta de una iglesia. Afirmamos las cinco solas, y contamos la historia de Lutero en la dieta de Worms, “…me mantengo firme en las Escrituras a las que he adoptado como mi guía…” Fortalecemos este vínculo por declararnos como hijos de la reforma, y pronunciarnos que siempre estamos reformando.

Pero algunos han observado con precisión que a veces podemos estar enamorados más con la idea de la reforma que con la reforma misma. Simplificamos esta época de casi 400 años entre aquel día en 1517 hasta el siglo 20 cuando esta idea de las cinco solas, tan emblemáticas de la reforma, fue formulada finalmente. Podemos querer una versión refinada de la reforma para poder señalar a nuestro origen como linaje, usando la reforma como un espejo para vernos reflejado en las caras de Lutero, Calvino, Zwinglio.

Sin embargo, nuestro linaje es más rico que la idea que celebramos cada año, y quiero animarlo profundizar en ello. Entre los reformadores hubo desacuerdos, a veces vehemente, sobre la cena del Señor, la relación entre la iglesia y el poder política, lo que sucede en el bautismo, como deben ser los cultos, como interpretar y aplicar la Biblia a la vida cristiana, el alcance de la uniformidad de doctrina en la iglesia, la función de la Ley en la vida cristiana…y esto es solo entre los tres arriba de las primeras dos generaciones de reformadores, sin tocar a Beza, Bucero, Simmons, Cranmer, Melanchthon, Dentière, Knox, Morata, Bucero, y más figuras antes y después. La reforma es liosa, pero ¡hay oro y joyas allá esperandole descubrir!

El día de la reforma es una oportunidad de recordarnos de la riqueza de la enseñanza y doctrina de las primeras décadas de la reforma y los siglos después. Antes de leer uno de los varios “Un nuevo 95 tesis para este siglo”, lea un libro por los reformadores para empezar de conocer de verdad nuestro linaje. Antes de publicar en Facebook o Instagram un meme con las cinco solas, primero lea un credo o libro de la reforma. No va a estar de acuerdo con ellos en todo, pero lo van a desafiar de pensar más profundo sobre la Biblia y nuestra práctica.

En Desarrollo Cristiano hay:

También se puede encontrar online transcripciones los credos y documentos claves de la reforma, como Las Confesiones de Augsburgo (Melanchthon con Lutero), Los 67 tesis de Zwinglio, La Confesión Escocesa (Knox), el Libro de Oración Común (Cranmer con ayuda por Bucero).

Que Dios siga fortaleciendo su iglesia en la proclamación de su Hijo, Jesucristo, para su gloria Sola Scriptura, Sola Fide, Sola Gratia, Solus Christus, Soli Deo Gloria

Nicolas Davies es misionero de CMS Australia en Perú.

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REFORMA PROTESTANTE

Por Francisco Vergara

INTRODUCCIÓN

Hay fechas que siempre recordamos, por distintas razones personales: cumpleaños, aniversario de bodas, etc. Hay otras que, siendo universales, también son personales por otros motivos. Una de ellas es el día de inicio de la Reforma Protestante en el siglo XVI. Y es que para todos aquellos que hemos conocido a Jesucristo y hemos experimentado la salvación que Él obró en nuestro favor, esa fecha es crucial. Significó el redescubrimiento de la verdad bíblica (salvación por fe solamente) que estuvo escondida por siglos en la enseñanza y práctica de la iglesia romana.

La enseñanza bíblica de la justificación por fe solamente fue el principio material que impulsó la Reforma Protestante. Siendo la pregunta crucial: ¿cómo es posible que el pecador reciba la salvación que necesita? Lutero, redescubriendo Ro. 1:17, afirmó que la doctrina de la justificación por la fe solo es el artículo sobre el cual se sostiene o se cae la Iglesia. Esta doctrina de la justificación por la sola fe es la verdad central del cristianismo y la verdadera prueba de la fidelidad de una iglesia al Evangelio.

JUSTIFICACIÓN

Justificación es un término legal, que pertenece propiamente a la esfera del derecho y los tribunales de justicia. Estrictamente hablando es la declaración emitida, por una persona encargada de la administración de justicia, de que alguien que había sido acusado por infracción de la ley es justo ante los ojos de la ley; además, ese veredicto es inapelable.

La controversia con el romanismo se dio por el significado de la palabra justificación. Como sabemos el romanismo se basa en el latín (justificare) mientras que el protestantismo lo hace en el griego (dikaioo). Desde el latín la palabra justificación tendría como significado hacer justo, mientras que desde el griego sería declarar justo. Es como decir que no se ha encontrado suficiente evidencia para probar la culpabilidad, por tanto, el imputado no es inocente, sino que es declarado justo por falta de pruebas. Eso en base a la obra de Cristo en la cruz.

Permítanme poner esta analogía. Es como si Dios, aparte de Cristo no viera en toda nuestra indignidad, somos culpables por no glorificarlo. El sacrificio vicario de Cristo logra que nuestras culpas sean cubiertas por su sangre y, entonces, cuando Dios nos ve no están nuestras miserias a la vista sino la sangre de Cristo, en virtud de ello no somos considerados culpables. Cristo lo hizo todo, nosotros recibimos los beneficios de su obra en la medida que el Espíritu Santo nos mueve al reconocimiento del pecado y al arrepentimiento. Cuando Dios justifica a los pecadores – y eso es lo que Él hace – los declara exentos de castigo y con derecho a ser recompensados sólo sobre la base de lo que Cristo ha hecho por ellos.

El lema Sola fide, define cual es el único medio por el que se puede alcanzar salvación; esto es cuando Dios por Su gracia da fe al pecador para creer en Cristo y ser justificado por Él, y en consecuencia ser salvo. La fe es un don de Dios (Ef. 2:8), no es autogenerada. Solo la fe salva, y esa fe es en Cristo; el objeto de la fe es Cristo; las obras son la respuesta de amor a lo que Cristo hizo en nuestro favor (Ef. 2:10). Para el romanismo la fe no es suficiente, tiene que ser suplementada con las obras; una forma de decir que es gracia más mérito.

El cristianismo bíblico no es autosotérico; es decir que cada uno puede lograr la salvación por sí mismo, en base a obras meritorias o por pago / compra de indulgencias. Tampoco es sacerdotal o litúrgico, en tanto la salvación no se logra por la intermediación de algún hombre que realiza ciertos ritos particulares. Ni es universalista, por cuanto no enseña que todos los seres humanos han de ser salvos, no se es cristiano en automático. El cristianismo bíblico histórico, neotestamentario, enseña que la salvación solo es posible por la fe en Jesucristo.

Martín Lutero, quien fue un monje agustino, fue liberado de su angustia existencial, de sus tormentos de conciencia cuando estaba enseñando la epístola a los romanos. De nada servía su sacrificio, su flagelación, si no tenía fe. Los castigos autoinfligidos no podían justificarlo, no podían salvarlo. Solo la fe en Jesucristo podía hacerlo. El pecado es un agravio a la majestad de Dios, por tanto, para recibir la exoneración del castigo merecido, debemos sujetarnos a la disposición divina. “Sin derramamiento de sangre no se hace remisión de pecados” dice He. 9:22; pero el sacrificio debe ser consistente con la dignidad del ofendido, no según lo considere el ofensor. No hay hombre alguno que pueda ofrecer un sacrificio digno, solo Dios hecho hombre (Mt. 1:21-23). Solo Jesucristo fue capaz de ofrecer el sacrificio que Dios estableció (Hch. 4:11-12).

Este fue el aspecto crucial de la Reforma Protestante en oposición a la enseñanza del catolicismo romano. Martín Lutero fue el personaje central del inicio de la Reforma Protestante, que recordamos todos los años el 31 de Octubre. No fue el único, por supuesto hay otros nombres que lo siguieron: Juan Calvino, Ulrico Zuinglio, John Knox, etc. y hubo otros nombres de los precursores de la reforma: John Wycliffe, Jan Hus. Todos ellos se caracterizaron no solo por su respeto a las Escrituras sino por el reconocimiento que la justificación, la salvación es recibida solo por fe.

Leamos, finalmente, esta declaración del gestor de la Reforma Protestante:

Yo, Martín Lutero, un indigno predicador del Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, de esta manera profesa y cree; que este artículo, que la fe sola, sin obras, puede justificar ante Dios, nunca será derribado… Este es el verdadero Evangelio… Ésta es la doctrina que enseñaré; y esto el Espíritu Santo y la Iglesia de los fieles han declarado. En esto permaneceré. Amén

Martín Lutero
1483-1546