El Legado de la Lectura

El Placer de la Lectura – Jaime Daniel Caballero

Sobre el Autor...

Daniel Caballero nació en Lima, Perú. BSc. Universidad Nacional Agraria La Molina. BA, Seminario Teológico Bautista (Lima); Postgrado en Teología, The London Theological Seminary (Londres), ThM-Teologia Histórica., Westminster Theological Seminary (PA-USA). Esta por iniciar estudios doctorales en Inglaterra sobre Historia de la Reforma (siglo XVI) y Post-Reforma (siglo XVII). Especialización en John Owen y Puritanismo ingles. Daniel ha escrito numerosos artículos sobre puritanismo, teología bíblica y cultura. Su campo de especialización es en estudios de la Reforma y Post-Reforma (Puritanismo). Ha vivido por casi doce años en Inglaterra, donde tuvo la oportunidad de profundizar estudios Teológicos. Es misionero enviado de Inglaterra para el servicio en desarrollo de educación teológica. Actualmente vive en Cork, Irlanda. Tiene experiencia desde muy joven en educación teológica. Esta casado con Ellie.

Puedes encontrar a Jaime Daniel Caballero en:

Libros de Jaime Daniel Caballero

1 & 2 Samuel

Autor: WILLIAM G. BLAIKIE
Editorial: TEOLOGIA PARA VIVIR
S/120.00

1 Corintios

Autor: BLOMBERG CRAIG
Editorial: VIDA
S/66.00

1 Pedro

Autor: JOE WARTON
Editorial: EDITORIAL ANDAMIO
S/32.00

1 Reyes

Autor: MATHEW HENRY
Editorial: EDITORIAL PEREGRINO
S/76.00

1 Samuel

Autor: MATHEW HENRY
Editorial: EDITORIAL PEREGRINO
S/80.00

1 y 2 PEDRO

Autor: MAX LUCADO
Editorial: MUNDO HISPANO
S/25.00

1 Y 2 TIMOTEO, TITO

Autor: WALTER L. LIEFEL
Editorial: VIDA
S/82.00

1-2 Pedro (Estudios Bíblicos Florecer)

Autor: LYDIA BROWNBACK
Editorial: PATMOS
S/52.00

10 ACTITUDES PARA UNA VIDA PIADOSA

Autor: LAMBERT ERIC
Editorial: CLC
S/17.00
El Legado de la Lectura

El Amor por los Libros – José Pepe Mendoza

José “Pepe” Mendoza es el Asesor Editorial en Coalición por el Evangelio. Sirvió como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú. Es profesor en el Instituto Integridad & Sabiduría, colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary, y también trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y tienen una hija, Adriana.

Puedes encontrar a José «Pepe» Mendoza en:

 

Agustin de Hipona
Predicación

UN TEÓLOGO AL SERVICIO DEL REINO: AGUSTÍN DE HIPONA

¿Sabía usted que…

  • las Confesiones de Agustín constituyen la primera autobiografía que jamás se haya escrito?
  • en su hogar, Agustín animaba a la conversación en la mesa, pero tenía terminantemente prohibido que se hablara negativamente de personas ausentes?
  • Agustín escribió más de 1.000 obras, incluyendo 242 libros, y esto ¡cuando no existían máquinas de escribir ni computadoras!
  • durante su juventud, Agustín armaba los discursos para el Emperador Romano?
  • mientras aún vivía, un grupo de cristianos en Francia propuso que se incluyeran sus escritos en las Sagradas Escrituras? Persistieron con esta idea durante más de cien años.
  • Agustín fundó una orden monástica para mujeres, pero no aceptaba hablar con ninguna salvo que otros estuvieran presentes?
  • cuando se formaron las grandes universidades en el siglo XIII, el programa que implementaron era prácticamente el mismo que Agustín había propuesto, ¡ochocientos años antes!

Breve reseña de su vida

Poseedor de una mente brillante, Agustín es considerado, luego del apóstol Pablo, el más grande pensador cristiano en la historia de la Iglesia. Sus obras tuvieron una extensa y prolongada influencia sobre la Iglesia, la cual, en algunos casos, persiste hasta el día de hoy. Nació hace más de 1.600 años, en la pequeña ciudad de Tagaste, al norte de África. Su madre, una apasionada seguidora de Cristo, impactó profundamente su vida.

Por medio de un gran sacrificio, por la pobreza de la familia, Agustín pudo tener acceso a una experiencia educativa que despertó su intenso interés en los temas centrales de la vida. Durante su adolescencia tomó una concubina (una práctica muy común en la época), con la cual llegó a tener un hijo antes de haber cumplido los 18 años. Agustín deseaba una respuesta para sus preguntas acerca de la existencia del hombre, pues las propuestas espirituales de su madre no le satisfacían. Esto lo llevó a un romance con las diferentes corrientes filosóficas de la época, mientras se desarrollaba como maestro de oratoria.

Sus ambiciones y talentos le abrieron las puertas para viajar, primero a Cartago, y luego a Roma, donde rápidamente se hizo notar entre las personas de la alta sociedad. Ahí se ganó el respeto de los más poderosos funcionarios del imperio y, al poco tiempo, fue propuesto como asesor para el emperador mismo, quien residía en Milán. Fue en esta ciudad donde conoció al más reconocido obispo de la época: Ambrosio, un hombre de carácter fuerte, reconocido por sus habilidades como predicador y que pronto impactó la vida del joven.

Este hombre sentía un profundo rechazo por su inmoralidad sexual y falta de dominio propio. Un día, estando solo en un jardín, escuchó una voz que le decía: «toma, lee». Abrió la Biblia y se encontró frente al pasaje de Romanos que dice «no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne» (13.13 y 14). Fue la Palabra que estaba buscando, y entregó su vida a Cristo. Al poco tiempo él y su hijo fueron bautizados por el propio Ambrosio.

Retornó a África, donde se rodeó de una comunidad monástica, mientras se dedicaba al estudio y la enseñanza de la Palabra. No habían pasado tres años cuando, por demanda popular, fue ordenado como presbítero mientras visitaba el puerto de Hipona. Cuatro años más tarde, ante la insistencia del obispo de la ciudad, fue nombrado también obispo. Un año más tarde quedó solo con esta responsabilidad, pues su colega falleció. Ocupó este cargo hasta su muerte, a los 76 años de edad.

Agustín se rodeó de un grupo de pastores a quienes formó, muchos de los cuales llegaron a ser de gran influencia en la Iglesia. Dedicó también mucho esfuerzo a la enseñanza y la definición de la doctrina de la iglesia y llegó a ser reconocido como el más notable maestro de la época. Gracias a su presencia en Hipona, la ciudad se convirtió en el centro de pensamiento cristiano del imperio romano.

Pocos años después de haber llegado a Hipona, Agustín publicó su libro Confesiones, en el cual relata la historia de su búsqueda espiritual y su posterior conversión. Más que un relato, sin embargo, constituye un brillante análisis de los problemas que enfrentan al hombre caído.

El saqueo del Imperio Romano, a manos de los bárbaros, produjo acusaciones de que el cristianismo era culpable del desastre ocurrido, pues se creía que era una muestra de la ira de los dioses romanos. La respuesta de Agustín, publicada en veinte tomos, es su obra más famosa, La ciudad de Dios. En ella se encuentra una extraordinaria exposición de la historia del ser humano y de los temas principales que afectan su vida espiritual. Se le considera una de las más grandes obras literarias de todos lo tiempos.

Principios dignos de imitación

  • Un buen líder nunca debe dejar de lado la responsabilidad de formar otros líderes.
  • A pesar de ser uno de los más profundos pensadores en la historia de la Iglesia, Agustín poseía la capacidad de enseñar con sencillez y claridad los principios eternos de Dios.
  • Un agudo intelecto puesto bajo el señorío de Cristo puede ser de enorme bendición para el pueblo de Dios.
  • Agustín poseía la inamovible convicción de que la Iglesia debe ejercer una influencia sobre la sociedad en la cual se encuentra.
  • La Palabra de Dios debe ser aplicada a los problemas más candentes que enfrentan la sociedad en que vivimos.
  • Un buen maestro es esforzado en el estudio cuidadoso de la Palabra.
  • Agustín frecuentemente admitía en sus escritos que existían temas sobre los cuales no tenía ninguna comprensión. De esta manera, demostró una gran humildad, a pesar de su privilegiada mente.

 

© Apuntes Pastorales, Volumen XXI, Número 2

 

Usado con permiso de Desarrollo Cristiano Internacional
Fuente: http://desarrollocristiano.com/un-teologo-al-servicio-del-reino-agustin-de-hipona/

Depresion 2
Consejería

CUANDO EL SERVICIO DEPRIME (SEGUNDA PARTE)

¿Cómo ministra el Señor a Elías en esta situación? Es hermoso ver que el Señor no impide en ningún momento que su siervo viva la paradoja de su humanidad. No interviene para evitar que experimente la perplejidad y la ambivalencia de su condición. Todo lo contrario: lo deja vivir su humanidad. No sale al encuentro de Elías en su versión mejorada sino en la versión real. No impide que viva su crisis, pero lo sigue y lo acompaña en medio de ella.

El cuerpo, primero

¿Cuáles son algunas de las iniciativas del Señor para ayudar a su siervo? En primer lugar, lo atiende en sus necesidades elementales. Un ángel despierta al profeta y le indica: «come». Observamos que la instrucción no es: «traga». Le pide que coma. Una de las adicciones de la persona deprimida puede ser a la comida, pero a comida que no nutre. Aquí, en cambio, el acto de comer está controlado, orientado. Luego lo deja dormir; pero sólo un rato, y lo vuelve a despertar para pedirle nuevamente que coma, porque necesita fortalecerse.

Cuando me hundo en la realidad y descubro la paradoja de mi humanidad, compruebo que soy igual o peor que los demás. ¡Qué sabio es el Señor! Al ministrar a Elías, empieza a colocar fronteras en el descalabro emocional de su siervo. Su objetivo es fortalecerlo, pero, al mismo tiempo, dejarlo que termine de vivir su crisis. Tal como ha señalado alguien, es preciso mantenernos en una crisis el tiempo suficiente hasta sacar beneficio de ella.

El Señor le ordena a Elías: «Come, porque te queda un camino largo, cuarenta días y cuarenta noches». Lo fortalece, pero lo deja vivir días largos y tediosos, días de tremenda soledad.

Regreso a Horeb

Elías hizo lo que hubiera hecho la mayoría de nosotros. Se dirigió a Horeb, al monte de Dios. «Se levantó, pues, y comió y bebió, y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios». (1Re 19.8)

¿Qué representa este monte para el profeta? Representa lo único que Elías sabe manejar, lo que le resulta familiar. El monte de Dios es para Elías el símbolo del éxito. Significa poder, espectacularidad, despliegue de gloria. Allí es a donde quiere retornar: a lo que le provee seguridad.

Fuera de ese sitio, Elías no puede vivir. A menos que esté controlando la situación y manejando poder, Elías se desarma. Necesita estar constantemente en la cumbre, porque es incapaz de vivir en el valle. Por eso busca aquello que puede manejar, una espiritualidad que le permite sentirse cómodo y seguro. El Señor simplemente lo deja llegar.

Elías, examinado

Luego se produce un hermoso diálogo entre el Señor y su siervo. Es casi como si golpeara a la puerta de la cueva. Elías sale… «¿Qué te pasa? ¿Qué haces aquí, Elías? He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida» (1Re 19.10).

Aquí se nos insinúa la raíz de la depresión del profeta. ¿Qué es lo que realmente ha causado su depresión? Ya se nos ha anticipado algo en el versículo 4, cuando el profeta anunció que deseaba morirse, añadió una frase muy reveladora: «pues no soy yo mejor que mis padres». El profeta había tomado como punto de referencia el nivel de otros y se había propuesto superarlos. Me propongo ser mejor que otros y pongo todo mi empeño en alcanzar esa meta. Pero cuando me hundo en la realidad y descubro la paradoja de mi humanidad, compruebo que soy igual o peor que los demás.

Por mi parte, crecí convencido de que si cada evangélico compartía la fe cristiana con otra persona, en veinte años este mundo estaría evangelizado y transformado.Con cuánta frecuencia, cuando reemplazamos a alguien o cuando ocupamos un nuevo puesto, prometemos: «Conmigo va a ser distinto; estas situaciones no van a pasar». Pero cuando sale a la luz la paradoja humana, nuestra verdadera humanidad, entonces caemos en la depresión: «No soy mejor que aquel hermano que cayó en adulterio; no soy mejor que el hermano que mintió. He sido peor, Señor. Ahora que realmente descubro quién soy, quítame la vida. No quiero vivir».

En el versículo 10, el profeta expresa algo más: «He sentido un vivo celo por Jehová». Pero el Señor no se muestra impresionado ante sus palabras. Dios no lo aplaude: «Bravo, Elías, eso es lo que quiero». Lo escucha; sí, lo escucha pacientemente.

Limitaciones

¿Qué es lo que expresa Elías en su declaración? «Señor, mi celo no ha transformado la realidad. Yo creía que con todo el despliegue de poder y espectacularidad que me permitiste ver y realizar, todo el mundo iba a caer de rodillas; pensé que los falsos profetas se iban a convertir y Jezreel se iba a arrepentir de su pecado. Pero nada de eso ha pasado. Mi celo por ti no ha transformado la realidad. ¡Tanto despliegue de poder, para nada!»

Elías está frustrado y agrega: «Señor, sólo yo he quedado». En otras palabras: «Todo lo que hice no ha producido un verdadero cambio. Para colmo, nadie saca la cara por mí ahora que estoy en problemas». «Señor», —insinúa Elías— «yo creía que me estaba asegurando un futuro, quizás un pequeño pedestal; ahora resulta que me buscan para matarme. Estoy derrumbado; tengo derecho a estar deprimido».

¡Como para no deprimirse! Todo nuestro celo evangelizador no ha impedido que avance el deterioro de la humanidad y aumente la corrupción en nuestro país. Por mi parte, crecí convencido de que si cada evangélico compartía la fe cristiana con otra persona, en veinte años este mundo estaría evangelizado y transformado. Pero no ha ocurrido así. El mundo está peor, no mejor. Cuando tomé conciencia de ese contraste caí en una crisis; me deprimí, porque las bases en las que había asentado mi fe se derrumbaron.

Es similar a lo que nos pasa cuando llegamos a la edad en que debemos jubilarnos. Tendemos a pensar: Tanto trabajar, tanto renegar, tanto esfuerzo en la vida, y ahora, apenas una mísera pensión. Eso deprime.

Dios, impredecible

Elías plantea su situación y expresa sentimientos. En ningún momento interviene el Señor para corregirlo: «Momentito, Elías, estás equivocado, déjame recordarte algo. Ahora me toca reprenderte».

¡Qué sensibilidad la de nuestro Señor! 
¡Qué maestro en el arte de escuchar! «Elías, ven, sal fuera». En su magnanimidad, el Señor le da una nueva percepción de Su grandeza.

En primer término, sopla un fuerte viento. ¡Qué poderoso huracán! ¡Rompe las rocas! Pero Jehová no está ahí. Luego viene un terremoto. ¡Qué tremendo impacto! Pero Jehová no está ahí. Tras el terremoto, un fuego. Elías está familiarizado con la manifestación del fuego. Para él, fuego y Jehová son sinónimos, terremoto y Jehová van de la mano, viento tempestuoso y Jehová son análogos.

El profeta estaba familiarizado con las manifestaciones grandiosas del poder de Dios. Pero ahora el Señor le advierte al profeta: «Elías, no estoy ahí» De pronto se oye un silbido apacible y delicado y Elías reconoce en él la presencia del Señor (vv. 11–12).

El siervo de Dios debe reconocer que el Señor actúa de muchas maneras.Elías se cubre el rostro y sale de la cueva. Otra vez ha reaccionado su humanidad: esconder el rostro. No acepta esta revelación del Señor. El Señor quiere advertirle a Elías: «Soy el mismo que se manifestó antes en el monte; soy el mismo que se expresó en otro momento a través del terremoto, el fuego y el viento. Pero no me pongas un rótulo, Elías; no me reduzcas a lo espectacular. No me encierres en una fórmula manejable. Si quieres madurar, hijo mío, tienes que ir acostumbrándote a que soy más que cualquier definición. Tienes que aceptar que también hablo a través de lo inesperado, de lo silencioso, de lo sutil, de la voz apacible y delicada».

El Señor también está en el susurro, en el silencio, en lo inesperado, en la voz del hermano sencillo que me exhorta: «Tenga cuidado con esa tentación, hermano». «Le presto esto que he leído». «Sabe, pastor, estoy orando por usted». «Quiero compartir con usted un pensamiento». Ahí también está el Señor: en lo que no hace ruido, en lo que no parece grandioso.

Si Elías quiere salir de donde está, si quiere dejar la cueva y el desierto, tendrá que acostumbrarse a este Dios que no se ajusta a nuestras definiciones.

Renovada visión

El profeta vuelve a esconderse y el Señor sigue mostrándole paciencia. Lo llama nuevamente a que salga: «¿Qué haces aquí, Elías?» Y otra vez, el Señor lo escucha mientras Elías repite el mismo argumento (versículo 14). Entonces el Señor le habla: «Vé, vuélvete por tu camino, por el desierto de Damasco; y llegarás, y ungirás a Ásale por rey de Siria» (1Re 19.15).

La respuesta de Dios a la desazón de Elías es realmente hermosa. En primer lugar, expresa: «Elías, sigo contando contigo». ¡Qué gracia!, ¿verdad? ¡Qué distinto actuamos los seres humanos!, ¡incluso en las iglesias! Cuando sabemos que alguien anda mal, lo atacamos. Parece que, cuando otros saben que estamos deprimidos, perdemos imagen y autoridad ante ellos. En cambio, el Señor anima a Elías: «Mira, sigo contando contigo, tengo una tarea para encomendarte».

A continuación, le encomienda que vaya a ungir a determinadas personas. Los versículos 15–16 describen a esos tres personajes: un rey pagano, un rey judío y un campesino, al que ungirá como profeta. Elías jamás hubiera esperado ninguna de esas tres instrucciones de parte de Dios. Pero esa es la forma inesperada y nada espectacular en que actúa el Señor.

Podemos imaginarnos a Elías tentado a rezongar: «Señor, ¿y yo? ¿Yo no, Señor? ¿No vas a premiar mi dedicación?» Sin embargo, el Señor le advierte: «Te ha llegado la hora de dar lugar a otro. Elegí a alguien para que ocupe tu lugar.»

¡Qué difícil es que nos reemplacen! ¡Qué difícil es obedecer órdenes del Señor que van en contra de nuestros deseos y expectativas! Pero, a menos que aceptemos que el Señor puede manifestarse de otras maneras y por otros medios, no conseguiremos madurar. En esencia, lo que el Señor quiere aclararle a su siervo es: «Elías, la historia y la realidad no se transforman con acciones espectaculares, sino formando personas, forjando líderes. Estás tan preocupado en levantar tu propio pedestal, tan preocupado por considerarte el único, el más fiel y consagrado. Estás tan ansioso de que te use para provocar un despliegue de gloria y espectacularidad… Pero yo no cambio así la historia, Elías».

El siervo de Dios debe reconocer que el Señor actúa de muchas maneras. Ahora el lugar de Elías no será el del comandante, sino que pasará a la retaguardia. Dejará de ser una figura importante: otros tienen que ocupar ese lugar. Si Elías reconoce que Dios actúa también de forma silenciosa y apacible, le dará espacio para obrar en su vida y en la de otros.

– Encuentre la primera parte de este artículo en Apuntes Pastorales XXVII-4, edición de marzo/ abril de 2010, o bien lealo haciendo click AQUÍ.

 

Se tomó de Hombres de Dios, de Jorge Atiencia, Ediciones Certeza ABUA, ©1995. Se usa con permiso Publicado en Apuntes Pastorales XVII-5.

 

Usado con permiso de Desarrollo Cristiano Internacional
Fuente: http://desarrollocristiano.com/cuando-el-servicio-deprime-segunda-parte/

 

Depresion
Consejería

CUANDO EL SERVICIO DEPRIME (PARTE I)

El ser humano vive una paradoja profunda: lo que más desea es ser conocido tal como es, pero, al mismo tiempo, eso es lo que más teme. ¡Qué contradicción! Anhelamos ser conocidos plenamente, y, por otro lado, sentimos miedo de quedar expuestos en nuestra verdadera intimidad.Si dejamos que la palabra de Dios nos examine, nos va a revelar lo que realmente somos. Es imprescindible mirarnos, al menos de vez en cuando, tal como somos; es importante compartir, quizás con un amigo o con nuestro cónyuge, nuestros secretos más profundos. Si no lo hacemos, corremos el riesgo de olvidar quiénes somos en realidad: nos acostumbraremos poco a poco a aceptar como verdadera la versión que mostramos de nuestra persona en la vida pública. La imagen que proyectamos es una versión «editada», que mostramos al mundo con la esperanza de que la encuentren más aceptable que la versión real.

Bien, si nos resulta difícil descubrirnos ante otros, por lo menos quitémonos la máscara ante nosotros mismos y frente al Señor. Si no nos despojamos de ella, no conseguiremos madurar.

La historia de Elías, y el modo en que lo trató el Señor, nos ayudan a entender el amor y la tolerancia de Dios hacia nuestra humanidad tan inconsistente.

Un hombre sujeto a pasiones

«Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestra» (Stg 5.17).
¡Qué retrato tan expresivo! Notemos que el texto señala: «Elías era un hombre» Las Escrituras registran las valientes acciones de Elías, un profeta considerado entre los más destacados de la historia de Israel. Pero cuando Santiago hace una lectura de Elías, lo que descubre es un hombre, no un súper-hombre. Ni siquiera lo define como un gigante espiritual o le concede el título de «varón de Dios». Cuando la Biblia muestra a sus héroes, no nos da una versión editada y adaptada: los expone tal como son.  Si dejamos que la palabra de Dios nos examine, nos va a revelar lo que realmente somos. Nuestro Padre es un especialista en describirnos con precisión y en amarnos tal como somos. Dios quiere ministrar a nuestra persona real, no a una «versión editada» de esta.

Las Escrituras nos muestran la espiritualidad de Elías en el contexto de su humanidad y de sus pasiones. Elías era un hombre sujeto a pasiones y oró, invocando el poder de Dios. Sin embargo, ¿qué pasa con Elías ahora que se encuentra frente a la amenaza de Jezabel? Con cara al peligro, el temperamental Elías no mide, no evalúa, no deja espacio para la fe: ¡huye!.

En el Carmelo, Elías desafía con coraje a más de cuatrocientos profetas. Pero cuando llega a él un mensajero de parte de una mujer perversa, se acobarda y decide huir. La perversa reina declara: «Así me hagan los dioses»  los mismos dioses que no se presentaron en el monte, aquellos a los que Elías acaba de exponer como falsos. De pronto, se siente urgido a huir ante esos mismos dioses.

Entre contradicciones

Esa es la paradoja, esa es nuestra realidad. Sentimos valor cuando estamos en la cumbre, pero nos acobardamos en el valle. Somos expertos mientras el éxito nos acompaña, pero inútiles en la crisis. Deslumbrantes en la plataforma, quizás, pero nos desquiciamos en el hogar. Desde el púlpito, causamos impacto con nuestros mensajes sobre el matrimonio y la familia; llegamos a casa, y un hijo adolescente nos pone en jaque o no sabemos escuchar con sensibilidad a nuestro cónyuge. Combatimos con la oración contra las potestades de Satanás, pero lloriqueamos cuando no nos llega el cheque a tiempo. Así somos, esa es nuestra realidad. Esa es la paradoja humana.Nos hemos convencido de que no es posible que el líder, el siervo de Dios se puede deprimir y por eso enmascaramos nuestro estado emocional. Los siervos del Señor no mostraron al mundo una versión depurada de su espiritualidad. Elías sintió deseos de morir y no lo escondió. Así se expresó también Jeremías: «Maldito el día en que nací. Maldito el hombre que dio nuevas a mi padre, diciendo: Hijo varón te ha nacido», exclama Jeremías ((Jer 20.14).

Es interesante que el Señor se asegura de que esos versos no queden fuera de la Escritura. Todo lo contrario; queden allí, como un testimonio de cómo dar espacio a nuestra humanidad. Dios quiso que quedaran escritas, para que no temamos ser humanos. Que podamos mostrarnos ante el Señor tal como somos, en nuestra genuina humanidad.

La cara de la depresión

Elías llegó al punto crítico en que deseaba morirse. «Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres» La profunda depresión se manifiesta tanto en lo físico como en lo emocional y espiritual. Nos neutraliza. Nos paraliza. Nos aísla de nuestra realidad. Empezamos a vegetar y perdemos conciencia de lo que sucede a nuestro alrededor. Perdemos el norte. Sentimos como si nos estuviéramos hundiendo, sin que nada logre detenernos en esa caída. El pantano nos traga y no encontramos nada a qué aferrarnos: las victorias gloriosas del pasado no resultan suficientes para sostenernos.

Elías tampoco hizo uso del pasado para encontrar socorro en su depresión actual. No confesó: «Así como ya me libraste en otra ocasión confío en que igual me librarás ahora». La depresión nos aísla de los recursos espirituales a los que solíamos acceder. Es como un pantano que nos va tragando, igual que al personaje de Ernesto Sábato en su novela El túnel (1): va entrando en el túnel y se pierde en él sin que nada lo detenga. No hay norte. No hay conciencia de lo inmediato.

Regreso a la sinceridad

Humanamente hablando, es imposible ministrar a otros cuando estamos sumidos en una situación depresiva. Pero como somos expertos en «editarnos» a nosotros mismos, muchas veces, aun en medio de la depresión, tenemos el descaro de ministrar, ocultando nuestra realidad. Nos hemos convencido de que no es posible que el pastor, el líder, el siervo de Dios se puede deprimir y por eso enmascaramos nuestro estado emocional. La depresión la pueden experimentar otros: los enfermos, los débiles. Pero del pastor y del líder siempre esperamos equilibrio y sobriedad. De los «fuertes», esperamos una estabilidad temperamental que mantenga todo en orden.

Por eso es que muchas veces ministramos aunque estemos pasando por una depresión. Sin embargo, la realidad se percibe. El pueblo de Dios advierte nuestro estado real porque el Espíritu de Dios le ayuda a discernir, y no se confunde con la imagen que proyectamos. Cuando pretendemos ministrar en medio de la depresión, no ministramos, actuamos. En lugar de hablar, gritamos. Al pastor deprimido se le han agotado las energías para presentar un mensaje fresco. entonces recurre al archivo. En lugar de inspirar a otros, acusa. El líder deprimido no reconoce que el problema nace de su propia condición: para él el problema son los otros, el problema es la congregación.

Nota al pie
(1) Esta novela es la obra esencial del escritor argentino Ernesto Sábato, quien la publicó en 1958. Una historia sobre la conversión del amor en odio.

Se tomó de Hombres de Dios, de Jorge Atiencia, Ediciones Certeza ABUA, 1995. Se usa con permiso. DesarrolloCristiano.com, derechos reservados.

 

Usado con permiso de Desarrollo Cristiano Internacional
Fuente: http://desarrollocristiano.com/cuando-el-servicio-deprime-parte-i/

 

Internet
Liderazgo

LA INTERNET AL SERVICIO DE LA IGLESIA

A la generación de mayores les resulta difícil creer que sea factible establecer relaciones por medio de las tecnologías digitales. En realidad, sin embargo, muchas personas han incorporado de tal forma estas modalidades a su vida que ya ni siquiera son conscientes del proceso. La conexión digital se ha vuelto tan natural que les permite enfocarse por completo en los individuos con quienes procuran mantener una relación.

 En la vida de esta nueva generación cada día contiene una serie de interacciones mediadas por la tecnología. Quizás una joven envía un mensaje de texto por su celular compartiendo sus planes para después del trabajo. Durante la mañana envía un tweet para comentar sus sensaciones en la oficina. Para saber las condiciones del tiempo en la noche, visita una página con un pronóstico meteorológico. Durante el descanso del almuerzo ingresa a su página de Facebook y comunica sus planes a otros amigos. Al terminar el día se conecta con sus tres mejores amigas y chatean acerca de lo vivido durante la jornada.

 Este incremento de relaciones en línea ha resultado en que las personas accedan a una increíble gama de herramientas para entablar y cultivar nuevas amistades. Muchos líderes, dentro de la iglesia, sin embargo, se muestran escépticos acerca de la calidad y el valor de tales interacciones. Algunos, no obstante, creen que una genuina conexión se puede lograr en el contexto del mundo digital. «La lógica dice que esto no puede funcionar —comenta un pastor—. Luego, sin embargo, me he dado cuenta de que la gente se relaciona de la misma manera como lo haríamos en un ambiente normal. Lo único que ha cambiado es el medio por el que se relacionan. Creo que este medio posee un enorme potencial para la edificación del cuerpo de Cristo».

 Inusual apertura

Quizás el beneficio más sorprendente que se observa en este fenómeno es la intensidad del compromiso de conectarse en contextos virtuales. Las personas revelan una interesante disposición a compartir aspectos de su vida en esos medios que no se atreverían en el ambiente natural.

 Algunas congregaciones han decidido utilizar este fenómeno para cultivar relaciones más profundas con los integrantes de los grupos caseros. El medio resulta ideal para mantener conectados a los miembros entre reunión y reunión. «Yo he descubierto en la gente —relata otro pastor—más disposición a ser honestas en un contexto virtual que si se vieran cara a cara con los demás. Esto me permite avanzar sobre aspectos de su vida que no podría tocar en encuentros personales».

 Jorge Maldonado, pastor de una congregación con más de ochocientos miembros, ha descubierto que las redes virtuales le proveen el medio para lograr la conexión que no puede conseguir en los cultos del domingo. «Trabajé para crear un sitio en el que podíamos ser una comunidad virtual, más por necesidad que por convicción. Cuando la congregación comenzó a crecer mucho descubrí que se me volvía muy difícil mantener el contacto con las personas. A muchos en mi congregación ni siquiera conocía personalmente. Cuando abrimos la página en la que las personas conseguían conectarse con el resto del cuerpo de Cristo me asombré ante la infinidad de relaciones que comenzaron a florecer. Esto sencillamente no hubiera ocurrido si se hubiera preferido concretar una interacción en un espacio físico y no virtual con cada una de estas personas».

 Muchos líderes están descubriendo que la Internet les provee una mirada sin igual a la vida de sus jóvenes y están creando espacios y salas de chat en las que logran un seguimiento diario de los que forman parte de su grupo. «He descubierto aspectos de sus vidas que jamás habría alcanzado a conocer por otro camino» —observa un pastor de una congregación en Quito.

 Mark Stephenson, un experto en ministerios cibernéticos, cree que la Internet puede ser un instrumento poderoso para bendecir a muchos. «La iglesia se encuentra hoy ante un importante desafío —observa—. Debe descubrir de qué manera puede explotar el potencial de la tecnología digital para los propósitos del Reino. La historia de los avances de la iglesia está repleta de ejemplos de personas que tomaron una herramienta de la sociedad y la aplicaron para darle un uso santo. Creo que en el tema de la Internet apenas hemos comenzado a entender el enorme potencial que posee». 


Usado con permiso de Desarrollo Cristiano Internacional
Fuente: http://desarrollocristiano.com/la-internet-al-servicio-de-la-iglesia/

Valores del Reino

INVERSIÓN CON SABIDURÍA

Miqueas 6:19-34

De todos los temas que Cristo tocó durante su ministerio terrenal quizás ninguno ha sido menos comprendido por el hombre moderno que este. Rodeados de lujos y bienes materiales sin número, hemos preferido creer que Jesús era una especie de «santo patrono» del materialismo. Incluso hemos intentado elevar a virtudes algunas de las más detestables actitudes en el ser humano, tales como la codicia, el egoísmo y el desenfreno.

Las Escrituras, no obstante, advierten que el amor al dinero es la raíz de todos los males y que «los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas que hunden a los hombres en destrucción y perdición» (1 Ti 6.9). Estas son palabras radicales para un tema que requiere de una postura radical. No es lo que decimos con nuestros labios lo que define nuestra devoción, sino lo que ocupa nuestros pensamientos día y noche. No puede ser «aguado» el mensaje de Jesús, ni adaptado para que mengüe nuestra incomodidad. Sobre todo, no podemos darnos el lujo de creer que este no es un problema que nos afecta a nosotros. La mentira más obstinada y arraigada en la cultura moderna es que el dinero le destruye la vida a los demás, pero jamás lo hará con nosotros.

Jesús comenzó su enseñanza con una recomendación para todos aquellos interesados en hacer una buena inversión: «No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el moho destruyen, y donde ladrones entran y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el moho destruyen, y donde ladrones no entran ni hurtan.» La razón de esta recomendación es sencilla; toda inversión terrenal estará sujeta a las mismas realidades que acompañan el diario vivir del ser humano. En esta tierra simplemente no existe tal cosa como una inversión «segura». Incontables colapsos económicos, calamidades naturales, golpes de estado, guerras y caídas estrepitosas de los mejores planes económicos testifican de que hasta los más seguros pueden perderlo todo en un abrir y cerrar de ojos.

Cristo aconseja acumular tesoros que están más allá del alcance de un mundo caído, guardados en los lugares celestes. Estas son la clase de inversión que no dejan solamente un retorno favorable para esta vida, sino para toda la eternidad. No se trata aquí de dinero sino de cosas más preciosas y valiosas que el oro, la plata y las joyas.

La razón principal de esta recomendación, sin embargo, no es lo seguro de la inversión, sino el efecto que tienen los tesoros sobre nuestra vida. Cristo no admitía argumento en este punto; «donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón»Hemos intentado una y otra vez comprobar que en realidad es posible estar a gusto con Dios y con las riquezas de este mundo, pero la verdad es que nuestro corazón tiene lugar para un solo tesoro. No es lo que decimos con nuestros labios lo que define nuestra devoción, sino lo que ocupa nuestros pensamientos día y noche. ¡Allí donde está nuestro tesoro estará nuestro corazón!

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Usado con permiso de Desarrollo Cristiano Internacional
Fuente: http://desarrollocristiano.com/devocional/inversion-con-sabiduria/

Luz en tinieblas
Valores del Reino

LUZ EN LAS TINIEBLAS

Sofonías 1:1-14 Debemos tomar en cuenta que en el periodo en que se escribió este evangelio la oscuridad constituía una verdadera limitación para la humanidad. Cuando caía el atardecer y se ponía el sol la gran mayoría de las actividades del día cesaban. Los hombres no poseían aún los medios como para prolongar con iluminación artificial las horas hábiles del día, de manera que la noche imponía serios obstáculos para las actividades de la población. La analogía revela cuán profunda es la incapacidad del hombre de discernir los caminos que debe escoger para echar mano de la vida. Aun a los que poseen mejor vista, la noche no les permite ver nada con claridad. Todo permanece entre penumbras, escondido en un mundo de sombras y siluetas. La necesidad de la luz se intensifica, pues, sin ella, el avanzar en el camino resultará extremadamente tortuoso complejo. La luz de Cristo es más intensa que las tinieblas, de modo que la oscuridad no puede sojuzgarla. El Hijo de Dios, declara Juan, es la luz que tanto necesitan los hombres. Su luz, sin embargo, no posee la cualidad transitoria de las luces que podían fabricar los hombres, tal como una antorcha, una vela o una lámpara. Estas permanecían el tiempo que duraba el combustible que las mantenía encendidas. Cuando por fin se consumía, las tinieblas volvían a imponer su mano tenebrosa sobre todos. Juan afirma que, a diferencia de estos precarios utensilios, la luz de Cristo es más intensa que las tinieblas, de modo que la oscuridad no puede sojuzgarla. Esta luz, a diferencia de las otras luces, posee vida propia, que le permite conquistar, en forma definitiva, los lugares donde anteriormente las tinieblas han reinado sin restricciones. Resulta lógico, entonces, afirmar que a mayor cercanía a la persona de Cristo, mayor luz recibiremos sobre la vida a la que hemos sido llamados. El camino para discernir con más nitidez el Reino no se encuentra en el disciplinado y minucioso estudio de las Escrituras, aunque este puede ser uno de los caminos por los que nos acercamos a su persona. La luz que buscamos no la alcanzamos con la mente, sino con el espíritu. La entrada del Mesías a la Tierra es el anticipo a aquel momento en que las tinieblas dejarán de existir por completo, pues llegará el día en que «no habrá más noche» y el pueblo del Cordero «no tendrán necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque el Señor Dios los iluminará, y reinarán por los siglos de los siglos» (Apocalipsis 22.5).  Se tomó del libro Dios en Sandalias, de Christopher Shaw, Desarrollo Cristiano Internacional, ©2008-2010. Todos los derechos reservados.


Usado con permiso de Desarrollo Cristiano Internacional Fuente: http://desarrollocristiano.com/devocional/luz-en-las-tinieblas/

 

Dawson Trotman
Héroes de la Fe

DAWSON TROTMAN (1906–1956) PASIÓN POR HACER DISCÍPULOS

¿Lo sabía usted?

  •  Su padre le dio por nombre Dawson por el impacto que había causado sobre su propia vida ¡un ateo del mismo nombre!
  •  Finalmente, su padre se convirtió a los setenta y ocho años de edad, tras una vida de indiferencia al evangelio. 
  • Durante años Trotman cultivó la disciplina de memorizar un versículo por día.
  • Dawson escribía los versículos que memorizaba en pequeñas tarjetas que llevaba con él a todas partes. Este método eventualmente se convirtió en el Sistema Tópico de Memorización.
  • El ministerio de Los Navegantes nació cuando Trotman constató que muchas de las personas que había evangelizado no crecían en su fe. Entendió, entonces, que urgía darles un seguimiento personal.
  • Los primeros trabajos de Dawson Trotman con marineros permitieron que los principios del discipulado se difundieran en la milicia de manera exponencial, precisamente cuando Estados Unidos entró a la Segunda Guerra Mundial.
  • Trotman amaba profundamente a las personas. Con frecuencia volvía a casa con la billetera vacía, por haber ayudado a los necesitados que se le cruzaban por el camino.
  • Trotman se propuso probar las promesas del Señor, por eso, cada día oraba por su cumplimiento. Luego de unos meses se asombró de la transformación que experimentaba en su vida y ministerio.
  • En la década de los cincuentas, Billy Graham le pidió a Dawson Trotman que lo ayudara a darles un seguimiento a las miles de personas que entregaban su vida a Cristo en las cruzadas. Dawson asignó a hombres claves para que ayudaran Graham a elaborar material y a capacitar a los trabajadores.

 

Un hombre común

El ministerio de Los Navegantes comenzó en la década de los treintas, cuando este joven trabajador de un almacén de maderas de California tuvo una visión. Después de apreciar los beneficios de los principios básicos del discipulado en su propia vida, Dawson Trotman quiso enseñárselos a los demás. El versículo que lo inspiró fue 2 Timoteo 2.2: «Me has oído enseñar verdades, que han sido confirmadas por muchos testigos confiables. Ahora enseña estas verdades a otras personas dignas de confianza que estén capacitadas para transmitirlas a otros» (ntv).

 La conversión

Trotman se destacó mucho en la escuela secundaria. Era el primero de su clase, presidente del cuerpo estudiantil, director del consejo estudiantil y capitán del equipo de baloncesto. Sin embargo, años más tarde, la vida de Trotman se desvió peligrosamente por su afición a los juegos de azar y a la bebida.

 Una noche, una charla con un policía local lo impulsaría hacia su encuentro espiritual con Jesucristo. Trotman se encontraba alcoholizado y no lograba encontrar su auto. Entonces, un policía lo detuvo en un parque de diversiones. Afortunadamente, el oficial vio en él un problema más importante que el alcohol.

 «Hijo, ¿te agrada la vida que llevas?» —le preguntó el oficial—. «Señor, la detesto.» —afirmó Trotman—. El policía le devolvió las llaves de su auto y lo animó a cambiar su estilo de vida.

 Dos días más tarde, Trotman asistió a una reunión de jóvenes en una iglesia local donde se llevaban a cabo concursos de memorización de las Escrituras. Debían recordar diez versículos acerca de la salvación, y Trotman fue el único del grupo que consiguió memorizarlos para la reunión de la semana siguiente.

 Luego de algún tiempo, uno de los versículos acerca de la salvación se iluminó en su mente. Fue entonces que le pidió a Cristo que cambiara su vida. «Oh Dios —manifestó—, lo que sea que signifique recibir a Jesús, eso mismo quiero hacer ahora».

 Comienzos en el ministerio

Trotman dedicó los próximos años de su vida a la evangelización personal intensiva y mantuvo una vida disciplinada de oración. Como ya era su costumbre, dedicó su atención a absorber de manera intensa la Palabra de Dios.

 En 1934, Trotman fue a visitar a un marinero, Les Spencer, para compartirle la Palabra de Dios. Betty Skinner, autora de Daws, biografía de Trotman, describió la escena: «Estaban dentro del auto, al lado de una escuela, y se habían concentrado en la lectura de las Escrituras. Un guardia de seguridad se les acercó y les preguntó qué hacían: “Leemos la Biblia” —le respondió Trotman y aprovechó la oportunidad para testificarle. Dawson lo llevó de un pasaje a otro, le explicó el evangelio y respondió a todo lo que el desventurado guardia le cuestionaba. En el camino de regreso, Spencer le confesó: “Muchacho, entregaría mi brazo derecho con tal de saber utilizar la Palabra de esa misma manera”».

 Spencer le predicó a otra persona acerca de Cristo, que a su vez condujo a la salvación a otros. Nació el ministerio de discipulado de Los Navegantes, y el proceso para ganar y discipular a las personas para Cristo continúa hasta hoy en todo el mundo.

 La memorización y la meditación

La experiencia de conversión de Trotman se basó en la memorización y en la meditación sobre la palabra de Dios. Era un discipulador de hombres, porque él mismo fue discipulado por primera vez por Dios a través de las Escrituras. Su énfasis en la memorización de la Palabra, organizada por temas, sigue siendo en la actualidad parte del plan de estudios de Los Navegantes.

 Trotman creía que la memorización de las Escrituras y la meditación regular eran fundamentales para experimentar una vida cristiana abundante. El salmista «atesoraba» la palabra de Dios en su corazón (Sal 119.11) y meditaba las Escrituras «día y noche» (Sal 1.2). La manera en que él abordó la disciplina de la memorización no fue legalista. Él entendía que el Espíritu de Dios debe crear el deseo y la voluntad para extraer los tesoros de su Palabra. Cuando plasmamos la palabra de Dios en el corazón, nuestra mente se renueva y se prepara para enfrentar tentaciones, retos y adversidades desde la perspectiva de la verdad de Dios. La verdad nos hace libres, y cuanto más atesoremos la Palabra en el corazón, más nos pareceremos a Cristo.

 Una vida dedicada al servicio de Dios

Billy Graham predicó en el funeral de Dawson Trotman en 1956, después de que Trotman muriera mientras rescataba a un nadador en un lago al norte del estado de Nueva York.

 «Creo que Dawson Trotman ha alcanzado más vidas que ninguna otra persona que yo haya conocido» —resaltó Graham. El evangelista resumió la vida de Trotman de esta manera: «Dawson amaba la palabra de Dios. Creo que, más que ninguna otra persona, fue él quien me enseñó a amarla. Siempre llevaba su Biblia con él y siempre la tenía marcada. La palabra de Dios era dulzura para él».

 La influencia de Los Navegantes desde entonces ha crecido mundialmente con cerca de tres mil seiscientos obreros que trabajan en cien país representando sesenta nacionalidades. En el corazón de Trotman y en su ministerio siempre prevaleció la importancia del discipulado de los creyentes en Cristo: formar a las personas en disciplinas espirituales como la oración, adoración, estudio bíblico y servicio.

 Principios dignos de imitación

  • La Palabra posee un asombroso poder para transformar la vida de quien la atesora. Invertir tiempo en el estudio diligente de ella será siempre una disciplina productiva.
  • Ninguna persona conoce cuál es la longitud de su vida. Trotman perdió la suya en el momento más intenso de sus labores para Cristo. Es vital sacarle el máximo rendimiento a cada día de vida que recibimos.
  • Las herramientas más efectivas para el ministerio resultan de las experiencias que han transformado primeramente la vida del líder.
  • La oración diligente es el fundamento sólido que sostiene la posibilidad de que a un siervo se le confíe un ministerio de mayores proporciones de las que había soñado. 

Usado con permiso de Desarrollo Cristiano Internacional
Fuente: http://desarrollocristiano.com/dawson-trotman-1906-1956-pasion-por-hacer-discipulos/

CATHERINE BOOTH
Héroes de la Fe

CATHERINE BOOTH (1829–1890): ESPOSA, MADRE, PREDICADORA

¿Lo sabía usted?

  • Catherine se convirtió en su niñez y, antes de los doce años, había leído por completo la Biblia.
  • Una curvatura en la columna obligó a Catherine a la inactividad física durante su adolescencia. Esta condición la estimuló a leer a un ritmo voraz; así estudió la Biblia, teología e historia.
  • De niña se privaba de comer azúcar para ahorrar dinero a fin de ofrendar para misioneros.
  • Junto a su esposo, el fundador del Ejército de Salvación, fueron enviados a pastorear una pequeña congregación que, en su momento, llegó a alcanzar dos mil miembros.
  • Por su rol en la formación del Ejército de Salvación, muchos se referían a ella como la «mamá del ejército».
  • El padre de Catherine fue alcohólico, lo que generó en ella una dedicación a combatir, a lo largo de su vida, los males que producía esa adicción.
  • A pesar de la gran respuesta que recibía ante sus prédicas, Catherine no se sentía cómoda al hablar en público pues era, por naturaleza, tímida.

 Breve reseña

Catherine nació en una familia metodista. Una madre devota y un padre que ocasionalmente predicaba impactaron sus años formativos. Eventualmente el padre cayó en el alcoholismo y la relación entre madre e hija se tornó vital para su formación. Salvo un breve período en una escuela local, Catherine aprendió a leer y a escribir en su hogar, donde desarrolló admirables disciplinas de estudio.

 Cuando tenía quince años sus padres se mudaron a Londres. Allí entró en contacto con un movimiento de renovación dentro del metodismo, lo que le costó, a los veinte años, su expulsión de la iglesia. Al poco tiempo conoció a William Booth, cuyo corazón vivía apasionado por evangelizar a los más olvidados de la sociedad. Catherine llevaba la misma carga y en su oportunidad contrajeron matrimonio.

 Aún antes del matrimonio Catherine comenzó a compartir con su futuro esposo sus convicciones de que también a las mujeres se les debía dar el privilegio de predicar a los perdidos.

 Durante los primeros tres años de matrimonio William viajaba como evangelista itinerante, sin embargo, el grupo al que pertenecían le pidió que se encargara de una congregación. En los inicios de esta nueva vida, Catherine se limitó al rol tradicional de la esposa de pastor, pero ese rol no sentaba bien con su personalidad. No concebía la idea de que a una mujer no se le permitiera ejercer un ministerio a la par de su marido.

 Fue en esos años que llegó a sus manos el testimonio de una mujer que se había levantado en un avivamiento en los Estados Unidos, Phoebe Palmer. Inspirada por el ejemplo de Palmer, Catherine produjo un folleto en el que defendía el derecho de la mujer a ser considerada coobrera con los hombres. Se quejaba de que la mala interpretación de los textos del apóstol Pablo habían acabado con el aporte de la mujer.

 En 1860, cuando nació su cuarto hijo, decidió llevar a la práctica su propia filosofía. Pidió compartir una palabra, durante una reunión de la iglesia, y dio testimonio de su timidez y, a la vez, de su llamado a predicar las buenas nuevas de Cristo. Su esposo anunció que ella se encargaría de la prédica de esa noche. De este modo comenzó una admirable colaboración en que, a pesar de las limitaciones que implicaba ser madre, acompañaba a su esposo en el ministerio.

 En 1861, los Booth dejaron la congregación para retomar el ministerio como evangelistas. Durante los primeros años viajaban juntos, pero pronto comenzaron a llegar invitaciones para Catherine. Decidieron dividir sus esfuerzos para abarcar más y muchas veces ministraban por separado. Con el tiempo, disfrutó de una popularidad aún mayor que la de su esposo. Se mudaron más cerca de la madre de ella para que los ayudara en el cuidado de sus seis hijos.

 Aunque ambos poseían gran carga por los pobres, Catherine recibía muchas invitaciones de segmentos adinerados. Sus argumentos cuidadosamente desarrollados y sus refinados modales le abrieron puertas todavía cerradas para su marido. Debido a las muchas ofrendas por las prédicas de ella mantuvieron sano la economía del hogar.

 Catherine nunca ocupó un cargo dentro del Ejército de Salvación, pero su influencia en la formación de innumerables obreros fue asombrosa. Siempre supo honrar a su esposo en las decisiones que tomaba. Cuando compartían la mesa, en casa, nadie se sentaba a la cabeza. Más bien escogían sentarse a la par, el uno de la otra. Del mismo modo se presentaban en la plataforma en conferencias.

 Crió a los ocho hijos que tuvo con su esposo. Siete llegaron a ser líderes dentro del Ejército de Salvación. El impacto mayor de Catherine, sin embargo, fue en reclutar a cientos de mujeres para la obra entre los pobres. Muchas eran objeto de ridiculización, pero Catherine invertía tres meses en adiestrarlas para la tarea evangelística y luego las enviaba a trabajar. Aún, hasta el día de hoy, el aporte de las mujeres en el ministerio del Ejército de Salvación es relevante.

 Catherine, con su mente privilegiada, fue clave para el desarrollo de la teología del Ejército de Salvación. Volcó gran parte de sus ideas en escritos que se difundieron ampliamente, con los que impactó, incluso, la vida de las futuras generaciones de oficiales.

 Tanto Catherine como su esposo, William, se abrazaron a los métodos del evangelista norteamericano, Carlos Finney. Este último fue el primero en utilizar un llamado público a la conversión en sus campañas, y los Booth estaban convencidos de que confesar de manera pública a Cristo es un paso esencial en la conversión. De esta convicción nació la práctica de ir, puerta por puerta, llamando a la gente a la conversión, como también la costumbre de predicar en los lugares que más frecuentaban los pecadores. En esto se distinguieron de la tradicional perspectiva que invitaba a los pecadores a asistir a la «iglesia».

 Las labores inagotables de Catherine, como madre de ocho, esposa y amiga de William, predicadora y formadora de obreros al final acabaron con su salud. En 1890 comenzó a sufrir un marcado deterioro generado por un cáncer. El 4 de octubre de ese año falleció. Alrededor de 27 000 personas desfilaron por el lugar de su velatorio antes de que fuera enterrada. Su legado abrió el camino para otras osadas mujeres que, a inicios del siglo xx, se animaron a ocupar el espacio que se les había negado durante muchos siglos.

 Principios dignos de imitación

 Solo el estudio honesto de las Escrituras puede abrirnos las ventanas de la verdad en cuanto a la coparticipación de ambos sexos en el ministerio de la iglesia. Para esto es necesario que no guarde lealtad a ninguna presuposición teológica ni cultural, sino solo al Señor de la Palabra

  1. El matrimonio es la relación óptima para vivir la equidad entre los sexos, en la cual no media el dominio de una persona sobre la otra, sino la sumisión mutua.
  2. Existen muchas maneras de que nuestra vida influencie a otras personas, pero la más eficaz de ellas es vivir con intensidad en la vida cotidiana y en lo más íntimo de la privacidad lo que uno enseña.
  3. Ningún puesto en una organización es necesario para garantizar el legado que debemos dejar en la vida de otros. Solo dos cosas son requeridas: vivir según nuestras convicciones y formar a otros en esas convicciones.

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