Predicación

UN TEÓLOGO AL SERVICIO DEL REINO: AGUSTÍN DE HIPONA

Agustin de Hipona

¿Sabía usted que…

  • las Confesiones de Agustín constituyen la primera autobiografía que jamás se haya escrito?
  • en su hogar, Agustín animaba a la conversación en la mesa, pero tenía terminantemente prohibido que se hablara negativamente de personas ausentes?
  • Agustín escribió más de 1.000 obras, incluyendo 242 libros, y esto ¡cuando no existían máquinas de escribir ni computadoras!
  • durante su juventud, Agustín armaba los discursos para el Emperador Romano?
  • mientras aún vivía, un grupo de cristianos en Francia propuso que se incluyeran sus escritos en las Sagradas Escrituras? Persistieron con esta idea durante más de cien años.
  • Agustín fundó una orden monástica para mujeres, pero no aceptaba hablar con ninguna salvo que otros estuvieran presentes?
  • cuando se formaron las grandes universidades en el siglo XIII, el programa que implementaron era prácticamente el mismo que Agustín había propuesto, ¡ochocientos años antes!

Breve reseña de su vida

Poseedor de una mente brillante, Agustín es considerado, luego del apóstol Pablo, el más grande pensador cristiano en la historia de la Iglesia. Sus obras tuvieron una extensa y prolongada influencia sobre la Iglesia, la cual, en algunos casos, persiste hasta el día de hoy. Nació hace más de 1.600 años, en la pequeña ciudad de Tagaste, al norte de África. Su madre, una apasionada seguidora de Cristo, impactó profundamente su vida.

Por medio de un gran sacrificio, por la pobreza de la familia, Agustín pudo tener acceso a una experiencia educativa que despertó su intenso interés en los temas centrales de la vida. Durante su adolescencia tomó una concubina (una práctica muy común en la época), con la cual llegó a tener un hijo antes de haber cumplido los 18 años. Agustín deseaba una respuesta para sus preguntas acerca de la existencia del hombre, pues las propuestas espirituales de su madre no le satisfacían. Esto lo llevó a un romance con las diferentes corrientes filosóficas de la época, mientras se desarrollaba como maestro de oratoria.

Sus ambiciones y talentos le abrieron las puertas para viajar, primero a Cartago, y luego a Roma, donde rápidamente se hizo notar entre las personas de la alta sociedad. Ahí se ganó el respeto de los más poderosos funcionarios del imperio y, al poco tiempo, fue propuesto como asesor para el emperador mismo, quien residía en Milán. Fue en esta ciudad donde conoció al más reconocido obispo de la época: Ambrosio, un hombre de carácter fuerte, reconocido por sus habilidades como predicador y que pronto impactó la vida del joven.

Este hombre sentía un profundo rechazo por su inmoralidad sexual y falta de dominio propio. Un día, estando solo en un jardín, escuchó una voz que le decía: «toma, lee». Abrió la Biblia y se encontró frente al pasaje de Romanos que dice «no en glotonerías y borracheras, no en lujurias y lascivias, no en contiendas y envidia, sino vestíos del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne» (13.13 y 14). Fue la Palabra que estaba buscando, y entregó su vida a Cristo. Al poco tiempo él y su hijo fueron bautizados por el propio Ambrosio.

Retornó a África, donde se rodeó de una comunidad monástica, mientras se dedicaba al estudio y la enseñanza de la Palabra. No habían pasado tres años cuando, por demanda popular, fue ordenado como presbítero mientras visitaba el puerto de Hipona. Cuatro años más tarde, ante la insistencia del obispo de la ciudad, fue nombrado también obispo. Un año más tarde quedó solo con esta responsabilidad, pues su colega falleció. Ocupó este cargo hasta su muerte, a los 76 años de edad.

Agustín se rodeó de un grupo de pastores a quienes formó, muchos de los cuales llegaron a ser de gran influencia en la Iglesia. Dedicó también mucho esfuerzo a la enseñanza y la definición de la doctrina de la iglesia y llegó a ser reconocido como el más notable maestro de la época. Gracias a su presencia en Hipona, la ciudad se convirtió en el centro de pensamiento cristiano del imperio romano.

Pocos años después de haber llegado a Hipona, Agustín publicó su libro Confesiones, en el cual relata la historia de su búsqueda espiritual y su posterior conversión. Más que un relato, sin embargo, constituye un brillante análisis de los problemas que enfrentan al hombre caído.

El saqueo del Imperio Romano, a manos de los bárbaros, produjo acusaciones de que el cristianismo era culpable del desastre ocurrido, pues se creía que era una muestra de la ira de los dioses romanos. La respuesta de Agustín, publicada en veinte tomos, es su obra más famosa, La ciudad de Dios. En ella se encuentra una extraordinaria exposición de la historia del ser humano y de los temas principales que afectan su vida espiritual. Se le considera una de las más grandes obras literarias de todos lo tiempos.

Principios dignos de imitación

  • Un buen líder nunca debe dejar de lado la responsabilidad de formar otros líderes.
  • A pesar de ser uno de los más profundos pensadores en la historia de la Iglesia, Agustín poseía la capacidad de enseñar con sencillez y claridad los principios eternos de Dios.
  • Un agudo intelecto puesto bajo el señorío de Cristo puede ser de enorme bendición para el pueblo de Dios.
  • Agustín poseía la inamovible convicción de que la Iglesia debe ejercer una influencia sobre la sociedad en la cual se encuentra.
  • La Palabra de Dios debe ser aplicada a los problemas más candentes que enfrentan la sociedad en que vivimos.
  • Un buen maestro es esforzado en el estudio cuidadoso de la Palabra.
  • Agustín frecuentemente admitía en sus escritos que existían temas sobre los cuales no tenía ninguna comprensión. De esta manera, demostró una gran humildad, a pesar de su privilegiada mente.

 

© Apuntes Pastorales, Volumen XXI, Número 2

 

Usado con permiso de Desarrollo Cristiano Internacional
Fuente: http://desarrollocristiano.com/un-teologo-al-servicio-del-reino-agustin-de-hipona/

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