Edificación de la Iglesia

¿SOMOS LIBRES, SEÁMOSLO SIEMPRE?

Por: Francisco Vergara

En el Perú se celebra la independencia el 28 de julio. Este significativo momento ocurrió hace 200 años. Para conmemorar la independencia se realizó un concurso público para establecer el Himno Nacional del Perú (llamado originalmente Marcha Nacional del Perú), el mismo que fue estrenado el 23 de setiembre de 1821. La letra es de José de la Torre Ugarte y la música fue compuesta por José Bernardo Alcedo. La primera intérprete fue Rosa Merino en la fecha indicada. Durante algunos años, desde 1840, se introdujo una estrofa apócrifa y anónima, que se entonaba como primera, aludiendo al sufrimiento silencioso de los peruanos. Al descubrirse su carácter apócrifo se discutió y, después de muchas idas y venidas en 2005, el Tribunal Constitucional establece que la estrofa espuria, aunque tal, debe continuar considerándose como símbolo patrio. Recién a partir del año 2009 se decidió que en las ceremonias oficiales debe entonarse el coro y la última estrofa, que a continuación mencionamos:

Coro: Somos libres, seámoslo siempre, / seámoslo siempre / y antes niegue sus luces, / sus luces, sus luces el Sol / que faltemos al voto solemne / que la Patria al Eterno elevó / que faltemos al voto solemne / que la Patria al Eterno elevó / que faltemos al voto solemne / que la Patria al Eterno elevó.

Estrofa VI: En su cima los andes sostengan / la bandera o pendón bicolor / que a los siglos anuncie el esfuerzo / que ser libres, que ser libres, / que ser libres por siempre nos dio / a su sombra vivamos tranquilos / y al nacer por sus cumbres el sol / renovemos el gran juramento / que rendimos, que rendimos, / que rendimos al Dios de Jacob, / que rendimos al Dios de Jacob, / al Dios de Jacob.

Como se aprecia, tanto el coro como la sexta estrofa, hacen una referencia al Dios Eterno, al Dios de Jacob. Eso, sin duda, alude a la experiencia cultural de un país dominado por la religiosidad, algo que nos acompaña hasta nuestros días. Pero, podemos cantar sin ruborizarnos: Somos libres, seámoslo siempre. Nuestra pregunta no es política, como podría suponerse dado el contexto de cambio de gobierno en el que estamos inmersos, con las controversias propias de una situación como ella.

¿Somos libres, seámoslo siempre? Aunque la letra del himno nacional del Perú es entonada con mucho fervor y sentimiento patriótico en las ceremonias oficiales, y aunque al terminar de entonarse se grite con mucha fuerza también: ¡Viva el Perú!, como cristianos nos podemos preguntar con total legitimidad: ¿Somos libres?, ¿de qué somos libres? El himno alude solamente a una realidad política: la independencia de España; pero hay otra dependencia o esclavitud mucho más sutil, pero igualmente real y nociva para la vida social, en comunidad, la esclavitud del pecado.

La única salida para esa dependencia es venir a Cristo: Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres (Jn. 8:36). El contexto de esa afirmación es un diálogo entre el Señor Jesús y los judíos que le seguían. Al parecer querían desconocer su historia: Linaje de Abraham somos, y jamás hemos sido esclavos de nadie (Jn. 8:33). Ellos habían estado bajo el yugo egipcio más de 400 años, luego de manera intermitente y sucesiva fueron dominados por una serie de potencias mundiales que emergieron, y en ese mismo instante estaban bajo el yugo del poder romano. ¿Cómo podían decir que no habían sido esclavos de nadie?

No obstante, la intervención del Señor apuntaba en otra dirección: Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jn. 8:32). No se trataba de consideraciones políticas, que pueden ser superadas mediante procesos sociales. Se trata de una esclavitud o dependencia espiritual, que es muy grave, porque la mayoría de las veces no se acepta fácilmente (Jn. 8:34). Esta realidad espiritual solo puede ser superada por procesos espirituales. Vivimos una ficción, una ilusión, de ser libres cuando en realidad vivimos en esclavitud de nuestros deseos pecaminosos o de los pecados consuetudinarios. Salir de esa condición y llegar a ser hijos de Dios requiere una intervención del Espíritu de Dios, que nos convenza de pecado, de justicia y de juicio; y nos haga venir a Cristo en arrepentimiento y fe.

La verdad, según la Biblia, no la encontramos en una proposición racional, lógica, inteligente, coherente; se puede (y debe) expresar en esos términos, pero está referida a una persona concreta: Jesucristo. Fue Él quien dijo: Yo soy la verdad (Jn. 14:6). No es solamente que transmite o comunica la verdad, Él mismo personifica la verdad. Si queremos ser verdaderamente libres debemos venir a Cristo.

Pablo dice en Ro. 6:16-18:

16 ¿No sabéis que si os sometéis a alguien como esclavos para obedecerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para muerte, o sea de la obediencia para justicia? 17 Pero gracias a Dios, que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazón a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; 18 y libertados del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia.

De modo que ahora en Cristo somos siervos de la justicia que es en Él, por la libertad de la esclavitud del pecado. Luego de experimentar esa libertad en Cristo podremos cantar con verdadera convicción: Somos libres, seámoslo siempre. Dios bendiga a nuestra patria y que los cristianos seamos de bendición para nuestros coterráneos y todos aquellos que se albergan en esta tierra.

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